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La Reserva Federal abrió una nueva etapa histórica en los EE.UU.

La Reserva Federal elevó 0,75 puntos porcentuales la tasa de interés para enfrentar un nivel de inflación de 8,6% anual en mayo, la mayor alza de los últimos 40 años; y adelantó que este incremento va a repetirse por lo menos 7 veces este año y el próximo.

Esto ocurre con un precio de los combustibles de US$5,1 el galón (3,7 litros) en el promedio de los Estados, que alcanza a US$8 por galón en California, el mayor estado de la Unión.

Por su parte, el índice de precios de los alimentos aumentó 12% en los últimos 12 meses, la mayor alza desde abril de 1979.

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Lo fundamental es advertir que EE.UU. ingresó en una era histórica de altas tasas de interés, en la que se dejó atrás a una en la que el costo del dinero fue cero, o menos que cero. Este es un acontecimiento global.

Ahora se ha inaugurado un ciclo de elevación que puede durar varios años; y esto ha ocurrido en un contexto donde la ruptura de los aspectos de cooperación y coordinación del proceso de globalización que ha provocado la Guerra de Ucrania y las sanciones comerciales impuestas a Rusia por EE.UU., la Unión Europea, y Gran Bretaña, han disminuido estructuralmente las oportunidades de inversión.

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El hecho central de la época es de naturaleza geopolítica – la Guerra de Ucrania -, y ha tenido inmediatas y extraordinarias consecuencias económicas, que han desatado tres crisis extremadamente graves de alcance global: la alimentaria, la energética, y la inflacionaria; y esta última ha abierto ahora una nueva etapa en la historia del mundo, que es ejemplificada por la decisión de la Reserva Federal de elevar sistemáticamente la tasa de interés sobre los fondos federales, acompañada por la estrategia esencial del gobierno de EE.UU. de utilizar como un arma del conflicto geopolítico su dominio del sistema financiero internacional, y en especial su completa hegemonía del dólar, la divisa global.

Esto ocurre en EE.UU. cuando el conflicto interno se ha exacerbado, y la fractura y la polarización doméstica es la más grave de la historia norteamericana desde la Guerra Civil de 1861/1865; y de acuerdo al criterio primordial que le otorga a las cosas “…una oscura armonía”, la intensificación de la puja doméstica tiene lugar cuando la presidencia estadounidense en manos de un líder demócrata, Joe Biden, es una de las más débiles de su historia; y esto ocurre cuando según todas las encuestas los demócratas se aproximan a perder el control de las dos Cámaras del Congreso en noviembre de este año, probablemente en forma abrumadora, sin el cual no es posible gobernar la democracia norteamericana.

Todo indica que en EE.UU. ha comenzado una etapa de cambio histórico irreversible, cuyas consecuencias pueden ser semejantes en los próximos 4/8 años a los que ocasionó el fin de la Guerra Civil el 9 de abril de 1865, con la rendición del General Robert E. Lee en Appomattox.

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Lo que está en juego en EE.UU – y en el mundo – es un cambio de época, como adelanta la compra de Twitter, la mayor plataforma de intercomunicación digital del sistema global, por Elon Musk, que revierte el monopolio actual, que les otorga un poder superior a cualquier otro de la economía o del estado.

La ruptura del proceso de globalización implica también el fin, al menos temporario, de la convergencia económica de los países emergentes hacia el mundo avanzado (“Catching up”), que les permitió alcanzar sus estándares de vida en el esfuerzo épico de los últimos 40 años, todo esto acompañado de una disminución estructural de la capacidad de crecimiento del conjunto.

El punto crucial de esta situación es el siguiente: EE.UU., la primera y más avanzada superpotencia global, ha ingresado en una etapa de profunda contradicción interna, de altas tasas de interés, y de honda recesión en 2022/2023; y la única forma en que puede responder a este enorme desafío es a través de una profunda y completa transformación doméstica.

Esto seguramente se hará recurriendo a sus excepcionales recursos de innovación, lo que probablemente ocurrirá en una doble dirección: hacia abajo, acentuando su histórica vocación por la “democracia local” y la descentralización; y hacia arriba, convocando a la nación a una etapa de emergencia que multiplique los incentivos fiscales, impositivos, y culturales a la creatividad, la productividad, y a la búsqueda de las ganancias comerciales, que es el sello de la cultura estadounidense, el país de frontera en la que éstas existen solo para ser superadas.

El dinamismo excepcional del capitalismo norteamericano proviene de un solo factor que es la aptitud para la “destrucción creadora”, que consiste en colocar a la innovación y al conocimiento en el corazón del proceso productivo.

Se trata de un impulso hondamente darwinista de destrucción de lo viejo y de creación de lo nuevo, que cuanto más intenso sea, más rápido será el proceso de expansión económica.

Esto es lo que está en juego en EE.UU. – el fin de la Guerra Civil latente en los últimos 6 años – con el aumento de las tasas de interés resuelto por la Reserva Federal de 0,75 puntos porcentuales, que ha terminado con la etapa del dinero barato y fácil en la gran potencia americana y en el mundo.

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