Lipton, el nuevo culpable que encontró el Gobierno para justificar la suba del dólarEconomía 

Lipton, el nuevo culpable que encontró el Gobierno para justificar la suba del dólar

El Banco Central tiene terminantemente prohibido por el Fondo Monetario intervenir en el mercado de divisas. La flotación del tipo de cambio, es en opinión de los técnicos del organismo multilateral de crédito, un amortiguador que permite a las economías nacionales protegerse de los shocks internacionales como muestran los modelos macroeconómicos.

Sin embargo, la realidad de una economía bimonetaria como la argentina donde una suba del dólar se traduce cada vez en mayor proporción en inflación, muestra que ese amortiguador en el corto plazo actúa como más nafta en un momento en el que con la tasa de interés el Banco Central intenta controlar el incendio de sumar 11% de inflación en los primeros 3 meses del año.

11% en 3 meses equivale a casi 52% en un año, es decir, más que el 48,8% de todo 2018. Y 4% como se espera que dé el resultado de marzo y de abril implica estar en la zona del 60%. En otras palabras, que en abril la inflación esté en el 4% luego de 8 meses de política monetaria contractiva pone en la palestra a Sandleris y al Banco Central. La estrategia diseñada, que tiene sus válvulas para canalizar la cambiante demanda de liquidez, tiene su talón de Aquiles: si el Banco Central no tiene poder de fuego en el mercado cambiario, puede suceder que la divisa salte $1 casi sin volumen, con solo 9 millones de dólares como pasó días atrás.

Los cálculos de lo que termina pagando el Central vía tasa de interés contra lo que le habría costado una intervención puntual en el mercado cambiario, muestran que pagar tasas de sacrificio no solo es carísimo, sino que además no logra ponerle techo a la suba del dólar y por ende, vuelve a fogonearse la inflación.

Los cálculos de lo que termina pagando el Banco Central vía tasa de interés contra lo que le habría costado una intervención puntual en el mercado cambiario, muestran que pagar tasas de sacrificio no solo es carísimo, sino que además no logra ponerle techo a la suba del dólar y por ende, vuelve a fogonearse la inflación.

En el Gobierno lo saben, pero destacan que pusieron una regla para la desinflación y no cumplirla por salir a intervenir en el mercado de cambios significaría un costo de mediano plazo todavía mayor por la pérdida de credibilidad. Pero por lo bajo se lamentan de no tener margen de discrecionalidad para poder decidir cuándo conviene tapar un bache en la oferta y cuándo es mejor preservas las Reservas Internacionales porque se trata efectivamente de un vaivén de las cotizaciones de las monedas emergentes.

En el Gobierno le apuntan a David Lipton, el vicepresidente de Christine Lagarde en el FMI, como el fundamentalista que de la amplia banda de no intervención cambiaria de la política del Banco Central.

Así lo explicó el economista Ricardo Arriazu en una cena con empresarios del Instituto Argentino de Finanzas (IAEF) en la ciudad de Córdoba en la que calificó de “diabólico” al sistema monetario que el FMI le impuso a Sandleris porque genera un enorme daño en el nivel de actividad sin ponerle techo a la inflación. “Talibán” fue la palabra elegida por el economista para explicar la postura del vicepresidente del FMI, el nuevo culpable de

Lipton, el segundo de Lagarde, supervisó de cerca el segundo Acuerdo Stand-By en septiembre luego de que el primero fracasara a los tres meses de su implementación. Como consignó LPO, Alejandro Werner, director del FMI para el Hemisferio Occidental y responsable técnico del primer préstamo quedó en la mira de todas las críticas por el pronto naufragio de su plan. Y ahora Lipton es el guardián de la capacidad de repago del crédito con el organismo por 56.000 millones de dólares.

No en vano, ante la evidencia de la falta de poder de fuego de la tasa de interés, el FMI terminó autorizando al Tesoro para participar en el mercado de divisas, no solo con un tope de 60 millones diarios, sino que lo obligó al Banco Central a esperar hasta mediados de abril para recibir el refuerzo del Tesoro en la batalla contra la suba del dólar que se traduce rápidamente en inflación. Si las Reservas volvieran a irse como en 2018 en un intento por frenar el dólar, el país se quedaría sin divisas con las que hacer frente a sus obligaciones de deuda y sin capacidad de repago frente al mismo Fondo. 

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