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El FMI pasa por caja en diciembre, los bonistas en enero y el Club de París en febrero: no hay dólares para demorar un acuerdo con el Fondo

Los sucesivos endurecimientos del cepo cambiario, el agregado del cepo turístico, el ultimátum a los bancos para que les vendan los dólares propios al Banco Central antes del 1 de diciembre, el seguimiento minuto a minuto de los dólares que liquida el campo, el reclamo del titular del Banco Central al FMI para que flexibilice condiciones con los países que le deben plata y la lista podría seguir, son señales inequívocas de que en el Gobierno crece la tensión -y la preocupación- por el nivel de reservas y porque pasan los días, el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional todavía es un gran interrogante, y el calendario avisa de los vencimientos de deuda que ya están a la vuelta de la esquina.

Mirar los vencimientos que hay hasta marzo, y mirar las reservas líquidas en poder del Banco Central ya debe ser un factor stress para los funcionarios. El calendario es este:

– El 22 de diciembre hay que pagarle US$ 1.800 millones al FMI.

– El 9 de enero vence un cupón de intereses de los bonos del canje, que en total suman 690 millones de dólares.

En enero hay otro pago al FMI por US$ 738 millones.

En febrero, US$ 379 millones al FMI y US$ 195 millones al Club de París.

En marzo, 2901 millones al FMI y US$ 1900 millones al Club de París.

En total. 8.714 millones de dólares. Las reservas llegan a US$ 6.000 millones, incluyendo los DEGs, según calcula el economista Fernando Marull. No alcanzan.

El Gobierno empezó a sumar en los últimos días definiciones públicas en el sentido de que se están haciendo todos los esfuerzos para arreglar cuanto antes con el Fondo Monetario Internacional. Guzmán insiste en que tiene que ser un acuerdo “sostenible” y que no ahogue la senda de recuperación que, según el ministro, están transitando la economía argentina.

El jefe de Gabinete, Juan Manzur, incluyó el siguiente párrafo en el discurso que leyó esta semana ante empresarios en el hotel Alvear: “Vamos a buscar un acuerdo con el FMI; estamos trabajando en eso con seriedad y responsabilidad, haciendo todos los esfuerzos para que las autoridades del organismo acepten un acuerdo que permita continuar el proceso de crecimiento económico que hemos comenzado, pero sabemos que ordenar el problema, resolverlo, desatarlo, concluirlo, va a llevar mucho tiempo y quedará como una carga histórica para la gestión anterior, que facilitó una fuga de divisas que no tiene equivalente en el mundo. Aún con esa conciencia de la complejidad del presente vamos a trabajar para lograr la consistencia macroeconómica que es necesaria para un desarrollo sostenible.” El matiz está a la vista. Qué pasa si el FMI no acepta el programa que le ofrezca la Argentina.

Pero aún si hubiera un final de negociaciones aceptable para la Argentina y para el FMI, la deuda con los acreedores privados que entraron al canje va a terminar siendo un dolor de cabeza.

El Gobierno -este y el que lo siga- va a tener que lograr la proeza de conseguir una sustancial baja del riesgo país (hoy cerca de los 1.900 puntos, o 19%) de acá a 2024, Ese año además de los cupones de intereses (renta), hay que empezar a devolver el capital (amortización) de algunos bonos. Paradójicamente, la primera amortización del 4% del capital está programada para que se pague el día de lndependencia, el 9 de julio de 2024, para el caso del AL30 y el GD30. Son cerca de 1.250 millones de dólares, que se suman al pago de intereses de 690 millones de dólares.

Lo del riesgo país es crucial, porque si la Argentina no regresa al mercado de capitales -imposible si hay que pagar una tasa del 20% anual- no hay manera de lograr el rollover sobre los vencimientos de capital.

Paradójicamente, Alberto Fernández, que suele decir que quiere lograr un buen acuerdo con el FMI para que el gobierno que lo siga no herede una bomba de tiempo, está dejando una bomba de tiempo con la deuda privada. A este paso, no habría que descartar un default justo el 9 de julio de 2024. No es algo antojadizo. Los precios de los bonos, dicen los analistas financieros en estos días, están mostrando que las chances de un default en 2024 o a más tardar 2025 son de un 90%.

Consultado por Clarín, un analista financiero analizó el posible escenario que se abra con la deuda en manos de acreedores privados.

“Si la decisión sobre la deuda la toma la política el razonamiento será: si el mercado ya negocia los bonos a precio de default, defualteemos”. Y sigue: “Si no fuera el caso, estará la oportunidad para empezar a reconstruir una relación con el mercado que va a requerir sobrecumplir metas. Entonces, probablemente haya un lugar para postergar vencimientos con acuerdo de los acreedores, pagar un poco y recuperar el acceso a los mercados para refinanciar gran parte de lo que haya que pagar”.

  Como se ve, un escenario bien complicado, que excede posiblemente este y el próximo mandato presidencial.

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