¿De qué hablamos cuando hablamos de refinanciar la deuda?Economía 

¿De qué hablamos cuando hablamos de refinanciar la deuda?

Los principales candidatos de la oposición, Alberto Fernández y Roberto Lavagna se reuniones en la semana con  el Director del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI, Alejandro Werner.

Según los trascendidos y con distintos matices, ambos plantearon la necesidad de refinanciar los vencimientos de los próximos años del préstamo que por US$ 57.100 millones recibió la Argentina en la gestión de Mauricio Macri.

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El acuerdo entre la Argentina y el Fondo Monetario establece el siguiente cronograma de pagos: 2021: US$ 3.800 millones;2022: US$ 18.500 millones; 2023: US$ 23.000 millones; 2024: US$ 10.100 millones y 2025: US$ 1.800 millones.

Es claro que con esa fotografía, Mauricio Macri, Alberto Fernández, Roberto Lavagna y cualquier político argentina coincidirá en que los compromisos de 2022 y 2023 resultarían impagables en el caso de que la Argentina no lograse volver a conseguir fondos en el mercado internacional.

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Una primera mirada, a su vez, diría que ningún banquero o fondos internacional estaría dispuesto a prestare a un país que tiene ese nivel de compromiso con el FMI que, por otra parte, siempre es un acreedor privilegiado.

Pero, ¿de qué se habla cuando se discute sobre la necesidad de refinanciar deuda para que la Argentina no vuelva a caer en default?

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En estos días, la respuesta más difundida es que sería necesario renegociar con el Fondo el repago del préstamo “stand by” que está vigencia permitiendo acceder a un crédito de facilidades extendidas (Extended Fund Facility-EFF) que implicaría reprogramar vencimientos hasta por 7 años pero a cambio de que el país se comprometa a “reformas estructurales” (léase laboral, impositiva, previsional)

Pero los mercados están mirando otra deuda que son los US$ 125.000 millones en bonos que flotan y sobre los que existen duda sobre si la Argentina podrá cumplir con el repago.

Para hacer frente a esos compromisos la Argentina necesitaría entre US$20.000/US$25.000 millones anuales y ese financiamiento hoy parece solo alcanzable si retorna al mercado internacional de crédito.

Así el gobierno que asuma el próximo 10 de diciembre tendrá el doble cerrojo de tener que renegociar con el FMI para alargar el pago de la deuda y permitir una baja de la tasa de riesgo país ( en estos días en 840 puntos que es lo mismo que decir que el mercado está cerrado para el país) que, a su vez, le abra las ventanas al financiamiento externo.

El andarivel por el que deberá transitar el próximo gobierno es estrecho y cada lector podrá sacar sus conclusiones sobre las chances de Mauricio Macri-Pichetto o Fernández-Kirchner para llegar a buen puerto.

Mientras tanto los contendientes buscan imágenes que le permitan emitir señales de confianza al mundo y a los acreedores.

El diálogo informal de los presidentes Mauricio Macri y Donald Trump en el inicio de la reunión de líderes del G20 en Japón ratifica la idea de cercanía entre la Argentina y los EE.UU. que tanto se valoriza en el mundo empresario y que fue clave para la llegada de los dólares del FMI.

Otra imagen fue la de la reunión de Alberto Fernández y Alejandro Werner en la que el candidato kirchnerista adelantó la necesidad de renegociar los pagos al FMI con el trasfondo, siempre mencionado, de la voluntad de pago.

Un detalle de esa reunión fue que a Fernández lo acompañaron su jefe de campaña, el politólogo Santiago Cafiero, y dos economistas, Matías Kulfas y Cecilia Todesca de la línea “dura” de la ex presidenta del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont. O sea, no estuvieron ni Guillermo Nielsen, ex negociador de la deuda pública en tiempos de Roberto Lavagna, ni Emanuel Alvarez Agis, que son menos refractarios frente a los mercados.

Un lugar común en comunicación es que : “una imagen vale más que mil palabras” y el retruco viene por el lado de que: “una imagen llega más rápido al lector pero no siempre vale más que el texto”.

Ese juego está en danza en materia financiera: la foto de la deuda que se discute se presenta como de muy difícil cumplimiento aunque las puertas de la negociación están abiertas y los discursos políticos tienden, en la superficie, a la moderación.

Los dólares del FMI le sirvieron al Gobierno para la consolidación de una pax cambiaria, la mayor en varios meses, que le permite esperar una baja de la inflación y una mejor perspectiva electoral.

Los operadores de los mercados captan las imágenes y aprovechan la quietud del dólar para apostar, por ahora, a las colocaciones en pesos. La política, mientras tanto, se prepara para empezar a jugar los partidos de fondo.

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