Karen O y Danger Mouse, la luz al final del túnelEspectáculos 

Karen O y Danger Mouse, la luz al final del túnel


Karen O y Danger Mouse se conocieron en 2005, hablaron por primera vez de hacer un disco juntos en 2008 y finalmente concretaron el proyecto este año. Todo ese tiempo de maceración valió la pena: Lux Prima no suena como el resultado de una reunión improvisada, sino como una obra desafiante, diversa estilísticamente, pero notoriamente sostenida por un nítido concepto sonoro. Un caso más en el que el todo es más que la suma de las partes.

El lugar elegido para la presentación oficial del disco revela bastante de su status: el Marciano Art Foundation de Los Ángeles, en una velada en la que su director creativo, Barnaby Clay (esposo de Karen O), usará proyecciones y una iluminación especial con el objetivo de crear una “experiencia inmersiva”.

En quince años de una carrera que estuvo a punto de quedar herida de muerte cuando recién empezaba -¿recuerdan el escándalo que provocó The Grey Album, el mash up del White Album de los Beatles que llevó adelante en sociedad con Jay-Z?-, Danger Mouse (apelativo artístico del neoyorquino Brian Joseph Burton) armó un curriculum vitae envidiable: fue pieza clave de dos proyectos de alto vuelo (Gnarls Barkley, Broken Bells) y trabajó codo a codo con Gorillaz, The Black Keys, Red Hot Chili Peppers, Norah Jones y U2.

El arrasador girl power de Karen O, por su parte, entró en ebullición en 2001, con la aparición en escena de Yeah Yeah Yeahs, trío de art punk nacido al calor de una escena neoyorquina revitalizada por el despegue fenomenal de The Strokes, pero la llama se apagó súbitamente en 2013, después de la edición del último disco de la banda, Mosquito, y el nacimiento de Django, el hijo de la cantante.

No era fácil predecir qué podía emerger como fruto de la combinación de dos talentos tan singulares, y lo cierto es que Lux Prima es un disco apasionante justamente por su identidad polimórfica: hay una especie de canción de cuna bella y ominosa (“Ministry”), un homenaje nada velado a los girl groups de Motown en el que por momentos parece haberse colado PJ Harvey (“Woman”), un tema ideal para un spaghetti western cuyo estribillo remite sorpresivamente al hit bastardo de los “80 Autocontrol”, de Laura Branigan (“Redeemer”) y un funk psicodélico muy pegajoso (“Leopard’s Tongue”). Todo en un misma entrega y sin lucir caprichoso o disperso.

No hay un destino prefigurado en Lux Prima. Queda insinuado en la inclasificable aventura musical de nueve minutos que abre y titula el álbum y también su contrapunto, en el cierre (“Nox Lumina”). Señales intermitentes de que aquí lo que importa es el viaje.

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Articulos relacionados