El pulpo negro: una despedida con sabor amargo para Narciso Ibáñez Menta, “el gran maestro del terror”Espectáculos 

El pulpo negro: una despedida con sabor amargo para Narciso Ibáñez Menta, “el gran maestro del terror”


Narciso Ibáñez Menta en El pulpo negro

En el marco de una elegante cena, la voz inquietante, profunda y penetrante de Héctor de Rodas -o Arturo Leblanc como se sabría después- le explicaba pausadamente a sus cuatro invitados, todos asesinos a sueldo: “Yo pienso que una muerte violenta, más concretamente… un crimen, puede ser una auténtica obra de arte. Pronto comprenderán por qué les explico esta teoría sobre ‘El arte de matar'”. Instantes después desarrollaría su plan: cada uno tendría que matar a una persona elegida al azar por él, y dejar sobre el cadáver un pulpo negro a modo de rúbrica.

A mediados de 1985, con 72 años de vida y de carrera (hijo de artistas, entró a un escenario ocho días después de nacer), el asturiano Narciso Ibáñez Menta ya era una leyenda del terror tanto en Argentina como en España. A pesar de haber renegado en innumerables ocasiones de la etiqueta “el hombre del miedo” y preferir la de actor de teatro, su veneración a Lon Chaney y una sucesión de éxitos en televisión como Historias para no dormir, El hombre que volvió de la muerte, ¿Es usted el asesino?, El fantasma de la opera, El muñeco maldito o Hay que matar a Drácula, lo colocaron en un sitial en el que nadie había estado antes y ningún otro ocupó después.

Por eso, el anuncio de un nuevo proyecto de misterio para canal 9 que lo tendría como máximo protagonista despertó el entusiasmo del público y del periodismo especializado. Sin embargo el regreso de “el maestro del terror” a la televisión argentina, en el que sería su última incursión en el género, en un primer momento destiló un sabor amargo. Y más adelante se convirtió en objeto de culto.

Teoría y práctica del crimen perfecto

Alejandro Romay, por entonces dueño de canal 9, era muy amigo de Ibáñez Menta. Habían trabajado juntos en el pasado, tanto aquí como en España, y soñaba desde hacía tiempo con tenerlo nuevamente en su pantalla. El ofrecimiento fue sin condiciones, o más bien con una condición: que el libro tuviera el seguimiento y la aprobación absoluta del actor.

Agradecido por el voto de confianza, el intérprete convocó al español Luis Murillo, guionista que conocía bien, para que le desarrollara una historia. Murillo recurrió a la vieja idea cinematográfica de la muerte como venganza, y le agregó todo lo necesario para que quedara a la medida del intérprete. Así, el protagonista no solo era una persona culta y refinada como Narciso, sino también un actor brillante como Narciso, y un maestro en el arte del disfraz. Como Narciso.

“Es una novela de intriga de trece capítulos“, explicaba entonces. “Tiene dosis de suspenso, misterio y algo de terror. En resumen, lo que el público espera de mí“. En la imaginación del actor, El pulpo negro sería una superproducción imponente y escalofriante, que cerraría con broche de oro una carrera legendaria. Para ello se rodeó de actores amigos, que ya habían trabajado con él como Beatriz Día Quiroga, Oscar Ferrigno o Juan Carlos Galván, y pidió en la dirección a otra compañera de años, la talentosa Martha Reguera. Nada podía salir mal.

¿O sí? La austera realidad argentina no estaba en sintonía con la magnitud esperada. Y a medida que se fue acercando el momento de comenzar las grabaciones, la precariedad timoneó el proyecto llevándolo hacia aguas bastante más turbias.

Un adios con penas y gloria

En el documental Nadie inquietó más, de Gustavo Leonel Mendoza, Juan Carlos Puppo recuerda con amargura aquellos primeros ensayos: “El Canal 9 no cumplió con él con lo que le había prometido para esas grabaciones. Hubo efectos que no se pudieron hacer. Él quería presentar al personaje, poniendo a los que íbamos a ser los asesinos alrededor de una mesa muy larga. Entonces, estando charlando nosotros ahí, de pronto se abría la mesa y él aparecía de pie. Era un efecto que él amaba hacer, y que no se pudo concretar. Cuando fuimos al primer ensayo de El pulpo negro, todos en el elenco teníamos en nuestra mesa el libreto porque creíamos que íbamos a leer, pero Narciso no lo tenía. Y entonces hizo el capítulo de memoria”.

Durante tres meses, Murillo (en España) y Narciso (en Argentina) discutieron y mantuvieron una comunicación fluida a través de los guiones que el primero mandaba cada semana vía Aerolíneas Argentinas.

A pesar de los tropiezos y de la evidente precariedad del resultado, El pulpo negro fue un éxito de audiencia, cada jueves entre mayo y julio de 1985, los televisores argentinos se prendían para seguir cada uno de aquellos asesinatos por encargo, muchos de ellos sumamente creativos. Con picos de 22 puntos de rating el programa quedó entre los más vistos de entonces (se llegó a decir erróneamente que competía con División Miami, pero la serie norteamericana iba por el mismo canal), provocando algunas consecuencias que a la distancia resultan llamativas.

Un fenómeno de marketing

Gracias a El pulpo negro, Narciso Ibáñez Menta fue descubierto por el público infantil, mimetizado por el entusiasmo de padres y abuelos. Aquellos chicos de diez, doce o trece años que evadían el horario de protección al menor para sumarse a la complicidad de la propuesta, hoy son adultos a los que todavía se les dibuja una nostálgica sonrisa cuando escuchan su nombre.


El juguete del programa hoy es considerado una rareza.

El otro fenómeno producto de la serie y de esa nueva audiencia conquistada fue el marketing que se desarrolló en torno a ella. Cuando transitaba su último tercio, comenzaron a verse en kioscos y jugueterías los famosos pulpitos de goma que aparecían en la historia, merced a comerciantes ávidos de un ingreso inmediato. Al no ser productos oficiales, Ibáñez Menta no vio un centavo del furor que había despertado con su idea. Hoy, el juguete de goma se vende en sitios de subastas en alrededor de 8 mil pesos.

En retrospectiva se pueden encontrar también otras curiosidades producto de la realización, como el desnudo parcial de Cristina Lemercier (en un papel de fuerte carácter sexual, muy alejado de la imagen de Señorita maestra), o la incomprensible aparición de la actriz Silvia Nolasco, en un giro de la trama que daba a entender que se trataba de Ibáñez Menta disfrazado de mujer.

Aunque tal vez el más recordado tenga que ver con el desenlace, en la que se empalmó el auto en el que huye la protagonista con una escena de acción de una serie de televisión ochentosa (algunos dicen que era Brigada A) donde explota un vehículo. No solo el contraste entre las dos secuencias es visualmente absurdo, sino que ambos coches no se parecen en nada. Este momento quedó en la historia como uno de los más bizarros que se vio en una serie de ficción nacional.


Anuncio de El pulpo negro.

Como se dijo, Narciso Ibáñez Menta -que murió en Madrid el 18 de mayo de 2004- no quedó conforme con El pulpo negro, pero su público sí. Aun cuando este coincidía con la pobreza estética del programa, la audiencia decidió abrazar el involuntario aspecto lúdico de la propuesta, casi como una respuesta empática a quien les había dado tantos buenos momentos en el pasado. Fue así cómo el legado del programa se mantuvo intacto hasta el presente.

El pulpo negro ataca de nuevo

La idea original de Alejandro Romay y Narciso Ibáñez Menta era realizar una remake de El pulpo negro en España, con equipo y elenco local. Por diferentes motivos el proyecto nunca llegó a realizarse, pero fue el germen para que en 1989 el realizador español Sebastián D’Arbó (que había trabajado en numerosas ocasiones con Narciso) filmara Cena de asesinos, película basada en la historia de El pulpo negro, que también tuvo a Luis Murillo entre sus responsables. Al verla, Ibáñez Menta se indignó: “D’Arbó la destrozó, agarró el libro y es como si lo hubiera roto en pedazos. Hizo un bodrio espantoso“, se quejaba con el periodista Alexis Puig en una entrevista televisiva.


Remake española de El pulpo negro.

Cena de asesinos fue un fracaso tan grande que hasta el propio director se desentendió de ella acusando al productor, y diciendo que gracias a ella había perdido las ganas de seguir haciendo cine. Curiosamente, en este film también intercalaron de la nada imágenes ajenas a ella -esta vez una avioneta- que generaron un escándalo al momento de su estreno.

Más acá en el tiempo, la revista especializada Cineficción comenzó a publicar un comic basado en el programa con el título de “Los crímenes del pulpo negro”. Otra muestra del recambio generacional que aún sigue con interés El pulpo negro.


Comic de El pulpo negro.

De todos los proyectos, el más ambicioso es el que actualmente lleva adelante Nicolás Onetti (Abrakadabra, Los olvidados) junto a su hermano Luciano, y los productores Roberta Sánchez y Hernán Moyano: una remake a realizarse el año que viene que consiste en un largometraje, y también una serie para plataformas digitales.

Consultado por LA NACION, el realizador habló en exclusiva sobre el proyecto: “Nos contactó Luis Murillo por otros proyectos, pero obviamente en la conversación salió El pulpo negro. A él le gustaba nuestro estilo, y aunque todos estos años había recibido muchas propuestas para hacerlo terminó firmando un contrato con nosotros. Van a participar él y su hijo, que también es guionista”.

El anuncio oficial de la nueva versión de El pulpo negro se hizo en la edición 2018 del Festival de Cannes, el proyecto cuenta con el apoyo del Festival de Sitges y del INCAA, y será coproducido por Nueva Zelanda, España y Argentina. “Nuestra idea es un doble formato. Por un lado una serie en la que se va a aggiornar la idea original. En este caso, Héctor de Rodas cita en su casa a cuatro ciudadanos comunes para probar que cualquier persona en una determinada circunstancia es capaz de matar”, explica Onetti. “Por otro lado también vamos a hacer una película donde se va a contar el origen del pulpo negro, con un De Rodas joven y cuáles fueron los motivos que lo llevaron a convertirse en esa figura despiadada”.

Gracias a ganar un concurso del INCAA, los hermanos Onetti pudieron filmar un teaser con el concepto general, y donde se puede ver una estética renovada que, sin embargo, no traiciona las fuentes. En él se escucha la voz de Miguel Ángel Solá encarnando al asesino, aunque el realizador asegura que todavía es muy pronto para adelantar algo sobre el elenco: “Tenemos firmado un acuerdo de confidencialidad con los coproductores, y todavía no podemos hablar de cast. Si Dios quiere, cuando termine la pandemia vamos a poder finalizar los guiones y seguir adelante”.

De acuerdo a la progresión del coronavirus en el mundo, lo más probable es que la serie de El pulpo negro comience a rodarse en 2021 y su estreno se vea postergado hacia finales del año próximo o inicios del siguiente.

Resta por ver qué lugar tendrá en la historia la figura de Narciso Ibáñez Menta; seguramente habrá alguna idea que lo recupere, si no en cuerpo, por lo menos en alma. Y de esa manera, resucite al igual que su última y escalofriante criatura televisiva.

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