Jorge Faurie: “No podemos conservar una política arancelaria que proteja indefinidamente”Economía 

Jorge Faurie: “No podemos conservar una política arancelaria que proteja indefinidamente”

Bruselas (corresponsal).- El canciller Jorge Faurie no parece muy cansado a pesar de las maratónicas jornadas de negociación que acaba de vivir y que concluyeron este viernes con un principio de acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea (UE). Faurie atiende a Clarín más tiempo del pactado, en el vestíbulo de un pequeño hotel del barrio Chatelain de Bruselas, a pocos metros de las oficinas de la Misión Argentina ante la UE. Fuera, la ciudad arde con sus 35 grados.

– Mercosur y Argentina tienen en el mundo una imagen proteccionista. ¿Cómo cambia eso este acuerdo?

– La imagen de Mercosur está cambiando porque particularmente a partir de 2016 Mercosur ha emprendido una campaña de vinculación con diferentes espacios regionales, de los cuales el más importante es el de la UE. Pero estamos negociando al mismo tiempo con Canadá, con Corea, con Singapur, con los países de la EFTA (Noruega, Islandia, Suiza y Liechtenstein). Y ya indicamos que tenemos interés en hacerlo con Japón y con Nueva Zelanda. Son negociaciones en curso en este momento. La mejor forma de probar la vocación de ser un espacio económico más abierto, más flexible, más vinculado al mundo está claramente establecida.

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– La UE es un gigante regulatorio. ¿Este acuerdo puede marcar las formas de los futuros acuerdos de Mercosur?

– A través de este acuerdo, nosotros incorporamos al Mercosur una enorme institucionalidad. Pero la que decidimos aceptar o practicar con la UE no necesariamente tiene que ser la que vamos a usar por ejemplo con Canadá. Si bien todas terminan pareciéndose, pero no puedo fijar a priori que lo que haga con Canadá va a ser exactamente igual que lo que hice con la UE.

El canciller, Jorge Faurie, pudo ponerle la firma al acuerdo después de una semana de negociaciones de los técnicos. Foto: Juano Tesone

– Más allá del aumento de los intercambios comerciales y de que la relación con Europa no es nueva, ¿en qué la cambia este acuerdo?

– Todos los países del Mercosur tenemos relaciones políticas de larguísima data con los países europeos. Somos países que en cierta medida estamos modelados de acuerdo a los patrones que tienen la política, la cultura, la sociedad, la investigación en Europa. Quizás el que tiene mayor vínculo, en el modelamiento, con los Estados Unidos puede ser Brasil. Pero el conjunto de los países de Mercosur comercia de la misma forma, tiene las mismas estructuras políticas, tiene similares estructuras sociales, unidades científicas muy parecidas, casi todo el elenco dirigencial se ha formado en algún país europeo o ha tenido alguna etapa en algún país europeo. Las estructuras partidarias, las ideas políticas…somos mundos muy parecidos. Eso ya existe y eso nos ha permitido avanzar de manera rápida. Lo difícil por la disparidad del desarrollo era la parte económica y comercial. Porque además el Mercosur, en los 20 años de negociaciones, se convirtió en una potencia agropecuaria de una eficiencia extraordinaria.

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– ¿Esta mejora de la relación puede llevar a una mayor coordinación en política internacional? Pienso en crisis como la de Irán o la de Venezuela.

– Esto es un acuerdo de libre comercio. Uno lo mantiene habitualmente con naciones con las que comparte valores, ideas, una similar visión del mundo. Argentina tiene desde hace muchos años una disputa que es en fondo política, filosófica y de seguridad con Irán. Sería muy difícil que pudiéramos tener un acuerdo con Irán. Muy complicado. Pero de la misma manera tampoco yo voy a sostener todas las ideas que sostiene la UE ni la UE va a comprar todas las ideas que nosotros sostenemos. Por ejemplo en Venezuela sí tenemos coincidencia de visiones de qué queremos. Tanto la gran mayoría de la UE como el Mercosur decimos “ahí no hay democracia, queremos democracia”. En esto y en muchas otras cosas habrá coincidencias, pero no necesariamente vamos a tener políticas exteriores comunes.

– En Argentina el sector que más teme el acuerdo es el industrial. ¿Tiene que temer el acuerdo?

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– No. A lo largo de 20 años de negociación hemos ido pudiendo explicar a los distintos sectores cuáles eran los beneficiados y cuáles los que podían verse perjudicados. Y cuáles eran las medidas que podíamos tomar para darles la protección correspondiente. En las líneas acordadas hay sectores que tienen protección por un tiempo porque tienen una debilidad relativa, es una definición de un tiempo para estar en condiciones de ser competitivos. No podemos continuar teniendo indefinidamente una economía cerrada en la que el proteccionismo opera como barrera que protege la ineficiencia y genera dentro de ese sector un núcleo de privilegio. Como no tienen que competir con nadie venden de la forma que quieren y al precio que quieren. Para, para esos sectores que tienen que adecuarse, hay un tiempo y una paulatina reducción arancelaria. No hablamos de nuevas tecnologías que requieren todo el apoyo en la fase inicial. Pero por ejemplo, la industria textil, la industria del calzado…si en 70 o 100 años no pudieron competir, no podemos conservar una política arancelaria que proteja indefinidamente. Obviamente hay mano de obra involucrada. Por eso es un acuerdo de libre comercio, no un acuerdo de protección arancelaria. Se trata de ir ganando competitividad. El industrial tiene que prepararse para competir con Francia, con Grecia…ver cómo integra su producción a lo que hace la UE. Beneficiarse de tener acceso a la tecnología, la maquinaria, para hacerlo de manera mucho más eficiente.

– Estamos en años de proteccionismo. Aliados tradicionales como Europa y EE.UU. se relacionan a través de represalias comerciales. ¿Qué mensaje envía este acuerdo al mundo?

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– Es el mensaje de que tenemos que tener una vinculación inteligente, equilibrada y balanceada que nos permita preservar los flujos de comercio. Y como tenemos una base común, cultural, política, de valores, podemos hacerlo con una discusión racional de los aspectos económicos y comerciales. Poniéndonos barreras arancelarias sabemos que lo único que hacemos es achicar el comercio. La discusión entre la UE y EE.UU. o entre EE.UU. y China ha achicado el comercio y lo ha complejizado. Están queriendo reafirmar valores que preexisten a la política comercial, como la disputa tecnológica o estratégica. Bien, pero se paga un costo en términos de comercio y eso tiene un costo en términos de productividad y de empleo. Nosotros estamos en una situación muy frágil de nuestras estructuras sociales. Tenemos que vencer la pobreza que predomina en nuestros países, por lo tanto yo no tengo espacio para tener guerras estratégicas ni guerras tecnológicas. A mí lo que me interesa es ver cómo hacer un comercio inteligente.

El canciller, Jorge Faurie, junto a Horacio Reyser y Dante Sica luego del a firma del acuerdo.

– Una política más pragmática que ideológica.

– El Mercosur es absolutamente pragmático porque tenemos componentes diferentes. Brasil hoy representa un cierto ideario de una nación que valoriza el papel de “Primero Brasil”. La sociedad argentina es hiper-democrática, hiper-libertaria, donde todo el mundo dice todo, vivimos todos permanentemente manifestándonos y todo se respeta. El Uruguay lleva adelante un modelo de social-democracia latinoamericana con valores afines al progresismo…la sociedad paraguaya también es diferente. En ese conglomerado nosotros no estamos para vender ideología. Al Mercosur, como a toda América del Sur, lo que le preocupa es hacer crecer el nivel de desarrollo de sus naciones porque sabe que a través del crecimiento y del desarrollo puede distribuir mejor y derrotar la pobreza, que es el gran elemento que le quita fuerza a nuestras sociedades.

– Europa ya lo hizo.

Se mataron entre ellos en dos guerras internas, en dos guerras mundiales. Y después dijeron “no tiene más sentido, hagamos crecimiento”. Tuvieron la suerte de tener a un tío en Estados Unidos que les mandó plata. Con esa plata crecieron y son hoy esta sociedad de bienestar increíble, que tiene que mirar cómo sostener ese bienestar porque la sociedad europea ha envejecido, tiene un nivel de desarrollo que no tiene el dinamismo que tenía, y entonces el Mercosur significa como haber llamado a los primos pobres y dar sangre nueva y un nuevo mercado de 280 millones de personas.

– Millones de argentinos lo escucharon emocionándose, casi llorando, cuando comunicaba el acuerdo al presidente Macri. ¿Qué significa esto para usted?

– Mucho. Yo fui el primer director de Mercosur en la Cancillería. Fui a Madrid en 1995 cuando el rey de España invitó a los cuatro presidentes de aquel entonces y al presidente de la Comisión Europea de aquel momento para firmar el acuerdo base que daba pie a las negociaciones. Fui vicecanciller, me tocó negociar muchas veces en esa etapa. Es como una visión que teníamos de cómo tenía que ser la política exterior de Argentina que termina consolidándose 25 años después. Creo que la fuerza de Argentina reside en parte en su inserción en el Mercosur. Y el acuerdo con la UE, modelado un poco sobre la experiencia de integración europea, es la posibilidad de tener un espacio económico ampliado. Pero básicamente para que los argentinos nos acostumbremos a ser competitivos. Y que estemos vinculados al mundo. Y que lo que yo produzco esté compitiendo con lo que produce un señor que está en el norte de África, o en Asia, o en Europa o en EEUU. Que el mundo es hoy nuestro socio y nuestro oponente a persuadir. Para mí fue un logro.

NE

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