El Tigre Verón: dilemas que van más allá de ficción o realidadEspectáculos 

El Tigre Verón: dilemas que van más allá de ficción o realidad


Andrea Pietra y Julio Chavez Fuente: LA NACION

El tigre Verón (Argentina, 2019) /
Guión: Germán Maggiori y Marcos Osorio Vidal /
Fotografía: Guillermo Zappino /
Edición: Alejandro Alem /
Música: Pablo Borghi /
Dirección de arte: Mariela Pita /
Elenco: Julio Chávez, Marco Antonio Caponi, Andrea Pietra, Manuel Callau, Muriel Santa Ana, Alejandra Flechner, Diego Cremonesi, Sofía Gala Castiglione /
Canal: El Trece y TNT /
Horario: miércoles a las 22.45 y sábados a las 23 /
Nuestra opinión: regular

La aventura televisiva de
El Tigre Verón comenzó con una accidentada coincidencia. Pocas horas antes del estreno, una disputa sindical por el encuadramiento laboral de trabajadores de un frigorífico terminó a los tiros en la localidad de San Fernando. Se dirá que cualquier semejanza entre la ficción de El Trece y Turner y la realidad argentina es mera coincidencia, pero en los avances del segundo capítulo se ve el esbozo de una secuencia a balazo limpio entre gente cercana al personaje protagónico, secretario general de un gremio de la carne.

Este equívoco y sus derivaciones nos llevan a una rápida e inevitable comparación entre la trama ficticia de la serie y la realidad de una batalla gremial que resulta imposible no analizar sin tener en cuenta el escenario político y la campaña electoral. Hasta que vemos y comprobamos que en
El Tigre Verón, al menos en su primer episodio, las conexiones con la realidad argentina actual no resultan tan relevantes. Es el marco de un relato cuyo núcleo pasa por otro lado.

El Tigre Verón es una telenovela diseñada en el formato actual de las series de duración acotada que pueden seguirse al mismo tiempo en la TV de aire y por streaming. Un híbrido que responde a estos tiempos de cambios y metamorfosis en los contenidos de ficción y que, a la vez, deja a la vista el escenario que enfrenta Polka hacia el futuro cercano como usina de este tipo de producciones.

Si tomamos otra ficción como
El marginal como espejo inevitable,
El Tigre Verón muestra un retroceso. La muestra de un tiempo que empezamos a dejar atrás, a menos que Polka esté dispuesta a romper una hibridez que antes funcionaba sola, pero hoy resulta cada vez menos virtuosa.

El eje argumental es el conflicto permanente en medio de una familia disfuncional conducida por una persona poderosa y atribulada. Algo que funciona aquí en torno de un jefe gremial pero podría aplicarse a cualquier otro escenario de poder (político, empresarial, institucional). Las tensiones están claras: hay inocentes castigados y culpables impunes, ambiciones varias y vicios de todo tipo.

El problema aparece casi en el mismo momento en que Polka despliega todo su reconocido arsenal de solidez técnica, precisión artística y compromiso actoral. Los conflictos (y sus estallidos) tienen una base de verosimilitud dramática, pero se respaldan en el sostén endeble de un grupo de personajes definidos a partir de un solo aspecto de conducta para cada uno de ellos. Al ser tan unidimensionales la trama se desgasta y corre el riesgo de reproducirse a sí misma una y otra vez hasta el cansancio. De esta manera se pierde espesor dramático.

Las imperfecciones que están a la vista son comunes a los envíos menos logrados de la historia reciente de Polka: escenas apenas esbozadas que los actores deben resolver a puro impulso, entre balbuceos y vacilaciones, apuntes testimoniales metidos con fórceps en instancias más bien melodramáticas que por esta razón pierden consistencia.

Lo mejor del episodio inicial estuvo en aquellos momentos en que la acción se impone a la palabra: el momento inicial de tensión frente al frigorífico o el procedimiento policial en el que se llevan detenida a la hija de Verón (Sofía Gala Castiglione, lo mejor del compacto elenco).

El nuevo tipo de ficción al que parece inclinarse el espectador local exige precisiones. Ya no funciona como antes la trama clásica de conflictos afectivos o familiares en un entorno reconocible si no se definen y construyen bien ambos contornos. El esfuerzo de Julio Chavez por ser convincente desde una interpretación elocuente y teatral no alcanza a disimular todas estas fisuras.

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