Joan Manuel Serrat-Joaquín Sabina: “La revolución pendiente tiene que ver con la educación y la cultura”Espectáculos 

Joan Manuel Serrat-Joaquín Sabina: “La revolución pendiente tiene que ver con la educación y la cultura”


“No hay dos sin tres” es el nombre de la gira que los trae nuevamente a Buenos Aires, desde el 2 de noviembre, en el BA Arena Crédito: gentileza Fernando Maselli

MADRID.- En algún restaurante de Madrid, de cuyo nombre no quiere acordarse, un hombre elegante se acercó a otro hombre más elegante aún, cuyo bombín descansaba en una silla.

-¿Eres Joaquín Sabina?

-Sí.

-Te quiero saludar. Yo soy el embajador de la Argentina.

-Yo más.

Prende otro cigarrillo para evaporar el recuerdo y regresar al punto de su idea. “Lo dije serio y sabiendo muy bien lo que decía. Pero si alguien nos abrió el camino a todos, fue este que está a mi lado:

Joan Manuel Serrat

“. Entona con su acento catalán “Con la frente marchita” y bromea con el anfitrión sin solemnidad diplomática. “¿Tú piensas que habrá que cantarla?”

El todo es más que la suma de las partes, o dicho con sus propios versos, “dos no es igual que uno más uno”. En este living de senderos que se fusionan hay calor de hogar, planes y alegría: el regreso de los artistas a la Argentina, un público que los adora, que los canta, que los baila (en estadios, en fiestas y en bodas), que se tatúa sus versos y sus rostros. En primavera, por tercera vez en sus carreras -la primera vez fue en 2007 y la segunda, en 2012-, estos dos poetas populares, marcharán hacia Buenos Aires para realizar
cuatro funciones (el 2, ya agotada, 3, 7 y 8 de noviembre), en el BA Arena.

El repertorio de la gira “No hay dos sin tres” aún no está planificado. Aún no se han sacrificado los temas que no ingresarán en los recitales, los que no tocarán, dado el vasto cancionero de ambos. “Es muy duro y doloroso”, dice Sabina. No regresarán por el momento al estudio de grabación a componer, pero sí a los caminos, con más versos que golpes.

Son los cantautores más famosos de España, amados, prestigiosos, populares, cada uno podría imponer sus leyes, sus egos sobre el otro.


Serrat y Sabina coinciden que entre ellos no hay egos, sólo cariño y admiración Crédito: gentileza Fernando Maselli

-¿Cuál es la clave del éxito de sus encuentros?

Joaquín Sabina: -Aquí no hay egos. Otros artistas que conozco habrían tenido cientos de problemas en giras como esta. Cuando ha habido, no un problema, sino una levísima sospecha -repito: levísima sospecha- de que algo no estuvo bien en el concierto, a las 2 de la mañana han llamado a mi cuarto. Entonces ha entrado este en calzoncillos y se acabó. Y al día siguiente, olvidado completamente.

Joan Manuel Serrat: -Los egos son inútiles. Tú no puedes hacer un concierto de dos personas en el cual los egos puedan tener un acto de presencia. Si verdaderamente existe esta mala hierba, se cuela en la relación, y más vale abandonarla porque cuando algo se convierte en tormento, por egoísmo y por inteligencia, hay que extirparlo.

-Se conocen las mañas, ¿cuáles son?

Serrat: -Yo sé cómo no hay que trabajar con Joaquín: persiguiéndole, presionándolo.

Sabina: -Secuestrándole.

Serrat: -Tratando de que él se convierta en otro que no es para hacer las cosas.

Sabina: -Esto no sería posible si no hubiese amistad, respeto verdadero y admiración mutua.

-Sus canciones son diferentes y, a la vez, tienen algo en común.

Sabina: -Creemos en la canción popular. ¿Qué es? Un vehículo mágico de comunicación con la gente. En muchos casos son canciones de Serrat o alguien me escribe que en su boda han bailado una mía. Todo eso, a un gilipollas lo puede volver más gilipollas. Como creemos que no lo somos, lo agradecemos con el corazón y seguimos con nuestra vida cotidiana, que no tiene nada que ver con el artisteo.


Para Serrat, “Purísima y oro” es su canción preferida de Sabina; para su amigo, la canción favorita de Serrat es “Palabras de amor”: “La canto en catalán cuando voy a Barcelona”, cuenta Sabina Crédito: gentileza Fernando Maselli

-¿Cómo se llevan con los halagos?

Sabina: -Serrat me dijo una vez: “Primo, tú y yo tenemos la mejor agencia de marketing del mundo. Se llama boca en boca”. Detesto la palabra fan, porque viene de fanático. Tenemos cómplices. Nuestro público es a veces excesivamente cariñoso. Como en todo, la Argentina es excesiva, pero tan entrañable. Por más ajeno que uno se sienta a ese mundo, y yo me siento ajeno, no tiene más remedio que calentarte el corazón y devolver lo mejor. Lo hacemos con esta gira.

Serrat: -No rechazo ni desprecio el cariño. El cariño viene en forma de halagos. Con ellos hago lo mismo que con las críticas: aceptarlas. Lo que nunca se puede hacer es magnificarlas, pensar que una crítica es la razón o la verdad. Sencillamente es una opinión. No influyen en nada en tu vida.

-¿Cuál es el tema preferido del otro?

Serrat: -Es casi imposible definirlo. Pero se me han caído las lágrimas (respira y hace una pausa).

Sabina: -Sí. Me lo contó mi mujer, que lo vio muy emocionado detrás del escenario.

Serrat: -Es una canción escrita con una soltura y una solvencia, una canción sobre un tiempo oscuro en el que se mezcla su pasión con los toros, con la posguerra, el hambre. Pienso en “Purísima y oro” y siempre me conmuevo.

Sabina: -Comprenderás que es muy difícil, porque Serrat ha sido el maestro de todos, pero mi corazón está en la canción que canto en catalán cuando voy a Barcelona: “Palabras de amor”.

Sin nostalgia ni fanatismos

Muchos peregrinos de la poesía llegan a la Plaza Tirso de Molina en busca del bardo. Ese espacio triangular de cemento huele a claveles y a orina. A los puestos de flores y a las urgencias de los noctámbulos a la salida de los bares. Una revista distinguió a esa zona, y los barrios que en ella convergen, como la más “cool” del mundo. En estridente cacofonía, sobre el ascensor gris, un lienzo de motivo psicodélico corona el hall. Sobre la mirilla de la puerta extiende sus brazos un Jesús de bronce. Adentro se celebra una liturgia entre el cónsul de la Argentina y el canciller plenipotenciario de Buenos Aires. Adentro hay una biblioteca y adentro de la biblioteca, un hogar.

Elena, la asistente de Sabina abre la puerta con su sonrisa amplia. Se marcha a buscar al anfitrión y al invitado de honor. Queda, desde su giralda en una mesa de billar, uno de los cinco gatos de la casa como custodia. La televisión está prendida en un programa de noticias. En ese ambiente hay tres computadoras, una oficina que alberga instrumentos musicales, entre ellos, un acordeón. El minimalismo brilla por su ausencia. No hay horror al vacío si cada milímetro de espacio lo ocupa un libro. “En este piso están solo las biografías”, explica su asistente y regresamos a la oficina en el piso superior. Allí hay libros de historia y política, en estantes distribuidos por países. En el piso superior conviven los clásicos, los libros del siglo XXI, y también una pared destinada a incunables y libros antiguos. ¿Aún se puede seguir hablando de la anarquía de Sabina?

No están rodeados de protocolo, comitiva ni seguridad. Autores de himnos populares, cultivan la elegancia en el trato con el otro. No buscan sacudirse las preguntas, sino entablar un diálogo. Serrat brinda con agua; Sabina, con tequila. En una jugada de anticipación, con gambeta introductoria, el hincha del Barça, pregunta y responde con entusiasmo.

Serrat: -¿Por qué volvemos? ¿Por qué lo hacemos en este momento? Porque nos divierte pensar que lo podemos hacer.

Sabina: -Y porque cuando pasan 4 o 5 años la memoria se invade de escenas de fiesta, de amistad, de risa, de viajar juntos. Eso acaba imponiéndose a la cosa más fría, profesional de decir no debemos hacerlo. ¿Y qué carajo importa? Queremos hacerlo.

-“No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió”. ¿Son nostálgicos?

Sabina: -A mí no me gusta. Me gusta la memoria, porque la nostalgia lleva incluida una especie de “cualquier tiempo pasado fue mejor” y eso es mentira. Tengo muy buena memoria, sobre todo de las cosas buenas. Las cosas malas procuro olvidarlas, pero no si son colectivas, como los muertos de la Guerra Civil, los asesinos de la dictadura argentina.

Serrat: -A lo mejor sí fue mejor porque éramos más jóvenes. Y lo que es seguro es que en cualquier tiempo pasado estaremos mejor de la vista, de la rodilla.

Este (Serrat) se inventa un oficio que es ponerle dignidad a la canción popular

Joaquín Sabina

-¿Se consideran poetas antes que músicos?

Serrat: -Él es más poeta que yo, yo soy escribidor de canciones.

Sabina: -¡Eh! Cuidado, cuidado, cuidadín (lo reprende). Este se inventó un oficio. En España estaban las folclóricas, que eran mucho mejores entonces de lo que pensábamos. Despreciábamos el género por cierto tufillo con el franquismo y ahora las amamos. Cuando este aparece [por Serrat], entre las folclóricas y la música chicle de usar y tirar, no había nada. Nada es nada. Estoy hablando como si no estuviera delante. Este se inventa un oficio que es ponerle dignidad a la canción popular.

-Una canción próxima a la alta literatura, pero, a la vez, sin academicismo ni erudición.

Serrat: -Pasteur descubrió que no existe la generación espontánea. Sí, la literatura siempre ha estado entre nosotros.

Sabina: -La revolución totalmente pendiente es la educación y la cultura. En España estamos hace dos años en plena campaña electoral y nadie ha pronunciado la palabra “cultura”. Y, sin embargo, sí hablan de marca España, algo que me parece repugnante. Cervantes, Quevedo, García Lorca, Serrat, eso es marca España.

Serrat: -Joaquín habla de la educación porque un pueblo con educación es no solamente más sabio, sino más libre, más solidario y más capaz de disfrutar las cosas que encuentra a su alrededor.

Sabina: -Gracias a la educación, el pueblo es capaz de dudar, de no ser sectario, que es un mal reflejado en la Argentina con la grieta o aquí, con lo que está pasando en Cataluña. El otro día me decía Vargas Llosa que nunca le había pasado en la vida: iba por la calle de Barcelona y le empezaron a gritar fascista.

Un pueblo con educación es no solamente más sabio, sino más libre, más solidario y más capaz de disfrutar las cosas que encuentra a su alrededor.

Joan Manuel Serrat

-En la Argentina también lo insultaron hace unos años.

Sabina: -¡Ya lo sé! Yo firmé a su favor. Tú también.

Serrat: -La libertad de opinión de la gente no solo es saludable para quien la tiene, sino para el que la escucha. Creo que una circunstancia no tiene solo una respuesta, sino que son todas las respuestas las que pueden ayudar a modificar esta circunstancia. A mí me duele mucho esta grieta que se ha abierto.

-Lo que ustedes dicen, mucha gente lo toma como dogma: “Dijo Sabina o dijo Serrat”.

Sabina: -¡Pero que no lo hagan!

Serrat: -Lo que decimos es muy fácil. Mi libertad acaba donde empieza la libertad del otro. Es la convivencia. A todo esto, ¿qué van a dejar? Un mundo de migajas. Cuando una sociedad está así, desmigada, el único que se beneficia es el poder.

Sabina: -Cuando hago un amigo nuevo, por casualidad, del que no tengo referencia, del que no sé nada, pueden pasar dos meses sin que nos preguntemos mutuamente nuestras ideas políticas. No le pido el carnet a nadie.

-¿La fama los hace menos libres?

Serrat: -Hay un refrán catalán que dice: “Quien no quiere polvo que no vaya a la era”. Uno sabe que puede tener ciertas limitaciones: vas a salir y habrá gente que te va a pedir un autógrafo. Si no quieres que esto ocurra, busca otro modo de ir de A a B. Benditos autógrafos que te piden y si te molesta, no vayas.

Sabina: -Yo que hice toda la vida y la mayor parte de mis canciones en bares, y a las 2 de la madrugada, hace 20 años que no los puedo hacer. Me acuerdo de una película de Woody Allen cuando va al infierno y allí se encuentra con un tipo y le pregunta por qué está allí. “Inventé el metacrilato”. Eso lo pienso del que inventó los teléfonos móviles con foto. Este [por Serrat] sufrió menos. Primero porque es inteligentísimo y se las sabe arreglar, pero después de los conciertos nos íbamos a tocar a un bar y hubo un día en que los músicos me dijeron: “Perdón, pero queremos ir a ligar con chicos y si vienes, acabamos haciéndote de guardaespaldas”.

-¿Y cómo lo resolviste?

Sabina: -Pues me metí en esta casa y puse un bar estupendo para hacer las fiestas aquí, pero echo mucho de menos la calle y los bares.

-Conservan una opinión crítica, sin fanatismos.

Serrat: -Tengo una visión crítica de todo, empezando por aquel partido al que di soporte desde siempre.

Sabina: -Que es el Partido Socialista.

Serrat: -Es tremendo que salgas a la calle y no te saludes con tu vecino. Me recuerda, sin haberlo vivido, a los judíos que les obligaban a llevar la estrella de David para ser reconocibles. Veo lo que ocurre en Venezuela, y se me cae el alma con el grado de odio y negación a cualquier cosa.

Sabina: -Lo que está diciendo es una cosa muy importante para la vida cotidiana. ¡Ya está bien! Hay que desterrar la palabra enemigo de la política.

Entre ellos no hay Boca-River, ni Barça contra el Atleti, ni grieta, ni Caín versus Abel, ni viceversas. Hay versiones en torno a una disciplina catalana y una anarquía extremeña (“No es un mito, pero tampoco una verdad absoluta”, dice Serrat) y complicidades. El vínculo entre los dos es cada vez más profundo, una relación que con los años se ha vuelto centrípeta.

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