Los vaivenes del país explican por qué la pobreza bajó en la región y no en la ArgentinaEconomía 

Los vaivenes del país explican por qué la pobreza bajó en la región y no en la Argentina

Por Leopoldo Tornarolli (*)

Las tasas de pobreza e indigencia actuales se ubican en valores similares a los que se observaban a comienzos de 2016, a finales de 2014 y a comienzos de esta década. O puesto de otro modo, nuestro país no ha realizado progresos en términos de la reducción de la pobreza y la indigencia, ya sea que el período de análisis sean los últimos dos años, cinco o la última década.

Newsletters Clarín

Qué pasó hoy | Te contamos las noticias más importantes del día, y que pasará mañana cuando te levantes

De Lunes a viernes por la tarde.

Recibir newsletter

Este resultado no es sorpresivo: en los últimos diez años nuestro país ha sido incapaz de encaminarse en una senda de crecimiento económico sostenido, una de las condiciones fundamentales para reducir la pobreza y la indigencia. En este mismo período, la mayoría de los países de la región han tenido economías más estables, los que le ha permitido crecer en forma casi ininterrumpida e ir reduciendo gradualmente la incidencia de la pobreza. Dado que existe una amplia diversidad entre esos países, e incluso ha sucedido que en algunos de ellos se han alternado gobiernos de distinto signo ideológico en el período, no puede afirmarse que hayan aplicados las mismas políticas, y que existe una receta única que les haya permitido reducir la pobreza a todos ellos. El elemento común parece ser que todos esos países han logrado evitar los vaivenes macroeconómicos (alta inflación, problemas de financiamiento, depreciaciones bruscas, etc.) con los que Argentina ha lidiado en forma casi constante en estos años. De ese modo, estos otros países lograron sentar las bases para que luego otras políticas, de distinto tipo, les permitan crecer y distribuir los frutos de ese crecimiento.

Lo ocurrido en los últimos meses, a partir de la crisis cambiaria que se iniciara en abril pasado, resaltan cuan necesario, y urgente, es que nuestro país logre estabilizar su macroeconomía. Únicamente en ese escenario pueden funcionar políticas claras, estables y de más largo plazo que orienten, regulen y acompañen a la iniciativa privada hacia un sendero de crecimiento sostenido. Complementariamente, el sector público debe encargarse de mejorar los resultados distributivos alcanzados por el mercado en su funcionamiento, a través del sistema impositivo, de la provisión de servicios diversos y de las políticas de protección social.

Este rol redistributivo del Estado es importante en prácticamente todas las economías desarrolladas, y debe alcanzarse generando las menores distorsiones posibles al funcionamiento económico. En esos países, el impacto que tiene el Estado en mejorar la distribución del ingreso y reducir la pobreza es mucho mayor al que tiene en Argentina. De hecho, la distribución del ingreso que genera el mercado no es mucho más desigual en nuestro país que en el promedio de los países desarrollados. Sin embargo, la distribución del ingreso luego de impuestos y transferencias es significativamente más desigual en nuestro país que en los países desarrollados. Gran parte de la explicación viene por parte del sistema impositivo: dados los elevados niveles de informalidad que existen en Argentina, gran parte de la recaudación se termina obteniendo de tributos que permiten recaudar fácil y mucho, los que no son necesariamente los mejores desde el punto de vista distributivo y de la eficiencia económica. En este sentido, es necesario incrementar la porción de la economía que opera formalmente, y por lo tanto dentro del sistema impositivo, para luego pensar en mejorar el diseño de dicho sistema, evitando recargar aún más la presión de este sobre los sectores que operan formalmente. Asimismo, también existe cierto margen para mejorar la eficiencia distributiva del gasto estatal (una buena parte de ese camino ya se recorrió, aunque no necesariamente de la forma más cuidadosa, con la reducción de los subsidios a los servicios públicos).

(*) Investigador-economista Cedlas-Unlp

Articulos relacionados