“Brasil tiene una bomba fiscal que va a estallar si no se aprueba la reforma previsional”Economía 

“Brasil tiene una bomba fiscal que va a estallar si no se aprueba la reforma previsional”

A todas luces alemán, Jens Arnold parece un argentino más a la hora de discutir la realidad económica local. Maneja un español perfecto con un claro acento porteño y no solamente está al tanto de cada detalle de lo que sucede en nuestro país, sino que es un conocedor de las particulares prácticas de nuestro mercado, una de las grandes falencias de la mayoría de los técnicos de organismos internacionales que suelen aconsejar desde la perspectiva de sus países de origen.

Tras la presentación del nuevo informe de perspectivas económicas para la región, el Jefe de la OCDE para Argentina y Brasil dialogó con LPO sobre los principales riesgos que afrontan los dos países más vulnerables de América Latina, justamente los que están a su cargo.

¿Por qué bajaron las perspectivas de crecimiento para la Argentina en 2020?

Estas perspectivas económicas están con un ojo menos positivo de lo que vimos hace seis meses. Vemos una desaceleración de alguna de las fuerzas que han llevado adelante a la economía global, entre las que se destaca el comercio. Uno de los factores de esta visión menos optimista son justamente las tensiones que estamos viendo en el comercio internacional. En este marco, Argentina es uno de los más afectados. Claramente está en un momento de demanda doméstica bastante modesta y lo que va a ayudar a salir de la recesión iba a ser el crecimiento de las exportaciones. Pero como afuera están comprando menos, eso va a terminar pegando ya sea en términos de cantidades o de precios.

Se suponía que la economía iba a comenzar a crecer en el segundo trimestre, pero las últimas tensiones cambiarias prolongaron la recesión. ¿Cuándo cree que finalmente se llegará a un piso que dé paso a un rebote?

Nosotros tenemos una previsión de retorno a tasas de crecimiento positivos en el segundo o tercer trimestre de este año. Todavía no conocemos el resultado oficial del PBI del primer trimestre. Por lo tanto, hasta ahora nos estamos guiando por indicadores que son un poco parciales.

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En su exposición mencionó el riesgo político como otro factor de fragilidad económica. ¿Le parece que el mercado interpretó positivamente esta fórmula presidencial más moderada de la oposición encabezada por Alberto Fernández?

Eso está fuera de nuestro ámbito, el proceso político es una cuestión que deben decidir los argentinos. Nosotros solamente estamos constatando que a los agentes privados una de las cosas que menos les gusta para tomar decisiones de inversión es la incertidumbre. Quieren saber el marco en el cual nos vamos a estar moviendo el año que viene y obviamente que ante opciones políticas tan diferentes hay cierta incertidumbre.

Han felicitado al Gobierno actual por el camino tomado, pero al mismo tiempo destacaron el fuerte déficit fiscal y de cuenta corriente. ¿Qué tan preocupantes son estos indicadores?

Es cierto que hasta el 2018 el déficit primario logró mejoras importantes que eran revertidas por aumentos en pagos de deuda a medida que se incrementaba el endeudamiento. Recién en los últimos meses vemos una mejora en el déficit financiero y otros compromisos que van en esa dirección. Con un balance primario equilibrado y según los últimos datos, podemos constatar que se está yendo por buen camino.

¿Es sustentable ese endeudamiento que menciona? Hoy está en el eje del debate la posibilidad de una renegociación de la deuda.

Nosotros hicimos un extenso análisis sobre la sostenibilidad de la deuda argentina y nuestro escenario de base indica que el ratio de deuda sobre el PBI empezará a tener una trayectoria a la baja. Eso indica que el escenario es sostenible. Por lo tanto, no vemos necesidad para una renegociación o reestructuración de la deuda. Ahora, también hay otro escenario de menor probabilidad donde esto ya no se ve. Si el gobierno en el futuro decide no honrar los compromisos de ajuste fiscal, ya ahí la cosa será muy distinta. Hay riesgos, pero el caso más probable es que sea sostenible. Hasta fines del 2020 Argentina está bastante tranquila porque tiene el respaldo de los organismos multilaterales.

Otra de las grandes preocupaciones de los argentinos pasa por la alta inflación. ¿Cree que la política monetaria que está aplicando el Banco Central es la correcta para solucionar esta problemática?

No hay que pensar que se puede bajar de un nivel tan alto de inflación a niveles moderados en poco tiempo. Los eventos del 2018 evidentemente tuvieron un reflejo muy fuerte y eso no ayudó para nada, pero tampoco eran previsibles. Argentina tenía grandes vulnerabilidades, pero hubo un elemento que cayó del cielo como fue la sequía y las turbulencias internacionales. Esto hizo que el proceso de desinflación se revirtiera, aunque tarde o temprano esta política monetaria estricta va a ayudar a contener la inflación. Espero que en los próximos meses podamos ver una trayectoria a la baja.

¿Esto no puede venir de la mano de una apreciación cambiaria que profundice el déficit de cuenta corriente?

Hay cuestiones que tienen que balancearse y encontrar el buen equilibrio. En una economía tan dolarizada como la argentina, es claro que el tipo de cambio y sus expectativas tienen una influencia muy fuerte sobre la inflación. Entonces, una menor volatilidad cambiaria ayuda a reducir las expectativas de inflación. Hay que encontrar el sendero entre esos dos objetivos y creo que el Banco Central es consciente de ello.

¿Le parece que la ley de reforma de la carta orgánica del Banco Central es importante para bajar la inflación?

Es clave. La manera en que la política monetaria funciona hoy en día en el mundo pasa por que el gobierno delegue a un ente independiente la tarea de alcanzar un objetivo definido por el Ejecutivo. Ahora, para alcanzar ese objetivo es mejor aislar esa toma de decisiones del proceso político. Porque puede haber conflictos entre diferentes objetivos. A veces para un Ejecutivo en ciertos momentos del ciclo político podría resultar más conveniente tener una política monetaria expansiva, que a largo plazo no ayuda a reducir la inflación. Eso es fundamental, es una cosa que fue muy importante en otros países. Por lo tanto estoy seguro que si ese proyecto de ley fuese aprobado, le costaría mucho menos al Central reducir la inflación.

¿Hoy no funciona de manera independiente el Banco Central?

En términos formales está claro que no es independiente. Porque el presidente del banco puede ser sustituido sin mayores trabas por el Ejecutivo. Hoy la independencia formal no existe, aunque haya actuado de manera relativamente independiente los últimos meses. La idea es darle esa independencia formal para que los mercados anticipen que el Ejecutivo no va a inferir en cuestiones de política monetaria. Es mostrar el compromiso con ese objetivo y darle al Central todas las herramientas necesarias para bajar la inflación.

En relación a las reformas de largo plazo, ustedes hacen mucho hincapié en el mercado de trabajo. ¿No es peligroso plantear esta reforma en un contexto recesivo que puede disparar el desempleo?

En términos de reforma laboral, es cierto que Argentina tiene una agenda en la cual se puede avanzar y en la cual hay diferencial para mejorar la productividad. Creo que la protección debe aumentarse en los trabajadores, pero reducirse en los puestos de trabajo. Es decir, lo que a vos te importa no es frenar el despido de por sí. Es importante que una empresa tenga la posibilidad de ajustarse en situaciones cambiantes del mercado y que el empleo pueda migrar de los sectores menos dinámicos a los de mayor potencial. Entonces poner frenos al despido no es la mejor manera de proteger a los individuos. Lo importante es cuidar los ingresos de esa persona en caso del despido y darle la formación necesaria para que encuentre un nuevo trabajo rápidamente en otra empresa.

Otro de los países en el que usted se especializa es Brasil, con el cual Argentina tiene una dependencia muy grande. ¿Porque se han reducido tanto las expectativas de crecimiento?

La principal vulnerabilidad de Brasil es su déficit fiscal, que no sólo es muy alto, sino que está aumentando y cuando uno hace los cálculos queda claro que este proceso va a seguir. Por lo tanto, es una bomba que tarde o temprano tiene que estallar si no se introducen cambios. El Ejecutivo lo ha entendido y está tratando de mejorarlo a través de una reforma previsional que es el elemento más importante para asegurar que las cuentas fiscales sean sustentables y que no estalle esa bomba. Pero una cosa es una propuesta que se envía al Congreso y la segunda es que se termine implementando. Ahí es donde los agentes económicos están con dudas de si lo van a lograr o en el caso de lograrlo cuánta agua le van a tener que echar al borrador de la propuesta. Eso genera incertidumbre y el ruido nunca es bueno para el crecimiento.

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¿Es bueno el proyecto tal como está?

Si, el proyecto es bueno, pero se tiene que implementar de manera rápida. Los mercados están esperando resultados concretos. De todos modos, creemos que Brasil está en un proceso de recuperación más lento de lo que se preveía, pero que no se ha interrumpido.

¿Confía en el diagnóstico del equipo económico de Bolsonaro?

El equipo económico tiene un diagnóstico muy correcto de la situación, tiene mucha ambición en términos de reformas y eso es muy bueno. Esas reformas en el ámbito económico van en una buena dirección. El próximo paso es implementar esas buenas ideas para que se hagan realidad y para que Brasil pueda crecer.

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