Recitales. Las fronteras se desdibujan para un negocio global con gran proyecciónEconomía 

Recitales. Las fronteras se desdibujan para un negocio global con gran proyección

Los promotores argentinos se mantienen en el radar, ya sea explotando licencias de festivales como Lollapalooza o expandiéndose a otros países de la región, como es el caso de Cosquín Rock, que llegó a Bolivia, Chile, Colombia, México, Paraguay, Perú y Uruguay


Los artistas deben salir de gira más seguido para compensar la caída en la venta de discos físicos y descargas online Crédito: Shutterstock

“La música en vivo debería verse tan bien como suena”, dijo el genial músico británico Adam Ant. Los promotores musicales son los encargados de lograr esa hazaña. No solo contratan la presentación de un artista, sino que también están detrás de otros aspectos fundamentales para la realización del concierto, como alquilar el escenario, delegar la campaña publicitaria, buscar sponsors y concesionar los stands de comida y merchandising que habrá en el predio, entre otras actividades.

A nivel internacional, el negocio de la música en vivo es cada vez más rentable. Según el Global Entertainment and Media Outlook de PwC, los ingresos por música en vivo van a crecer un 3,3% anual entre 2018 y 2022 hasta alcanzar los US$30.550 millones, de los cuales US$24.360 millones corresponderán a la venta de entradas y el resto a sponsoreo.

El mismo cambio de paradigma en la industria empuja a los artistas a salir de gira más seguido para compensar las pérdidas de ingresos que recibían por la venta de discos físicos y descargas que, según la consultora, caerán 9,6% y 23%, respectivamente, en los próximos cuatro años.

Según la publicación Pollstar, los 100 principales tours del año pasado vendieron unos 152 millones de entradas en 2018, cuando por primera vez el ingreso combinado de las diez giras más populares superó los US$2000 millones en facturación.

El músico inglés Ed Sheeran fue el protagonista del tour más exitoso, con una recaudación de US$432 millones. El top 10 lo completaron Taylor Swift (US$345 millones), el matrimonio de Jay-Z y Beyoncé (US$254 millones), Pink (US$169 millones), Bruno Mars (US$167 millones), Eagles (US$166 millones), Justin Timberlake (US$151 millones), Roger Waters (US$131 millones), U2 (US$126 millones) y The Rolling Stones (US$116 millones).

En el ranking de los 100 promotores más importantes del mundo, el líder indiscutido fue la compañía estadounidense Live Nation Entertainment, que vendió 49 millones de entradas el año pasado. Las firmas de América Latina aparecen algo relegadas en el listado: la mexicana Corporación Interamericana de Entretenimiento (CIE, 5º lugar con 3,8 millones de entradas vendidas) y su coterránea Zignia Live (8º lugar, con 2,2 millones de entradas).

Algunas de ellas incluso han hecho pie en la Argentina a través de la adquisición total o parcial de productoras autóctonas. Ese es el caso de CIE, que se quedó en 1998 con el 70% del grupo Rock & Pop, comandado por el histórico promotor argentino Daniel Grinbank, quien más adelante volvería al ruedo al frente de la firma DG Entertainment. Y en diciembre se conoció que Live Nation adquirió una participación mayoritaria de DF Entertainment, del empresario Diego Finkelstein, que vendió 500.000 entradas en 2018 y explota en el país la licencia del festival Lollapalooza.

Los servicios de streaming, liderados por Spotify y Apple Music, incrementarán sus ingresos hasta 2020, alcanzando los US$23.000 millones

Exceptuando algunos casos particulares, el ámbito de influencia de las productoras argentinas es América Latina, particularmente el sur. “Cuando hablamos de las grandes bandas, los mercados más atractivos son Brasil, Argentina y Chile. Esto se debe a la cantidad de potenciales shows que se pueden llegar a hacer en cada uno de esos países”, comentó Fernando Bolan, director de la filial argentina de Time For Fun (T4F, 12º en el ranking global, con 1,6 millones de entradas vendidas), a cargo de la reciente visita de Paul McCartney.

“Perú viene creciendo en los últimos años, porque tiene una economía en escala que está evolucionando”, agregó el argentino Sebastián Carlomagno, COO global de Move Concerts, que vendió casi 900.000 tickets en 2018. Según él, “también avanza Colombia, un país donde el consumo de música anglo es más complejo, ya que se escuchan muchos artistas latinos, pero están desarrollando nuevos venues que permiten aumentar la cantidad de contenidos, como también está pasando en Uruguay”.

Vuelta por el universo

Una productora local que pisa fuerte a nivel internacional es PopArt. En 2017, vendió 1,5 millones de entradas con la gira internacional del espectáculo Sép7imo Día, del Cirque Du Soleil, basado en la música de Soda Stereo. A finales de este año verá la luz la nueva colaboración entre ambas: el show Messi10, basado en la vida del icónico futbolista del Barça, que se estrenará en el Parc del Fórum de Barcelona el 10 de octubre y que, a partir de 2020, iniciará una gira mundial. La propuesta, que vincula el fútbol y el teatro, tendrá un elenco de 46 artistas y un recorrido de 90 minutos que, según su creador, Mukhtar Omar Sharik, dispondrá de dos tribunas y una pantalla gigante con el fin de emular “la rivalidad del estadio, así como la magia del teatro”.

También son varios los festivales musicales que debutaron en la Argentina y se han expandido eventualmente a otros países de la región, como sucedió con el Movistar Free Music y el Personal Fest, eventos sponsoreados muy deseables para los operadores dado que su duración les permite desarrollar acciones de branding complejas. También el Buenos Aires Urbano Electrónico (BUE) de Grinbank llegó a Santiago de Chile bajo la sigla SUE, y el Soundhearts de Move, responsable de la última visita porteña de Radiohead, tuvo ediciones en Bogotá y Lima.

Las firmas de América Latina aparecen relegadas: solo dos, mexicanas, están en el Top 10

Una de las marcas festivaleras que más lejos llegó es también una de las más populares del país: Cosquín Rock, creado en 2001 por José Palazzo y que celebró su última (y multitudinaria) edición el 9 y 10 de febrero pasados en el aeródromo de Santa María de Punilla, en Córdoba. El primer desembarco extranjero de este hito cordobés fue en Guadalajara en 2017, con entradas agotadas. Ese mismo año llegó a Colombia, Perú y Bolivia y, en 2018, llegó a Chile, Uruguay y Paraguay.

La expansión continuará en 2019 en España (tendrá lugar el 20 de abril, en el marco del Festival SanSan, en Benicassim), Costa Rica (19 de octubre) y Estados Unidos (antes de terminar el año). “El espíritu del festival tradicional se preserva en cuanto a la programación, que tiene gran presencia de artistas argentinos y se hace en venues que, por lo general, tienen algún tipo de contacto con la naturaleza, no tanto en estadios -comentó Palazzo-. Los trabajamos como festivales locales con socios de cada país, por eso no tuvimos muchos impedimentos burocráticos ni logísticos para realizarlos”.

Alerta


La cantidad estimada de ingresos por música en vivo a nivel internacional entre 2018 y 2022 alcanzará los US$30.550 millones, según el Global Entertainment and Media Outlook de PwC Crédito: Shutterstock

En algo coinciden las distintas fuentes consultadas por LA NACION: la crisis económica de la Argentina ha empezado a perjudicar seriamente la salud del sector. Por la inflación y la escalada del dólar, es cada vez más caro organizar un concierto, lo que obliga muchas veces a trasladar los costos al precio de las entradas, justo cuando las audiencias tienen menos recursos para destinar a los consumos culturales.

El propio Grinbank (753.000 entradas vendidas el año pasado), gestor de las últimas giras latinoamericanas de The Rolling Stones y U2, entre otras bandas históricas, se ha vuelto un vocal crítico de las políticas del Gobierno en este escenario incierto. “Los precios no resisten más incrementos. Quizá sea el motivo por el cual muchos artistas dejan de venir. Lo peor es que las autoridades no se dan cuenta de que si la actividad está muerta no se recauda. Coherente con todo el accionar político de la gestión, con desprecio absoluto a la cultura”, expresó el productor en febrero en su cuenta de Twitter.

A esto se suma una de las mayores presiones tributarias de la región, que sumó a comienzos de año el anuncio de un nuevo impuesto del 21% al contrato de los artistas. “Cada vez la rentabilidad es más acotada: cachet y muchos costos de producción en dólares, venta de entradas en pesos y sponsors mucho más selectivos para participar en un show, con presupuestos acotados”, dijo Bolan.

Cruz Pereyra Lucena, a cargo de Buena, una productora especializada en organizar eventos marcarios en la Argentina y Uruguay para firmas como Absolut y Corona, comparte este diagnóstico. “Cada país tiene sus trabas burocráticas y nos tenemos que adaptar a ello. Pero acá tenemos poca posibilidad de proyección y planificación como consecuencia de la inestabilidad económica”, afirmó.

“Para nosotros, la producción en la Argentina está compleja. Igual, seguimos trabajando con las bandas más importantes del país, como Ciro y los Persas, Las Pelotas, Las Pastillas del Abuelo y Don Osvaldo”, reconoció Palazzo, quien sostuvo que “uno de los grandes desafíos está en los costos, que se han incrementado muchísimo con la inflación y que muchas veces no se pueden trasladar a los precios de la entrada, si no la gente no podría ir a los recitales”.

Carlomagno admitió que “es un desafío producir en la Argentina”. “La carga tributaria, el cambio inestable, la pérdida de poder adquisitivo es algo que sufren todas las industrias. En la nuestra se suma además la falta de locaciones, porque no hay una infraestructura preparada para los eventos. Se hace difícil hacer una estimación y nosotros ya estamos pensando en el mediano y largo plazo, analizando una agenda para 2020 en materia de precios y costos”.

En su opinión, enfrentar constantemente este tipo de dificultades convierte a los productores argentinos en un activo bastante deseado afuera. “Somos un país con una historia de consumo cultural bastante importante -señaló-. Muchos promotores argentinos van a producir a otros países; el recurso humano, por lo general, está bastante validado”.

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