Graciela Borges: “A mí me gusta hace muchos años alguien, pero es un amor imposible”Espectáculos 

Graciela Borges: “A mí me gusta hace muchos años alguien, pero es un amor imposible”

MÁLAGA, España.- Hacía tiempo que no viajaba, sólo pensar en aeropuertos la hacía declinar invitaciones. “Los aeropuertos son una pesadilla, son insoportables”. No le importaba si era para aceptar premios o visitar amigos, no estaba preparada para alejarse de su casa. Pero esta vez tomó valor y aceptó el desafío que le hizo su hijo: atravesar sus miedos y su cansancio y viajar rumbo a España, más precisamente a Málaga, donde participó del festival de cine de esa ciudad, y a Madrid. Durante sus días de festival la recibieron como la diva que es, la mimaron y, además, le entregaron una distinción:
la Biznaga de oro en reconocimiento a su carrera.


Graciela Borges

es una diva, aunque ella no se muestre así en la vida real. Trabajó con los actores y directores más importantes de los últimos 60 años del cine nacional. La palabra diva no le gusta mucho, pero sabe jugar a serlo si la ocasión lo amerita. Es amable y sincera y está en un etapa de la vida en la que mira para atrás y puede reflexionar sobre lo vivido tratando de evitar los autoengaños. Por eso puede decirle a LA NACION que no sabe si fue feliz durante su carrera aunque también piense que quizás sea egoísta decir eso.

“Yo cada vez estoy más tranquila en cuanto a la exposición. Ahora yo voy a los sitios donde me dejan estar en mi centro. Y hay una cosa buena a esta altura de mi vida que es que no quiero quedar bien con nadie. Me alegra haber venido, me encontré con compañeros, con Cecilia [Roth], con Oscar [Martínez], con Imanol [Arias] y su mujer. En estos festivales hay una cosa de encuentro y de alegría y eso te saca de vos. Uno siempre dice que el corazón es cursi, sin embargo, es el único lugar donde somos nosotros mismos”, asegura.

Tiene un sinfín de anécdotas con figuras de renombre y sabe contarlas para entretener a quien se le ponga en frente. Aunque su salud le trae algunos dolores de cabeza, no deja de sonreír y de mirar para adelante. En su futuro próximo está el estreno, el 16 de mayo, de la última película de Juan José Campanella,
El cuento de las comadrejas, una remake del film de José Martínez Suárez,
Los muchachos de antes no usaban arsénico. “Para lograr sobrevivir hay que recordar absolutamente todo, lo bueno y lo malo”, dice el personaje de Narciso Ibañez Menta en esa clásica producción del cine nacional y en eso está Borges en esta etapa de su vida.

-¿Qué te decidió aceptar este viaje?

– Mi hijo, Juan Cruz, me dijo “tenés que hacerlo si no, no vas a hacerlo nunca”. Es que me cansé mucho en mis dos últimos fims, uno tras otro, y además con las giras que hago para Acercarte (un ciclo de actividades gratuitas organizado por el ministerio de cultura bonaerense), que son divinas, pero cansan. Pero me animé, viajé, perdí vuelos, pero todo es para que sepa que puedo, es un desafío.

Trailer del film “La quietud” – Fuente: Youtube

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-Además venías de filmar con Pablo Trapero y Juan José Campanella, ¿cómo fueron esas experiencias?

-Me encantó trabajar con
Trapero en La quietud, no lo conocía y fue muy bueno. Y ahora espero con ansiedad el estreno de la película de una persona tan querida como Campanella.

-Sin embargo, hace poco dijiste que te gustaría dejar de filmar.

-No sé si dejar de filmar, ahora se filma de otra manera. Antes cuidábamos el material porque era muy caro, pero ahora es digital y hacés la toma 31… y cansa. Igual no me quejo de lo que hice, sólo que el camino que se usa ahora para filmar es lo que me cansa, la repetición me cansa. Además, lo que pasa es que fue empezar una película, terminarla y seguir con el espectáculo (hace referencia a
Entre nosotros, su show de poemas y anécdotas) y empezar otra película. Y en el medio hubo un pinzamiento de fémur con líquido metido y la pasé muy mal. Tuve médicos divinos, pero no es operable y yo preguntaba qué se puede hacer y me decían “sucede”. Es como si te saliera una cana.

-Filmar con Trapero y Campanella eran dos deseos que tenías y ya los cumpliste, ¿ahora qué director o qué proyecto te motivaría para aceptar otra agotadora aventura de filmar?

-¿Con quién sería? Con [Leonardo] Favio revivido. [Risas] Pero no me quejo de lo que tuve, pude hacer geniales cosas. Estoy contentísima con
El cuento de las comadrejas. Fue una película muy difícil de hacer, de verano en invierno, o sea con camisita finita con dos grados bajo cero, en exteriores. Fue duro, pero el tratamiento que tuvo Campanella con todos los actores fue divino, nos hemos hecho muy amigos.

-¿Creés que faltan proyectos pensados para personajes femeninos?

-Yo no puedo quejarme mucho, vamos a decir la verdad, he tenido personajes divinos y además todos distintos: Susana, en
Dos hermanos no tiene nada que ver con Elena de
Viudas, que no tiene nada que ver con Perla de
Las manos, que no tiene nada que ver con
Pobre Mariposa o con
Piel de verano. He sido una bendecida en ese aspecto.

-¿Qué personaje te marcó más y cuál fue el que te dejó el recuerdo más entrañable?

-Son distintas cosas. El personaje más parecido a mí fue el de
Heroína, una película maravillosa que hizo Raúl de la Torre. Era un golpe al corazón porque era muy, muy parecido a mí. Salir de eso me costó mucho, era un momento de mucha inseguridad, muchas preguntas sobre mí misma, de una sensibilidad especial y de cierta locura. Y el personaje que más me gustó, que más me enterneció y que más críticas elevadas tuvo en el mundo fue
Pobre mariposa. Uno recibe las críticas y agradece aunque a veces no crea que las merezca o que sea para tanto…

El cuento de las comadrejas, de Juan José Campanella, lanza su trailer oficial

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-¿Te gusta verte en pantalla?

-No, no me veo casi nunca, pero no es que me guste o no me guste, naturalmente cambio, pero una vez me pareció muy mal el personaje que hice en
La revolución de Raúl de la Torre y dije “pésimo”. Y una noche la vi y me di cuenta qué bueno había sido porque era lo que tenía que ser en ese momento y me reconcilié. Y otras películas, que no voy a nombrar, de las que me dijeron “¡qué gran trabajo!” y las vi y no les encontré verdad. Porque hay dos clases de actuación: sentirlo o actuarlo, yo dejo que cada uno haga lo que quiera, pero yo necesito sentirlo.

-En ese sentido decías que actuar era un poco enamorarse de los actores con los que trabajabas…

-Con los actores, con los directores. Si el director no te ama de alguna manera especial, a todos los actores y a tu personaje en especial, si no te mira con amor, no funciona, es mentira, vos no podés trabajar. Yo escuché a una actriz que decía: “Yo puedo trabajar con alguien que detesto”. Yo no puedo, va más allá de mis creencias, no puedo, no lo soporto.

-Ahora hay muchas producciones que hacen foco en la vida personal de grandes figuras, ¿aceptarías que hicieran una serie de tu vida?

-No, no me gustaría. Me pidieron varias veces escribir un libro, pero no me gustaría que alguien lo escriba por mí porque yo hablo de determinada manera y mis pensamientos salen de ahí, de la forma que hablo, de la forma que lo cuento. Me gustaría, como tengo tantas fotos divinas, poner algunas fotos si pensara en un libro y poner anécdotas de eso. Por ejemplo Jean Cocteau tomaba el desayuno conmigo en Cannes, cuando yo era chiquita, ese tipo de cosas.

-Claro y tenés anécdotas con grandes figuras internacionales… ¡hasta con Paul McCartney!

-¿Otra vez con Paul? Paul fue un amigo del 66 cuando éramos muy chicos todos, en un Londres maravilloso. Si yo no supiera que es Paul McCartney y lo volviera a cruzar en la calle capaz no lo reconocería ni él a mí, pero fue muy divertido salir con él. Era un grupo de jóvenes muy divertido, en un Londres muy divertido, pero como es él, exponerlo cada vez que me lo preguntan… No hay que explicar las intimidades, fue lindo.

-Dejando el tema político desde lo partidario, te involucrás con lo que pasa y ayudás en lo que podés, aunque no te guste mucho contarlo…

-Mucho, mucho, eso es servicio. Esto de respuesta sobre partidos políticos no, lo que yo sé que debo hacer es ver quién sufre, a quién le hace falta algo y ahí estoy, pero no porque sea maravillosa, yo creo que muchos lo hacemos, lo que me parece un poco duro es la exposición de contarlo, “el yo dono”… Me encantaría dar clases o conversaciones de libros y poemas a los niños de la Villa 31, pero me dijeron que me iban a llevar y después me dijeron no, que no podía entrar sola, que era mucho lío. Pero voy haciendo otras cosas porque yo creo en el servicio. Forma parte de un egoísmo tan maravilloso, uno se siente tan recompensado. Ayudar es lo que más me gusta de la vida.

La charla se interrumpe cuando Imanol Arias entra en el restaurante del hotel Marriot, donde está alojada la actriz, y apenas la ve va a su encuentro para fundirse en un cálido abrazo, intercambiar unas palabras y bromear. “Esto es un hombre, el más lindo”, dice Borges.


“Si el director no te ama de alguna manera, a todos los actores y a tu personaje en especial no funciona” Crédito: gentileza Soledad Lareo

¿Belleza vs. talento?

-Has dicho que al principio de tu carrera te había dolido que los críticos destacaran tu belleza por sobre tu talento o, mejor dicho, tu trabajo.

-Es verdad. No me quejaba, sabía que siempre venía por añadidura, por eso me gustó tanto hacer la señorita Plasini en
El dependiente, que es una película que amo, de Favio, o
La ciénaga, de Lucrecia Martel, que nos peleábamos con Mercedes [Morán] por ver quién salía más fea porque era lo que queríamos. Y en estas dos (por
La quietud y
El cuento…),
que hice personajes más subidos, no por la edad que tengo sino por la que aparento, buscábamos cosas que marquen la piel y me pareció interesante eso. Veo mucha libertad en eso.

-Ya no esperás más la aprobación o no te duele tanto, digamos…

-Ahora uno va más ligero, espera menos la aprobación, no intenta ganarse al otro, si no que lo mira y le gusta o lo transita, porque hasta el que no te gusta finalmente uno aprende a saber por qué. A mí me gusta mucho la gente, soy bastante amorosa, me preocupo, es natural, pero no es de buena, ocurre en mí. Pero tengo mis zonas miserables como todo el mundo, soy ansiosa…

-Sos bastante crítica de vos misma. Apenas decís algo bueno de vos remarcás algo como para bajarle el tono y en varias entrevistas dijiste que sos celosa, intensa, que no saldrías con vos misma…

-Soy celosa insoportable. Sí, es una visión muy verdadera de mí. [Risas] El amor es un tormento.

-Pero por otro lado te relacionás muy amorosamente con las personas…

-Claro, en general, hay que hacer una maestría para enojarme. Yo creo que empezó de chica, cuando yo veía que alguien hacía oposición sobre mí y yo era tan necesitada de afecto que trataba de conquistarlo, después se hizo natural en mí.

-Hiciste más de 50 films, te costó equilibrar tu vida laboral con tu maternidad…

-Para mí siempre fue lo mismo, me quedo sorprendida cuando me lo preguntan. No hay distintas formas.

-¿Cómo fuiste como mamá? ¿Sobreprotectora o relajada?

-Creo que fui todo, estuve separada de mi marido y el chiquito vivía conmigo, que ya no es chiquito. Juan Manuel [Bordeu] siempre estuvo presente, era un hombre extraordinario, pero los hombres de esa generación no estaban muy pegados a los hijos. Corría carreras, era hacendado, estaba mucho en el campo. A los chicos se los oía, se les daba presencia, pero no esta cosa extraordinaria de este momento, por ejemplo, de mi hijo con Jesús, mi nieta. Pero Juan fue un chico glorioso, nunca pidió nada, pero yo creo que en un momento sufrió con la atención que se le daba. La crueldad que hay en la niñez, en la adolescencia, yo sé que por ejemplo con el film
El infierno tan temido que tenía desnudos, que había que hacerlos, él sufrió mucho, no me lo dijo, pero yo sé que no es fácil tener una madre actriz. Pero a esta altura de la vida tenemos una relación maravillosa.

Marcas de la vida


Borges junto a Campanella durante el rodaje de El cuento de las comadrejas Crédito: gentileza BF Distribution Argentina

-De tu infancia siempre decís que fue muy dura…

-Sí, ya no lo digo más porque mis hermanos se enojan. Bueno, yo no tengo ‘mis hermanos’, tengo un hermano…

-Pero determinadas vivencias marcan la vida…

-Sí, fue bárbaro el trabajo que hice, me pasó de todo. A los cinco años me caí de un árbol, no me dolió mucho, pero empecé hacer pis con sangre y me daba vergüenza decirlo y cada vez estaba más flaquita hasta que lo dije y se dieron cuenta que tenía nefritis. Estuve un año en cama, de los cinco a los seis años y cuando me levanté no sabía a caminar. Después, a los 16 años, cuando filmaba
Zafra, tuve tuberculosis. Era difícil, levantarse a las 4 de la mañana para que me pongan la inyección para que me baje la fiebre… Pero ahí estaba Atahualpa [Yupanqui] con los abrazos y Alfredo [Alcón]. Yo siempre estuve en equipos que me cuidaron mucho. Tuve una peinadora, María Isabel Nanotti, y un maquillador, Jorge Bruno, que cuando se murieron el mismo año, yo hice un impasse enorme en mi carrera. No quise trabajar más en cine, después me encontré con Lucrecia y comencé
La ciénaga. Pero no están ellos y el cielo no existe, era tan grande ese amor, era como el de mi mamá revivido. Eran seres maravillosos. Uno ha tenido mucha suerte, hay gente que le cuesta mucho querer y ser querido y yo he estado llena de eso. Además, curiosamente, nunca me importó mucho mi carrera.

-Y mirá la carrera que hiciste, si te llegara a importar…

-Sí, no me importó, prolijamente hacía mis películas, una tras otra e intentaba hacerlo lo mejor posible. Si me preguntás si he sido feliz, no sabría qué contestarte. Fui muy feliz en algunas de las últimas, por ejemplo, en
Viudas la pasé genial y disfruté de la gente que me acompañaba.

-Me llama la atención que digas que no fuiste feliz en tu carrera…

-No quiero ser mentirosa, a lo mejor es feo lo que digo, es miserable. ¿Sabés eso de dónde te viene? Te viene mucho de la infancia y de algo que me he prohibido decir, pero es la culpa de haber sido actriz.

-Sí, has contado las diferencias que tuviste con tu papá…

-Sí, pero ya nos amigamos con el viejo. Ese hombre tan lindo y buen mozo.

-¿Y tu mamá? ¿Cómo fue la relación con tu mamá?

-Mi mamá hubiera sido muy feliz filmando, era la verdadera estrella de la familia. Era una diosa, siempre impecable. En esta vida la única cosa que verdaderamente extraño es la mirada de mi mamá. Lo que me alienta en el pensamiento de la muerte es ver la mirada de mi mamá, esos ojos verdes cómo me miraban, ese amor incondicional. Si me dijeras que mañana me muero, solo me daría un poco de pena por algunas cosas que tengo que terminar de hacer, pero no es grave.

-Ella era muy estricta con vos ¿no? Te seguía de cerca los pasos por haber empezado tan chiquita…

-Todo el tiempo y a veces me enojaba eso, pero ella me sostenía el alma. Sí, era chiquita, 14 años, nadie tiene que empezar a esa edad porque hacen cosas que no sienten. Ninguna actriz es buena a los 14 años aunque tenga condiciones.

-Aunque se convirtió en tu sello personal, ¿sufriste mucho tu voz de chica?

-Nunca se sabrá qué daño, lo que yo sufrí en el colegio. Flaquita y con esta voz oscura. Eso y no tener secretos. Todos tenían secretos y a mí no se me ocurría un secreto. Sufría tanto en un colegio de monjas con padres separados, no tenía un secreto y esta voz, casi me costó la vida, por eso adoré tanto la clase de declamación. Igual pensé que me iba a suicidar, pero suicidar, suicidar, eh. Pero al final me banqué las clases y me di cuenta que me comunicaba mejor con las palabras de otro.
A partir de ahí me elegían como protagonista para las obras del colegio y estaba chocha. Ahí me gustó.

Los amores de una diva

-Vos decís que los hombres en tu vida te trataron muy bien, salvo uno…

-Sí, me rompió el corazón porque no me quiso más.

-Pero después quiso volver…

-Sí, es verdad, quiso, y por suerte me amigué antes de que se muriera porque no me hubiera dejado bien eso. Igual de todas maneras aquello de Lito Cruz es verdad, el amor es un tormento.

-¿Pero no se puede encontrar un compañero?

-No, no, sí, se puede, pero eso es lo malo, por lo que luchan las chicas ahora; tiene que dejar de ser un tormento. Pero es así, el tormento es porque en esta generación mía y hasta hace muy poco era: “No me llama, me llama…” La dependencia. Uno debería estar libre de corazón y de cabeza.

-¿Vos eras así? ¿No eras de llamar?

-No, no, no, no era de llamar, con el único que fui de llamar y de estar atrás fue el que me rompió el corazón. [Risas].

-¿Qué te conquista de un hombre?

Lo que más me gusta siempre es la actitud. Aparece un hombre que no es tan buen mozo o al revés es lo mismo, aparece un tipo hermoso, espléndido y te habla y es desganado y no tiene charme, no tiene gracia, pero en cambio aparece uno, que lo que dice te queda y se te mete en la cabeza y en el corazón
. Eso es el accionar de una persona, lo fantástico.

-¿Te gustaría ahora encontrar alguien así?

-A mí me gusta alguien hace muchos
años con el que no tengo nada que ver, pero es el que más me sigue gustando. No voy a decir jamás su nombre, pero me conmueve cuando lo veo. Es la primera vez que lo digo. Es alguien que me doy cuenta que me gusta cada vez que lo veo porque siento como un ahogo, eso que te da cuando sos chiquita.

-¿Es una hombre conocido? ¿Del mundo del espectáculo? ¿Del arte?

-Sí, es una persona conocida del mundo del arte.

-¿Pero por qué no decírselo ahora?

-Porque es un amor imposible y los amores imposibles no son buenos. Hay algo que hace un daño o vos lo hacés, y no quiero amores imposibles, quiero amores libres, luminosos, de peleas y reconciliaciones.

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