GPS inversor: si las cosas cambian, es lógico cambiar de opiniónEconomía 

GPS inversor: si las cosas cambian, es lógico cambiar de opinión

12 de julio de 2020  • 00:00

Si algo aprendí en el mercado financiero es que cada mañana, luego de leer y analizar las noticias del día, debo preguntarme si volvería a tomar las mismas decisiones de inversión a pesar de los cambios de escenarios percibidos. Si la respuesta es “no haría lo mismo”, entonces debo cambiar el rumbo, sin importar el resultado. Las decisiones financieras se deben tomar en función de lo que se espera que suceda en el futuro y no sobre la base de lo que uno esperaba que sucediera en el pasado.

La mayoría de los errores suelen empeorar cuando uno trata solo de negarlos, ocultarlos o emparcharlos. Tenemos que aprender a juzgar las decisiones económicas, financieras, o incluso políticas, no por sus intenciones, sino simplemente por sus resultados.

Amigo lector: las cosas cambian. Les dejo una interesante reflexión

talebsiana

: “Piensen ustedes que Francia conquistó muchos países africanos. Entre otros propósitos, tuvo la intención de inculcar en esos países el consumo de

croissant

; sin embargo, el resultado logrado fue que el cuscús se convirtiera en el alimento más demandando en Francia”.

Ahora sí, el placer de recibirlos nuevamente en este espacio y agradecerles de antemano por interesarse. Esta vez el texto será bastante financiero. Y voy a recurrir a una adaptación del famoso y premiado cortometraje mexicano

Guan Jondred dollar

, para luego intentar hacer un GPS de inversiones para estos momentos inciertos en términos epidemiológicos, pero bastante predecibles en materia económica, dado el rumbo que eligió emprender la política.

La historia cuenta que es agosto y en una pequeña ciudad de la costa, en plena temporada, cae una lluvia torrencial y hace varios días que parece desierta. Hace tiempo que la crisis viene azotando este lugar, todos tienen deudas y viven basados en créditos que ya casi nadie cumple. Por fortuna, llega un millonario extranjero con ánimos de invertir y entra en el único pequeño hotel del lugar. Pide una habitación. Pone un billete de US$100 en la mesa del recepcionista quien, emocionado, le da a elegir la habitación que más le guste. El turista se va a ver las habitaciones. El dueño del hotel toma el billete y sale corriendo a pagar sus deudas con el panadero, ya que por la mañana debería preparar un rico desayuno incluido en el precio del cuarto.

El panadero toma el billete y corre a pagar su deuda con el vendedor de café, harinas y azúcar (ingredientes necesarios para preparar su mejor desayuno). Este sale corriendo para pagar lo que le debe al molino proveedor de alimentos. El dueño del molino toma el billete al vuelo y corre a liquidar su deuda con su ex esposa, María, reconocida en el pueblo por su capacidad de hacer brillar todo lo que limpia y decora, pero que más de una vez tuvo que pedirle prestado a su amigo, el dueño del hotel. María con el billete en la mano sale para el pequeño hotel y le entrega el billete a su dueño para saldar sus deudas y, de paso, ofrecerse para dejar muy digna la habitación elegida por el huésped. En este momento baja el millonario, que acababa de echar un vistazo a las habitaciones, dice que no le convence ninguna, toma el billete y se va.

¡Nadie ha ganado un centavo, pero todos pudieron pagar sus deudas! ¡Y ahora miran el futuro con confianza!

Señores, este conocido y simple cuento nos enseña que la rotación del dinero es más importante que el dinero en sí, y que si una sociedad desconfía y solo ahorra, guarda y esconde en lugar de invertir, la economía se queda sin circulante. Y si el dinero no circula, no hay consumo, sin consumo no hay ventas y sin ventas no hay trabajo; sin trabajo no hay ahorros y sin ahorros no hay posibilidad de inversión. Así se genera el círculo vicioso en el que vivimos hace demasiados años ya.

Solo si el ahorro se transforma en inversión se genera trabajo y, con él, se genera un consumo genuino y duradero; en ese caso hay más ventas, más ahorro y por conveniencia, más inversión? y así ? hay un círculo virtuoso.

Vamos a la versión argentina de ese mismo cuento .

Es enero y en una pequeña ciudad de la costa, en plena temporada, cae una lluvia torrencial y hace varios días que parece desierta. Hace tiempo que la crisis viene azotando este lugar, todos tienen deudas y viven basados en créditos que ya casi nadie cumple. Por fortuna, llega un millonario extranjero con ánimos de invertir y entra en el único pequeño hotel del lugar. Pide una habitación. Pone $7000 (US$100) en la mesa del recepcionista quien, emocionado, le da a elegir la habitación que quiera. El turista se va a ver las habitaciones.

El dueño del hotel toma los $7000 y sale corriendo a pagar sus deudas con el panadero, ya que por la mañana debería preparar un rico desayuno incluido en el precio del cuarto. El panadero toma los $7000, pero le descuenta 10% de intereses, 21% de IVA, 3% de Ingresos Brutos y 1,20% del impuesto al cheque (recibió efectivo, pero lo descuenta igual porque alguien los tiene que bancarizar).

Quedan $4550 y el panadero corre a pagar su deuda con el vendedor de café, harinas y azúcar, ingredientes necesarios para preparar su mejor desayuno. Este le aplica un descuento parecido y quedan $2960. Y el vendedor sale corriendo para pagar lo que le debe al molino proveedor de alimentos. El dueño del molino toma el dinero al vuelo, por supuesto que, aplicando los descuentos del caso, y corre con los $1920 que quedan a liquidar su deuda con su ex esposa, María, reconocida en el pueblo por su capacidad de hacer brillar todo lo que limpia y decora, pero que más de una vez tuvo que pedirle prestado a su amigo, el dueño del hotel.

Como el fisco presume que va a arreglar el cuarto de un extranjero, le debita por adelantado $500 por derechos de exportación y $420 por renta presunta. María llega al hotel con solo un billete de $1000 y, de paso, se ofrece para dejar muy digna la habitación elegida por el huésped.

En ese momento baja el millonario, que acababa de echar un vistazo a las habitaciones, pero dice que no le convence ninguna. Le devuelven solo un billete de $1000 y exclama: “¡¡¡En este lugar no se puede confiar, te estafan, puse US$100 y me llevo $1000 y ni siquiera usé las instalaciones, no vuelvo más!!!”. La buena noticia es que como son menos de US$200 dólares, el Banco Central le deja comprar a $74 y se lleva US$13 (sin impuesto, por ser no residente).

Bueno, no tan mal. Pudo al menos recuperar el 13% de la no inversión; ni quieran imaginar cuanto perdería si hubiese invertido en la economía real. Y que no se queje: le pasa por confiar. Con el salario y la jubilación de un argentino no pasó algo muy distinto. El problema no son los dólares, sino que no tenemos una moneda que sirva de ahorro, y sin ella no hay inversión y sin inversión?.

En este macro, entonces, copiando el título del programa de Mariano Otálora, analicemos: ¿qué hacemos con los pesos? Estamos en un escenario bastante predecible por ahora, trabajando sobre el supuesto de que la Argentina arregla gran parte de su deuda, sobre todo con los inversores locales, los que ahorraron en la Argentina. Confío en que sí. Debo reconocer que nuestro país terminó haciendo una propuesta muy lógica y debería tener una alta aceptación.

Supongamos una cartera de inversión de $100.000. Compraría $20.000 en bonos argentinos a reestructurar: hoy valen el 40% de paridad, y si la Argentina arregla con cierto éxito, para mí podrían valer luego 53% de paridad. No invertiría mas del 20% del portafolio, porque el estrés de la negociación será complicado y la volatilidad del mercado puede afectar la resistencia del inversor. Solo el 20%. Fácil, consulte a su ALYC o agente de bolsa de confianza. En la página

www.

byma.com.ar podrá consultar todo lo que necesita saber.

Suscribiría por $40.000 cuotapartes de un fondo común de inversión

dólar linked

. Es el que replica la variación del dólar oficial, ya que despacito viene apreciándose a un ritmo del 45% anual y seguramente seguirá haciéndolo; entonces ese, para mí, es el rendimiento mínimo esperado.

Compraría por $25.000 un bono que ajuste por inflación (CER), o invertiría en un plazo fijo que ajuste por inflación, si bien el índice de precios es más bajo ahora porque están todos los servicios casi congelados. Pero, tarde o temprano, por el exceso de emisión monetaria como única fuente de financiamiento, o por la puja de salarios, la expectativa inflacionaria irá aumentando y seguramente alcanzará los niveles del año pasado.

Por último, con $15.000 compraría acciones de empresas que fabriquen en el país productos que ajusten por dólar oficial; si son proveedoras de la construcción, mejor. Creo que si hay repunte, vendrá por ese rubro.

Creo que en la economía real llegó el momento de acopiar mercadería, sobre todo si tienen precios internacionales. Aunque hoy no haya muchas ventas, siempre fueron el mejor refugio de valor. Entendiendo que el mayor riesgo de la Argentina de hoy no son solo los precios, sino el abastecimiento, por la falta de inversión.

Esta es mi opinión, al menos para estas semanas, pero si las circunstancias o el camino elegido cambian, el GPS dirá “recalculando”. Porque cuando las circunstancias cambian, es lógico cambiar de opinión. ¿Usted no lo haría?

ADEMÁS

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Articulos relacionados

Leave a Comment