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Alberto Fernández retomó la campaña: el detrás de escena de un acto con liturgia peronista, la mano del intendente y el regreso de La Cámpora

Del cachetazo a la caricia. Alberto Fernández regresó a José C. Paz, el mismo municipio del Conurbano en el que una semana atrás se enteró de la renuncia de Wado de Pedro y de otros cinco ministros, que jaquearon su administración y lo obligaron a resetear su Gobierno.

En 7 días, el escenario fue totalmente distinto. Del almuerzo en soledad en la residencia de Mario Ishii, con su mano derecha Juan Pablo Biondi, que ya no está, a la movilización oficialista más potente de la campaña. Aunque no fue tan multitudinaria, como demostraron las imágenes aéreas, alcanzó para plasmar una foto con el color de un peronismo prepandémico y su liturgia. Un detalle hermanaba los dos momentos, opuestos: el intendente de poncho rojo era y es el dueño indiscutido de casa.

Por eso, cuando llegó el turno de que lo anunciara el locutor de presidencia Miguel Angel Villarruel, que acababa de fundirse en un abrazo con el intendente de La Matanza Fernando Espinoza, Ishii fue el más aplaudido por los miles de militantes que llegaron en micros y por sus propios medios hasta el parque municipal El Fiador, adonde se levanta el Hospital Oncológico y la flamante Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de José C. Paz que el Presidente fue a inaugurar.

Se multiplicaban agrupaciones de referentes que le responden al intendente. Roque Caggiano, que con la bendición de Ishii ganó la interna del Frente de Todos en el distrito, era el único que ostentaba, además de banderas y paraguas, un inflable con forma de Zeppelin a 50 metros de altura. Para eso también sirven 5 mandatos al frente de un municipio.

Los hermano Caggiano también eran los dueños de la bandera más grande de la manifestación en la que sobresalían inconfundibles los retratos de Ishii y Néstor Kirchner, quien fue evocado tantas veces como la actual vicepresidenta.

Mario Ishii y su discurso encendido en el acto con el Presidente. Foto: Guillermo Rodriguez Adami –

El pueblo un día se va a levantar contra los medios, no tengo dudas”, pronosticó el intendente en su discurso, al referirse a las “pálidas” que se transmiten por televisión. Ishii también cargó contra la oposición. “Ya estuvieron y la gente los rajó. Dejaron un país saqueado”, sostuvo desde el escenario y cinco años después de llevarse el retrato del entonces presidente Mauricio Macri de la Casa Rosada. A su turno, el Presidente y el gobernador bonaerense también se diferenciaron del gobierno anterior y defendieron la gestión de la pandemia. Más de la mitad de los presentes llevaban barbijos.

No todos las banderas eran del alcalde: La Cámpora volvió a marchar. La organización que conduce Máximo Kirchner había estado ausente durante toda la campaña previa a las PASO. Este miércoles volvieron a desplegar sus banderas, aunque el clima estuvo lejos de ser eufórico. El presidente del bloque del FDT, que apoyó la presión de su madre sobre Fernández y Axel Kicillof, se sentó en la misma mesa que el Presidente y el gobernador. No llegó con ninguno de los dos.

No quedaron rastros de la estética minimalista y despojada con banquetas que proliferó durante toda la campaña. Había en su lugar una mesa larga y un atril. Detrás, banderas con los colores nacionales. El Presidente se ilusionó con el marco. “Te pasaste“, le dijo al intendente local poco después de bajarse del helicóptero junto al secretario general de Presidencia Julio Vitobello, el ministro de Obras Gabriel Katopodis y Juan Manzur. El nuevo jefe de Gabinete también se entusiasmó. “La vamos a dar vuelta“, le escucharon decir.

La militancia en el acto de José C. Paz. Foto: Guillermo Rodriguez Adami

Lejos de los protocolos, a la manera de (Néstor) Kirchner, el Presidente saludó a decenas de militantes antes del acto.

Kicillof, que compartió su primer acto con su flamante jefe de Gabinete Martín Insaurralde, fue el último en retirarse del escenario. Posaba para las fotos con las banderas que le tiraban desde el público. Victoria Tolosa Paz y Daniel Gollán, los candidatos por la Provincia del oficialismo, reaparecieron después de la derrota pero no hablaron ni se sentaron a la altura de la mesa principal; detalles.

Puntual, el ministro de Salud bonaerense, Nicolas Kreplak llegó a la hora señalada y debió escuchar forzosamente durante casi dos horas el mismo disco de Andrés Calamaro, que se repetía una y otra vez.

Máximo Kirchner posa para los militantes en José C. Paz. Foto: Guillermo Rodriguez Adami.

El Movimiento Evita, que -a pedido del Presidente- no pudo marchar a la Casa Rosada para respaldar a Fernández hace seis días, volvió a movilizarse como a lo largo de toda la campaña; una constante, al igual que la tensión permanente con La Cámpora.

El cotillón y folclore de los actos peronistas también regresó: bombos, trompetas,  pecheras y papel picado para terminar. Un hombre con barbijo de la UTEP sacaba choripanes y hamburguesas de un chulengo a $250. La promesa del presidente de reemplazar los planes sociales por trabajo genuino fue la más celebrada por la platea de adultos mayores que estaban más cerca del escenario, distinguidos con pulsera fucsia. La blanca era para trabajadores de la Salud; la amarilla, para prensa. La euforia la aportaron -más que la militancia- los discursos encendidos y –a los gritos– del Presidente y el gobernador. 

Antes de que todo arrancara, algunos destellos de la campaña de 2019 recobraron actualidad tras el cisma que resquebrajó el Frente de Todos la semana pasada. “Es con Alberto, es con Cristina, es con Todos“, decía una enorme bandera de Barrios de Pie. En otro sector, una militante que llegó muy temprano y se declaraba amiga del intendente repetía la misma consigna. Algunos flameaban las banderas argentinas que se distribuyeron antes de que llegara el mandatario, otros ensayaban una coreografía improvisada bajo las órdenes del locutor. Casa Militar no dejaba que se acercaran al escenario banderas con mástiles filosos, eran la última línea de un robusto operativo de seguridad que incluyó fuerzas federales y bonaerenses.

Los puestos ambulantes de memorabilia peronista vendían pines y remeras de Néstor y Cristina Kirchner, de Perón y de Evita y ninguno del Presidente. Se vendía uno con el eslogan de campaña: “la vida que queremos“, que ya no correrá más.

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