El Club de París y la ICMA apoyaron el uso de las mismas cláusulas de acción colectiva que propone GuzmánEconomía 

El Club de París y la ICMA apoyaron el uso de las mismas cláusulas de acción colectiva que propone Guzmán

El Club de París publicó como parte de su memoria anual este martes un artículo en favor del uso de las “cláusulas de acción colectiva (CACs) mejoradas” que elaboró la ICMA en 2014. Se trata de la misma normativa que el ministro Guzmán defiende para la reestructuración de la deuda.

El artículo escrito por el director gerente de la Asociación Internacional del Mercado de Capitales (ICMA), Leland Goss, defiende la arquitectura financiera que ellos mismos desarrollaron en 2014 para evitar que las reestructuraciones de deuda se conviertan en terreno fértil para litigios con holdouts y, a veces, también fondos buitre. Este enfoque contractual es el que pretende utilizar la Argentina para la nueva operación de reestructuración de la deuda y que una parte de los acreedores rechaza al tiempo que exige que se usen las de 2005.

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El artículo Goss remarcó que las CACs mejoradas fueron “un logro significativo que utilizaron el 90% de la nuevas emisiones” que se hicieron a partir del 2014, y que fueron resultado de “un gran esfuerzo grupal con el apoyo del sector privado, así como del G20 (Grupo de los Veinte), el FMI (Fondo Monetario Internacional), el Banco de Francia, el Club de París, el Tesoro de los Estados Unidos y otras organizaciones oficiales del sector”.

Goss también puntualizó que “los nuevos términos del contrato surgieron en respuesta a la acción de los acreedores holdout y su capacidad para frustrar y potencialmente derrotar la reestructuración de una deuda soberana exitosa”, justamente debido a los casos recientes de la Argentina y Grecia.

Este esquema “contractual” es el que predominó en el mundo, en detrimento del enfoque estatutario – votado en Naciones Unidas por el 2015- de formar un tribunal internacional de quiebras soberanas, y que promovieron en estos últimos años economistas, entre ellos Joseph Stiglitz.

Respecto de las reestructuraciones, Goss advirtió que “las reformas de los contratos de bonos soberanos tienen algunas deficiencias claras”, en primer lugar porque “sólo pueden usarse desde el momento de su disponibilidad en nueva deuda: generalmente no es posible modificar retrospectivamente los términos de los bonos emitidos previamente”.

A medida que la deuda de un soberano se reemplaza por bonos con los nuevos términos, explicó, el riesgo de interrupción del holdout se reduce, pero ese riesgo continúa hasta que suficientes bonos nuevos con los nuevos términos reemplacen los bonos antiguos.

En segundo lugar, advirtió que “cambiar los términos de la deuda soberana (fuera de la zona del euro) casi siempre será voluntario”. Precisamente por esto los acreedores de los títulos emitidos en 2005 y 2010 en la Argentina se niegan a las cláusulas que propone Guzmán. Las cláusulas de “primera generación” de los bonos en su poder son más favorables a los intereses de inversores, en términos de constitución de mayorías y de plazos para litigar en caso de un eventual incumplimiento en los pagos.

El especialista alertó que “puede haber una línea muy delgada en el intento de optimizar los incentivos entre inversores y prestatarios, que es difícil de lograr”, y deslizó por último que la solución última depende de la voluntad de las partes, más que de reglas establecidas, y no ocultó su preocupación al respecto en el contexto de la pandemia mundial y la amenaza de varios defaults soberanos en puerta.

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