alberto-fernandez-le-deja-el-poder-a-sergio-massa,-que-intenta-un-relanzamientoPolítica 

Alberto Fernández le deja el poder a Sergio Massa, que intenta un relanzamiento

“Debo tomar la palabra, ¿puedo?”, le dijo Alberto Fernández al sonidista en el Museo del Bicentenario. Como si no se tratara del Presidente, sino de un visitante en la Casa Rosada que pide permiso para decir algo más, antes de retirarse y dejar al verdadero protagonista, Sergio Massa.

Hasta la voz de Massa, más cerca del grito que del susurro con el “sí, juro”, contrastó con el tono lábil del mandatario que, antes de tomarle juramento, introdujo por enésima vez a la pandemia y la guerra como los principales motivos de la crisis económica que su gestión agravó. En un momento, ensayó un paternalismo en la idea de incorporar a Massa, al argumentar que “para eso lo convoqué a Sergio”. Todos saben que la clave estuvo en Cristina Kirchner.

“Parece como si hubiera vuelto el menemismo, señalaba uno de los invitados a la jura. Apuntaba a la presencia extraña, para una gestión kirchnerista, de Moria Casán, el Pato Galmarini, José Luis Manzano, Francisco de Narváez y Daniel Vila, entre otros.

La vicepresidenta no estuvo en la Casa Rosada. Ella lo ungió el martes en su despacho del Senado, cuando recibió al tigrense. El mismo día en que los fiscales Diego Luciani y Sergio Mola le asestaron un duro golpe a Cristina al asegurar que ella y Néstor Kirchner “instalaron una de las matrices más extraordinarias de corrupción”. De paso, le marcó la cancha al nuevo ministro.

Pero la impronta de Cristina en la nueva etapa con su última apuesta política, se refleja en un dato. Massa habría conversado y cerrado las medidas con Axel Kicillof, el gobernador bonaerense y principal asesor de la vice en materia económica.

Al flamante ministro de Economía no se lo vio cómodo durante la exposición de las medidas. Las leyó, y en la conferencia de prensa evitó precisiones. Apareció solo, tal vez para ocultar la falta de figuras en su equipo económico.

El presidente Alberto Fernández, y el ministro de Economía, Sergio Massa. Foto: Juan Manuel Foglia.

Si bien lo presentó como una autocrítica, criticó en verdad la gestión de Alberto por haber fallado “como administradores” y protagonizar un “desorden del gasto”. Hasta pareció en determinado momento que se trataba del inicio de un nuevo gobierno, como cuando puso énfasis en “tener como país una mejor estrategia” frente al mundo. ¿Y hasta ahora, qué había pasado?

En tren de buscar un impacto, Massa recurrió a medidas ya anunciadas que parecieron novedosas. Como la que adelantó Clarín el 21 de julio, de auditar los planes sociales a través de universidades, que resolvió el ministro de Desarrollo Social, Juan Zabaleta.

Buscó afianzarse en el centro con un discurso anti grieta al convocar “al gobierno y la oposición” o tender una mano al campo. Pero disparó contra Mauricio Macri cuando dejó en claro que no hacía “magia”.

Martín Guzmán -al que Fernández no recordó ni siquiera en los agradecimientos- predicó durante cuatro meses el sendero fiscal y la necesidad de cumplir con el FMI; Silvina Batakis se comprometió ante el Tesoro norteamericano, el FMI y los inversores en Wall Street, horas antes de ser echada, en llevar adelante un ajuste fiscal para seguir la hoja de ruta acordada con el Fondo. Nadie puede explicar qué diferencia hay entre la gestión Guzmán, las tres semanas de Batakis y lo expuesto por Massa, de “cumplir con la meta del 2,5 de déficit establecida por el presupuesto”.

Máximo Kirchner renunció a la jefatura del bloque de diputados del Frente de Todos porque votó en contra del acuerdo con el Fondo. Cristina hizo todo lo posible para que no lo votaran en el Senado. Ambos, se ocuparon de criticar públicamente a Guzmán, hasta que renunció. Resulta difícil de explicar por qué la vicepresidenta y su hijo hoy respaldan ciento por ciento a un ministro de Economía que propone lo mismo que Guzmán.

Una respuesta posible es que Cristina y Máximo persigan dos objetivos: intentar remendar una crisis económica que podría llevar este año a la inflación más alta desde 1991, en el inicio del gobierno de Carlos Menem y cuando había logrado bajar la hiperinflación alfonsinista. Y ensayar una salida política de cara al 2023 que la vicepresidenta daba por perdida.

Claro que el escenario con Massa cambió. Si al tigrense le va mal, no hay Plan B. Pero si le va bien, el Frente de Todos deberá barajar y dar de nuevo.

Mirá también

TEMAS QUE APARECEN EN ESTA NOTA

Articulos relacionados