Las exportaciones mejoran, pero las de los vecinos crecen másEconomía 

Las exportaciones mejoran, pero las de los vecinos crecen más

Por Marcelo Elizondo

Director de la consultora DNI

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La economía argentina padece una persistente dificultad para su vinculación externa. En 2018, la Argentina exportó bienes por US$61.621 millones, cifra que equivale al 13% de lo que exporta México, 25% de lo que exporta Brasil y 80% de lo que exporta Chile. En 1980, las ventas externas argentinas representaban la mitad de lo que vendían Brasil o México. Y hace un lustro nada más, el país superaba a Chile en esta materia. En el año 2000 la Argentina exportaba más que el cuádruple que Perú, mientras que el año pasado lo superaba en un 30%.

La dificultad es crónica y no puede atribuirse a la actual administración. Así, de representar 0,8% de las exportaciones mundiales hace 50 años, hemos pasado a generar poco mas del 0,3% en la actualidad. Se trata de un proceso de endocentrismo que ha llevado a que la relación entre exportaciones de bienes y servicios y el PBI prevista para 2019 (aun con un alza esperada en las ventas al exterior) sea menor que en Chile, Bolivia, Ecuador, Perú, Paraguay, Uruguay, México y Panamá.

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Desde que empezó el siglo XXI, la Argentina es el país de América del Sur con menor crecimiento porcentual de exportaciones, con excepción de Venezuela ¿Por qué ocurre esto? Por un lado, los muchos años de desarreglos macroeconómicos han impedido a las empresas argentinas desarrollar atributos competitivos: escasez de financiamiento, sistema impositivo agresivo, inflación distorsiva, sobrerregulaciones, inestabilidades y un sector público agobiante han dejado secuelas. Y sin un buen número de robustas compañías internacionales no hay comercio exterior. Hay en nuestro país apenas 60 empresas que exportan más de US$100 millones y sólo 15 logran exportar más de US$1.000 millones.

Por el otro, la escasez de suficientes soluciones en la mesoeconomía (infraestructura, formadores de recursos humanos, cadenas de abastecimiento locales garantizadas) ha desalentado a las empresas para tomar decisiones de largo plazo. Es en este ámbito donde en muchos países se ha desarrollado el principal motor internacional actual: el conocimiento productivo. Y se debe incluir, en este plano, el histórico bajo nivel de importaciones que dificulta el acceso competitivo a recursos. En el mundo, los 20 países más exportadores son los 20 más importadores.

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Una tercera razón se encuentra en las dificultades de inserción económica transfronteriza. Esto se produce, por una parte, porque mientras ya el 50% del comercio internacional en el planeta se produce entre países que han celebrado tratados de apertura recíproca —ya rondan los 300 en el mundo— la Argentina exporta más de dos tercios de sus ventas a mercados en los que paga pesados aranceles por la escasez, precisamente, de acuerdos comerciales suficientes.

Además, las empresas argentinas han tenido dificultades para ingresar en cadenas internacionales de valor, que generan dentro de sí el 70% del comercio mundial: contamos con sólo 9 de las 100 principales multilatinas, las inversiones de empresas argentinas en el exterior representan apenas el 5% del total de las inversiones de empresas latinoamericanas fuera de sus fronteras, y el stock de inversión extranjera en nuestro país equivale a solo el 3,5% del total en Latinoamérica, y es menor al de muchos países de nuestra región. Las empresas argentinas son, en general, las que menos arquitecturas vinculares internacionales sistémicas han logrado en la región y siguen dependiendo de relaciones endebles y hasta esporádicas.

No solo hay pocas empresas exportadoras relevantes: una manera de evaluar la dificultad argentina es constatar la relación de las exportaciones por trabajador (exportaciones por población económicamente ocupada). Ese ratio en Argentina (US$3.350) es menor que el que logran Chile, México. Uruguay, Panamá, Costa Rica y Paraguay y apenas supera por poco la mitad del ratio mundial (US$5.517).

También la medición de exportaciones per cápita es mayor en Chile, México, Paraguay, Perú y Panamá que en la Argentina, donde llega a US$1.394. Será difícil acceder a mejor producción, más inversión, empleo más calificado y más dólares genuinos sin mejorar la inserción económica internacional.

Ahora bien: ¿qué puede hacerse para lograr esa mejor inserción? Por supuesto, en primer lugar, estabilizar variables macroeconómicas para facilitar proyectos a largo plazo (eso son los negocios internacionales). Y en segundo -y consecuentemente- simplificar un entorno complejo. Ambas metas integran lo que podríamos llamar el capital institucional.

Adicionalmente, es esperable mejorar el capital relacional externo: facilitar el acceso al mundo en materia de mercados (acuerdos comerciales y de integración económica), financiera (normalizando la reputación) y de acceso a proveedores (el arancel de Argentina según la OMC, es, junto al brasileño, el más alto de Latinoamérica: 13,5% promedio simple).

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A ello debe añadirse la necesidad de crear más capital organizacional, es decir, empresas (exportadoras o proveedoras de éstas) que desarrollen atributos competitivos como estrategias adecuadas, arquitecturas vinculares internaciones virtuosas, reputación, escala, productos calificados y creados en base a capital intelectual y capacidad de administración del ambiente externo en la nueva globalización y la cuarta revolución industrial.

Una materia relativa a lo anterior es la identificación de mercados objetivos. La oferta externa argentina (actual y potencial) se basa especialmente en bienes intermedios. Los resultados de 2018 mostraron unos US$23.000 millones de exportaciones manufacturadas de origen agropecuario, unos US$20.000 millones de industriales tradicionales, alrededor de US$14.000 millones de bienes primarios y unos US$4.000 millones de combustible y energía. Consecuentemente, los destinos actuales son en su mayoría mercados emergentes: las ventas a emergentes sumaron US$43.069 millones, casi 70% del total, mientras que las que se dirigieron a los desarrollados llegaron a US$18.551 millones, el 30% restante.

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Así, el año pasado las exportaciones dirigidas a Asia superaron las enviadas a Europa y también a las dirigidas al Mercosur. Y las exportaciones a los países de Asia-Pacífico superaron holgadamente a las enviadas a la Unión Europea. Hasta las dirigidas a África fueron mayores que las destinadas a cualquier país del mundo, con excepción de Brasil.

Pero en este terreno hay mucho más por hacer: los emergentes, que incluyen los mercados más dinámicos del mundo, cuentan con numerosos países altamente importadores que no están siendo adecuadamente aprovechados por la Argentina Hong Kong, México, Singapur, Emiratos Árabes Unidos, Taiwán, Rusia, Turquía, Tailandia, Vietnam, Malasia e Indonesia se ubican entre los 30 mayores importadores del planeta y no han sido abordados comercialmente como pudiera ser por parte de empresas argentinas.

Hay, pues, desafíos y oportunidades por delante. El comercio internacional, pese a turbulencias, sigue creciendo. Hay tareas para adecuarnos a los requisitos de la globalización 4.0, que deben ser encaradas por empresas, prestadores de servicios, trabajadores y el sector público. Y hay, hoy, una ocasión que surge cada vez que se reconfiguran los mercados, como en este tiempo.

Si los resultados actuales no son los mejores, como diría Henry Ford, mejor que buscar el error es buscar el remedio.

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