Las razones económicas de la elección de octubreEconomía 

Las razones económicas de la elección de octubre

El PBI se contrajo 9,3% anual en los últimos 3 trimestres de 2018 por el impacto de dos shocks externos: la sequía más grave de los últimos 50 años con perdidas por más de US$8.500 millones, en un PBI agrícola que se redujo 30%, sumada a una crisis cambiaria (crisis del sector externo), que devaluó más de 100% el peso argentino y produjo un brote megainflacionario de 60% anual en el trimestre posterior a abril, que culminó con un alza del IPC de 6% m/m en octubre.

El resultado fue una recesión de 2,6% anual en 2018, con un efecto arrastre de 1,3% para este año. El pico se alcanzó en octubre/noviembre, con un derrumbe del PBI de 6% anual.

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La Argentina experimentó 8 recesiones en los últimos 30 años, y la moneda nacional perdió 13 ceros en ese periodo, con un crecimiento nulo o negativo del PBI per cápita (+1% anual o menos). El país padece la segunda presión tributaria más elevada del mundo emergente después de Brasil (34%/38%); y más de 90% de la recaudación depende de 200.000 personas, mientras que el resto son pobres o evaden.

La inflación promedio ascendió a 60%/70% anual en los últimos 50 años; y a partir de 1974 (“Rodrigazo”) experimentó un salto cualitativo, con alzas de 440% por año, que culminaron con 3 hiperinflaciones (1989/1991/2001).

El país tuvo 8 defaults a lo largo de su historia; pero en 2018 no hubo corrida bancaria, y recibió un crédito del FMI de US$ 57.000 millones, el mayor de su historia.

El precio fundamental de la economía argentina es el valor del dólar estadounidense, porque el país es el más dolarizado del mundo (activos monetarios y financieros en dólares: US$350.000 millones/ activos monetarios y financieros en pesos moneda nacional, medidos en dólares estadounidenses: US$ 90.000 millones).

Los sectores más afectados por la recesión fueron los vinculados al consumo interno: la construcción cayó -19,5% y -16,9% la industria, en tanto el comercio se contrajo -20% anual en los últimos 3 meses de 2018.

Crisis del sector externo

La crisis del sector externo es la raíz de la crisis argentina; y ofrece un déficit estructural de 6% del PBI en la balanza comercial. La razón de esta anomalía es la falta de una oferta exportadora suficiente.

Más de 2/3 de las exportaciones (66% en 2018) provienen del sector agroalimentario (menos del 17% del PBI). Alcanzaron a US$58.000 millones en 2018, la cuarta parte de las brasileñas, y menores que las de Chile (US$84.000 millones). Esta es la debilidad básica de la economía argentina, según advirtió Carlos Díaz Alejandro en la década del 60.

La crisis del sector externo se desató en 1948, cuando la “Comisión Gómez Morales” le informó a Juan Domingo Perón que la Argentina se había quedado sin reservas (restaban US$300 millones en el Banco Central, insuficientes para pagar 6 meses de importaciones de petróleo).

La crisis de 1948/50 desató una recesión que duraría 3 años, con un brote inflacionario de 40%/50% anual, que se mantendría en las siguientes cinco décadas, salvo el breve periodo de la convertibilidad (1991/2000). La razón de la alta tasa de inflación es la crisis crónica del sector externo.

Esto liquidó la moneda argentina; y desató un proceso de fuga sistemática de capitales. El año pasado salieron US$28.100 millones, superior a 2001: US$ 21.000 millones.

La consecuencia fue que la Argentina experimentó una depresión prolongada en los 50 años posteriores a 1948/1950, con un alza nominal del producto de +1,5% por año y un auge negativo del PBI per cápita (-0,5% anual). Después de 1974, la crisis del sector externo adquirió un carácter paroxístico, y se desató cada 5/7 años con devaluaciones cada vez más devastadoras.

La Argentina se convirtió en el país ingobernable de América Latina; y la violencia de sus crisis cambiarias arrastró incluso al sistema político (Alfonsín, 1989/De la Rua, 2001).

La recuperación del crecimiento económico en 2003/2011 fue obra directa del superciclo de los commodities provocado por la irrupción de China/Asia en el comercio internacional, con los mejores términos de intercambio de la historia (166 puntos en 2006/ base 100 en 1993).

Las exportaciones agroalimentarias (soja/maíz) se triplicaron, y el superávit de cuenta corriente trepó a 3 puntos, naturalmente acompañado de superávit fiscal. Los dólares sobraban en ese periodo.

Cambio sistémico de la producción agroalimentaria

A partir de la década del 90 surgió un nuevo mecanismo de acumulación que fusionaba industria, agro y servicios en una actividad altamente intensiva en conocimientos y en capital, con el mayor nivel de productividad del sistema.

En estas condiciones, “… el principal problema macroeconómico de la Argentina es la extrema volatilidad del ciclo económico” dice Bernardo Kosacoff. Es el país más volátil del mundo, con una tasa potencial relativamente elevada de 5% anual.

La bioeconomía que surgió en los 90, no obstante su extraordinario nivel de productividad, es insuficiente para proveer al país de los dólares que necesita para sustentar un crecimiento sostenido, propio de una nación de 43 millones de habitantes, con el ahorro individual más alto de América Latina.

El saldo neto de la crisis del sector externo de los últimos 70 años es un nivel de pobreza que abarca a 32% de la población (35% en el conurbano bonaerense). El problema no es que la Argentina importe mucho, sino que no exporta lo suficiente. Por eso los pobres aumentan y las empresas no invierten.

Punto de inflexión

El punto de inflexión de la crisis se produjo en enero de 2019: el PBI creció +0,7% anual en el primer trimestre debido a una expansión de 30% en el PBI agrícola (cosecha de trigo y cebada de 23 millones de toneladas/US$4.600 millones); y comenzó la cosecha de granos más grande de la historia en marzo/abril (145 millones de toneladas de maíz y soja/US$33.500 millones).

Arrastrada por la producción agroalimentaria, la recuperación se generalizaría en el segundo trimestre con un alza de +1,6%, que treparía a +3% en julio/agosto/septiembre, para alcanzar a +4% en los últimos 3 meses del año (Orlando Ferreres ha actualizado esta cifra y la ha llevado a 6% anual).

Conviene descreer de los pronósticos: es el mundo del pálpito. Lo que es seguro, una certidumbre surgida de un conocimiento a fondo de la historia argentina, es que la única posibilidad de que Cristina Kirchner se imponga en octubre/noviembre es que se produzca un colapso de la economía argentina, con una crisis cambiaria de igual o mayor intensidad que la de 2018.

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