El efecto De la Vega en arteBAEconomía 

El efecto De la Vega en arteBA

Pinceladas de buen gusto

Los ecos de la venta de una antológica pintura de Jorge de la Vega en la última edición de arteBA trascendieron los límites de la Rural y extendieron su efecto mediático a los programas políticos. Esa venta, estimada en 1.300.000 dólares, fue la noticia de la feria y tiñó con su efecto todo lo que vino después. El dato confirma la mínima dimensión del mercado argentino y, también, la necesidad de levantar la vara de las cotizaciones. Si De la Vega escala a la altura de su talento, el impulso se derrama sobre el resto.

A esta altura, importa menos saber quién lo compró que haber anotado un nuevo récord para el arte argentino en un escenario de altísima visibilidad.

El valor más alto pagado en una venta pública, en este caso una subasta, corresponde a los 800.000 que le costó a su nuevo dueño una pintura de Pettoruti en un remate neoyorquino.

El innovador platense ha sido siempre uno de los elegidos del alto coleccionismo, desde que el empresario Carlos Pedro Blaquier pagó en los 80 más de 200.000 dólares por
Quinteto.

Vender un cuadro en una feria visitada por 100.000 personas tiene un efecto mediático inmediato, al que le siguen las miles de selfies
con el fondo del gigantesco mural que hizo De la Vega, exhibido por primera vez en 1967 en una muestra del Instituto Di Tella. Perteneció a Ricardo García (el histórico dueño del diario

Crónica
), luego a Ricardo Grüneisen (Yenny-El Ateneo) y su último dueño fue el belga Bruno Barbier, un coleccionista exquisito, radicado en Mónaco, exmarido de Juliana Awada y padre de Valentina, hija de ambos.

Para el mercado, el batacazo de De la Vega fue un estímulo adicional y consagró a la joven galerista María Calcaterra, sobrina del presidente Mauricio Macri, que tiene una hija de tres meses llamada Franca. Ese mural psicodélico de De la vega logró enhebrar “plásticamente” los circuitos del poder.

Tal como estaba previsto los galeristas ajustaron la oferta al momento económico. La crisis y el superdólar exigían obras de calidad, que sumaran al valor intrínseco el plus de ser reserva de valor. Y así lo hicieron. Hubo buenas ventas y los galeristas se fueron contentos a su casa con algunas ventas por cerrar en los próximos días.

Pero fue sin duda el “millón de dólares” lo que cambió la escena y el ánimo de muchos. ¿Y si esta es la última oportunidad? ¿Por qué no me doy el gusto y compro esa obra que me encanta? Esta idea pasó por la cabeza de muchos.

Mención aparte merecen las ventas institucionales mediante el Programa Matching Funds, que achica la distancia para sumar patrimonio a los museos.

El Banco Ciudad, siempre un activo socio del arte, le dio una mano al Museo Castagnino de Rosario; al Timoteo Navarro, de Tucumán, y al Nacional de Bellas Artes.

arteBA 2019 marcó también un buen comienzo para el Banco Santander, que debutó como
main sponsor y sumó, además, la compra de una vista de la Plaza San Martín, de Nicolás García Uriburu, que será destinada al nuevo edificio corporativo de Paseo Colón y Juan de Garay.

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