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Comienza el Festival de Martha Argerich: Cómo será la puesta de Historia de un Soldado

A partir del viernes 12 y hasta el sábado 20, la ciudad estará revolucionada con la presencia de Martha Argerich en el Teatro Colón y el inicio del llamado Festival Argerich.

Los conciertos evocarán el espíritu de sus legendarios festivales en el Teatro y contarán con invitados especiales, entre los que se encuentran el prestigioso director de orquesta Charles Dutoit, la actriz Annie Dutoit-Argerich, hija de ambos, y los pianistas Sergei Babayan y Dong Hyek Lime, entre otros.

En tanto y antes del inicio del Festival, en la sala Bicentenario del tercer subsuelo del Teatro ensayan Historia de un Soldado, de Igor Stravinski, Joaquín Furriel, Peter Lanzani, Cumelén Sanz y Annie Dutoit-Argerich con dirección escénica y dramaturgia de Rubén Szuchmacher.

La primera función será el sábado 13, y estará precedida por Martha Argerich tocando la Partita N°2 de Bach, la segunda el domingo 14.

Los actores y los músicos se encuentran por primera vez, bajo la dirección de Charles Dutoit, cuya versión de la obra se convirtió en referencia.

Cumelén Sanz, Peter Lanzani y Joaquín Furriel, en el ensayo de Historia de un Soldado, en el Colón. Foto Martín Bonetto

Actores para Stravinski

-¿Cómo llegan Peter Lanzani , Joaquin Furriel y Cumelén Sanz a una obra de Stravinski en el Teatro Colón?

Lanzani: A mí me convocó Joaquín.

-¿Querés decir que no tenías idea en lo que te estabas metiendo, pero te tiraste de cabeza?

Lanzani: Joaquín me metió en esta salsa y me dijo: “vení, vamos a bailar salsa”. ¡”Ok, vamos!”, le contesté. A Joaquín lo sigo a todas partes desde siempre.

Furriel: Sé que por momentos Peter se acuerda de ese llamado, y dice: “¿¡Para qué habré dicho que sí!?”.

-Bueno, justamente sos el diablo en la obra, algún poder de convencimiento tenías que tener.

Lanzani: ¡Exactamente lo que pasa en la obra!

Annie Dutoit, hija de Martha Argerich y Charles Dutoit, estará en Historia de un Soldado y compartirá escenario con sus padres. Foto Martín Bonetto

-Joaquín, ¿por qué se te ocurrió Peter?

Furriel: Porque el soldado es un personaje que tiene que ser joven, pero al mismo tiempo es muy complejo por la dificultad que tiene la obra. Y Peter es para mí uno de los mejores actores de su generación.

Historia de un Soldado es una obra inclasificable en el mejor de los sentidos. En palabras del propio Stravinski es una obra para ser “leída, tocada y bailada”, pero es mucho más que eso. ¿Cómo la describirías, Rubén?

Szuchmacher: Creo que es totalmente una obra del siglo XX. De alguna manera fue creada producto de la necesidad, la primera posguerra había diezmado prácticamente todo, y eso me parece que es un elemento muy interesante. Era una obra itinerante, sin piano, para ser hecha con un recitante, una bailarina y par de actores. O, eventualmente, un único narrador.

Es una obra de pobres para pobres. Stravinski es totalmente sensible a la precariedad. Eso creo que la hace una obra muy particular, muy de estos tiempos, y se vuele muy contemporánea precisamente por eso.

-¿Y desde el punto de vista narrativo cómo es?

Szuchmacher: Es un cuento, es un pequeño Fausto, pero el valor es el dinero en vez de la juventud. Con lo cual se transforma en una gran metáfora del capitalismo. Es muy interesante porque hay un diablo, apostador de dinero, que además se equilibra por el exceso de dinero. Gracias a Annie [Dutoit] pudimos detectar con Gabriela Massuh, la traductora del texto de Ramuz, muchas cuestiones suizas.

En particular, muchas cosas protestantes claves que son prácticamente imposibles de descifrar para un espectador argentino en estos tiempos. La obra está llena de pequeñas significaciones. Y desde el punto de vista de su estructura, es un caos absoluto. Entonces, la idea no era, como pasa a veces, hacer la escena con la música de fondo y generar escenas todo el tiempo.

-¿Hay alguna escenografía?

Szuchmacher: Sí, un practicable con un fondo blanco que tapa los objetos que tienen que ir sacando, y donde los personajes pueden ocultarse.

Peter Lanzani y Joaquín Furriel, el soldado y el diablo, en Historia de un Soldado. Foto Martín Bonetto

-¿Y cómo se distribuyen músicos, actores y narradora en el escenario?

Szuchmacher: En el espacio va a estar, por un lado, el sexteto y, por el otro, la escena, pero simultáneos. Hay momentos en que hay escena, otros en que hay simultaneidad, y momentos que hay solamente música. Todo eso va a quedar a la vista. No es que una cosa está al servicio de la otra. Son sistemas que están funcionando simultáneamente, pero alternativamente.

Del francés al castellano

-¿Cómo trabajaron la traducción del texto de Ramuz? Porque la acentuación del francés y su interacción con la rítmica y métrica de la partitura es compleja.

Szuchmacher: Como se puede. En el sentido de que pasar del francés al castellano es la cosa más difícil del mundo. El francés es todo agudo y el castellano es preponderantemente grave. Hay que inventar algunas figuras porque se alteran las células rítmicas por las acentuaciones.

Afortunadamente, en la obra no hay tantos fragmentos de interacción con la partitura y creo que logramos algún tipo de claridad. “A marché, a beaucoup marché”, podría traducirse “Caminó mucho, caminó”, suena más parecido pero no es castellano.

-Me gustaría saber más sobre la génesis de este proyecto que los terminó involucrando a todos ustedes. Empecemos a tirar del hilo…

Furriel: Fue todo una especie de dominó. Annie me dijo a mí, yo a Rubén y a Peter, luego le pedí a él que busque una actriz de su generación para hacer la princesa, y al toque me dijo Cumelén. Y así se armó el equipo. Lo que pasó es que hace un tiempo, diez años más o menos.

Habíamos hablado con Annie de la obra. Ella había hecho la narradora, en francés, y después el tiempo fue pasando. Nosotros tenemos una amistad hace años y su inquietud por la interpretación nos vinculó mucho. Mientras tanto, Annie vino a Buenos Aires, empezamos a convivir en la ciudad, fuimos a ver obras de teatro, ella empezó a estudiar, y todo llevó a que hiciera una obra de teatro en Buenos Aires.

-¿Cómo se conocieron con Annie?

Furriel: Mi mamá, de alguna manera estoy acá por ella, fue pareja durante muchos años de Eduardo Huber, concertista de piano y muy amigo de Martha Argerich. Ellos me introdujeron en la otra parte de la música, en el mundo afectivo, un mundo vincular que no tiene que ver con la música solamente. Sobre todo, en el Festival que hacía Martha en Buenos Aires, que e3ra muy importante y lamentablemente dejó de hacerse por muchos años

Ahí aprendí mucho. Un día fui a comer a Edelweiss, la conocí a Lyda, y luego a Annie. Cuando estuve en Ginebra con El Patrón, Martha, Stéphanie y Lyda fueron a ver la película. Lyda hizo un asado en la casa y fueron un montón de músicos, conocí esa otra parte y me pareció un mundo fascinante.

El maestro Rubén Szuchmacher, a cargo de la puesta de Historia de un Soldado, en el Colón. Foto Martín Bonetto

-Annie y vos estuvieron haciendo teatro en el mismo momento, sobre la misma avenida, y terminaron al mismo tiempo sus respectivas obras, vos Ella en mi cabeza y Annie Quién es Clara Wieck.

Furriel: Exacto. Además ella estaba ensayando la obra cuando yo estaba terminado las funciones de Hamlet en el San Martín. Nos cruzábamos ahí. Y en aquel momento, Annie me dijo que quería hacer Historia de un Soldado en el contexto del Festival Beethoven, que se iba a hacer en Buenos Aires, y que armáramos un equipo. Annie y Rubén ya se conocían, y nadie mejor que Rubén para hacerlo. Pero, después, la pandemia lo detuvo todo.

-¿Y en ese mismo momento también pensaste en Peter?

Furriel: Sí, estábamos filmando El reino. Le conté sobre el proyecto, que en un primer momento pensé que iba a ser leído, nosotros con unos atriles leyendo el texto.

Cumelén Sanz: Incluso en la primera reunión que tuvimos pensábamos que iba a ser así.

-Todos querían participar pero no sabían bien en qué se estaban metiendo. Hermoso equívoco.

Lanzani: Ahí empieza el teléfono descompuesto.

Sanz: Era pre pandemia. Cuando Peter me dijo: “Stravinski, Teatro Colón, Rubén Szuchmacher, Annie, Joaquín”… “¡Estoy! –dije- No sé qué hay que hacer, pero estoy“.

-Mientras no tuvieses que cantar, te sumabas.

Sanz: Y si había que cantar, también estaba.

Furriel: El tema es que nos agarra la pandemia, después se empieza a posponer, y en un momento el proyecto quedó en unos puntos suspensivos.

Szuchmacher: Hubo una pasibilidad de hacerlo el año pasado.

Sanz: Pero vino el rebrote.

Peter Lanzani, con el violín, para ensayar Historia de un Soldado, que se verá en el Festival Argerich, en el Colón. Foto Martín Bonetto

-¿Y cuándo retomaron?

Furriel: Hace dos meses, no mucho más que eso…

Dutoit: Menos…

Furriel: Hace un mes, se confirma que se hace. Y no es que se hace con lectura, se hace con todo. Yo estoy filmando una película en Uruguay, terminamos El reino hace una semana; también la obra Ella en mi cabeza en teatro

Sanz: Yo el lunes arranco un rodaje de una película.

Furriel: Y todos dijimos: “¡Vamos, estamos todos en la misma!”.

-Annie, interpretaste la narradora pero en francés. ¿Qué desafíos te presenta esta versión?

Dutoit: No la había hecho con actores tan maravillosos, con un director como Rubén. Todo esto me produce mucha inspiración. Y, obviamente, lo estoy haciendo en castellano, que es raro para mí. Salir de toda la rítmica francesa del texto original y tratar de entrar en el texto en castellano es un gran trabajo.

-Lo hiciste con Quién es Clara Wieck, la obra que acabas de terminar, ¿no?

Dutoit: Sí, lo hice, pero es otra cosa. Ser narradora y hacer un personaje no es lo mismo. El ritmo del castellano no es el ritmo del francés. Nada que ver. Es un gran desafío, pero me encanta y agradezco al maestro Szuchmacher que me está ayudando mucho. Para un nativo es absolutamente natural, pero para mí no lo es porque el castellano no es mi lengua madre. Lo que me gusta de la traducción, en la que participé muy poco al final, es que realmente captura algo del original. Es un texto torpe también en francés, pero hay rimas.

-Hay cierto registro de la oralidad, ¿no?

Dutoit: Sí. Ramuz escribió el texto en un momento en que los escritores estaban muy interesados captar la impresión del lenguaje oral en la literatura. Pero para hacer eso, cambiaron cosas, como la sintaxis, para quebrar un poco la cosa de la literatura más solemne. Al pasar al castellano, hay cosas muy raras, pero funcionan muy bien.

Joaquín Furriel y Cumelén Sanz, dos actores para Historia de un Soldado, que se verá en el Colón. Foto Martín Bonetto

Una obra que involucra a la familia

-El día del estreno, compartiendo escenario con tus padres, se juega algo muy intenso, ¿no?

Dutoit: Necesito un whisky (risas). Obviamente, sí, tiene su peso. Es muy conmovedor. Pero vamos a ver cuando nos encontremos todos en el escenario. Estoy feliz. Mis padres se casaron en Uruguay pero anunciaron el casamiento en Buenos Aires en 1969. Hay una serie de conjunciones personales en esta obra muy lindas. Además, mi padre estaba estudiando esta obra cuando conoció a mi madre. Y ella la escuchó por primera vez con él, a ella le encantan también todas estas conexiones.

Lanzani: No lo pongas como presión porque…..(risas)

Dutoit: ¡No! No es presión, es lindo.

Annie Dutoit será la narradora de Historia de un Soldado, que se verá en el Festival Argerich. Foto Martín Bonetto

-Peter, ¿cómo es tu personaje?

Lanzani: A mí me toca interpretar al Soldado, con su odisea volviendo de la guerra, encontrándose con la oportunidad que le ofrece el diablo: un libro que le puede dar todo lo que supuestamente él cree necesitar y a cambio entrega su violín, que es como entregar su propia alma.

A partir de ahí, quiere llegar a un punto idílico, pero en realidad sólo va a tocar el vacío. Luego, la búsqueda de tratar de recuperar su alma, habiéndosela vendido al diablo, interpretado por Joaquín.

-¿La experiencia de interactuar con los instrumentos te resultó difícil?

Lanzani: Estoy más habituado a textos costumbristas dentro de lo que me toca trabajar en teatro, cine o series. Encontrar los ritmos, las velocidades, sus pausas… cómo hacer las marchas o las danzas, más los textos, es todo un desafío. Ni hablar que toda la corporalidad del soldado. La idea es tratar de amalgamar todo de la mejor manera posible.

-Joaquín…

Furriel: No estoy acostumbrado a trabajar con otro cuerpo interpretativo como la música. De repente se arma algo novedoso, y dentro de la novedad la cuestión de la rítmica, a veces descentrada, con un pulso rápido, y hay que interactuar con eso… Hoy sentí la complejidad de la obra.

Por otro lado, hoy, primer ensayo con los músicos, me pasó que veía a los chicos y al grupo de músicos, al Maestro Dutoit, y me dije: “¿esto está pasando?”. Hay que decir que del primer ensayo al segundo, siento que en el segundo entendimos muchísimas más cosas, empezamos a adueñarnos también de lo que es la experiencia. Y todo lo que hablábamos antes empieza a cobrar sentido.

-¿Qué te pareció el ensayo con los músicos, Rubén?

Szuchmacher: En los ensayos con Dutoit apareció una mayor conciencia de cómo los textos tienen que ser dichos rítmicamente. Que la línea de pensamiento rítmico no se puede cambiar y tiene que estar en combinación. Hay una tensión ahí. La primera los agarró medio de improviso, hicieron lo que pudieron, pero en la segunda pasada acomodaron todo, porque la escena no puede ser ni más larga ni más corta, tiene que tener ese tempo y esa precisión. Eso es muy valioso.

Rubén Szuchmacher, atento al elenco de Historia de un Soldado. Foto Martín Bonetto

Furriel: Es que una cosa es hacer algo que uno ya conoce, con variantes, pero la novedad… Para mí es bastante ajena esta experiencia. No es algo que reconozco en mi adn interpretativo. En un momento me vi muy estresado por la agenda porque realmente era muy difícil estar a la altura de lo que sabía que era la novedad. Me pasó varias veces en mi recorrido interpretativo, cuando aparece la novedad, como Hamlet o La vida es sueño, necesitás tener mucho descanso.

-¿Pensaste en bajarte del proyecto?

Furriel: Me asusté en un momento. Lo hablé con Rubén y con Annie, les dije que me parecía que yo no tenía que estar. Los dos me dijeron lo mismo: “Esto no es un trabajo”. Entonces desapareció la novedad. Es un grupo de gente amiga, nos queremos, se armó como una familia. Tiene otro valor simbólico.

-Además, en tu carrera ascendente hacia la maldad, no podías perderte interpretar al mismísimo demonio.

Furriel: Sí, claro. Lo sumamos a los villanos queridos.

Dutoit: Estamos todos cansados, la verdad. Estamos agotados por varias razones.

-Pero con un equipo como lo describen se arma una sinergia especial, ¿no?

Dutoit: Sí.

Furriel: Para mí, de nuevo, estar acá es una cuestión familiar.

Sanz: Sí, estamos como vibrando todos la misma sintonía. Y este desafío que nos toca a cada uno, porque estamos todos saliendo de nuestra zona de confort. Cada uno de nosotros está experimentando nuevos lenguajes. Con Peter nos toca hacer las tres danzas (Tango, Vals, Ragtime) y ninguno de nosotros es bailarín. Es todo un mundo nuevo.

Cumelén Sanz y Joaquín Furriel, en el ensayo de Historia de un Soldado. Foto Martín Bonetto

-¿Hay coreógrafa?

Szuchmacher: Sí, Marina Svartzman. Trabajó en Candide conmigo, es extraordinaria, hace bailar a actores.

Sanz: Y nos da una tranquilidad también porque estamos poniendo los cuerpos desde lo que sabemos, con las herramientas que tenemos y contando una historia desde ese lugar, que es el encuentro entre un soldado y una princesa que la viene a rescatar de una peste.

-¿Qué les pasa con la expectativa de actuar en un teatro que no es de prosa sino lírico, con una carga simbólica tan fuerte.

Lanzani: Es un orgullo para mí. Y una oportunidad única estar en el marco del Festival de Martha.

Sanz: Y es muy hermoso. Hay algo del orgullo, del honor, y de la felicidad de estar pisando este teatro que es mítico, y dentro del festival de Martha. Y con artistas que son maravillosos, es como un sueño. Realmente uno como intérprete no se imagina actuar en el Colón. Y, de golpe, que caiga este proyecto y se arme un equipo tan lindo de trabajo es maravilloso y muy especial.

Furriel: Cuando vine a ver El Cónsul, después de muchos años que no venía al Teatro por trabajo y la pandemia, volví a tomar contacto con lo simbólico del teatro. Y por dentro decía: “¡Vamos a actuar acá!”. Pero después, cuando pienso en lo que significa actuar en un espacio como este, confieso que para mí fue mucho más difícil actuar en la sala Martín Coronado.

Porque las grandes obras argentinas e internacionales las vi ahí. La primera vez que me paré en la sala pensé: “¿Cómo hago para pararme acá y que no me gane la historia que esta sala tiene conmigo?” Y, bueno, es ponerle cuerpo. Veremos acá qué sucede.

-Rubén, aunque transitaste por este teatro muchas veces, primero como alumno y después como director escénico, ¿qué cosas se juegan en este estreno?

Szuchmacher: Hoy miré la citación y leí: “citación con el maestro Dutoit y el maestro Szchumacher”. Y me impresionó porque Dutoit era uno de mis ídolos de mis épocas de estudiante de música. Era uno de esos inalcanzables. Lo mismo me pasa con Martha, la venia a escuchar cuando era estudiante de piano. ¿Y ahora estoy en el mismo programa?

Lo que me salva es que todo el tiempo estoy dudando de todo lo que hago, entonces tengo que estar muy ocupado. Me voy a dar cuenta después, cuando vayamos a comer. Es una experiencia fantástica.

-Ustedes van a atraer a un público que tal vez nunca vino al Teatro Colón y, de alguna manera, van a introducirlo en un nuevo universo musical. ¿Lo pensaron?

Lanzani: Si, va a pasar y está buenísimo.

Furriel: Nosotros que hicimos mucha televisión con Peter, en una época que le televisión era poderosísima, y nos ha tocado estar en programas de una popularidad que ya quedaron en el pasado. Y eso nos ha dado la posibilidad de poder llegar a un montón de niveles socioculturales.

Me crucé una vez con Alejandra Boero, en el cumpleaños 90 de Lidia Lamaison, y me dijo: “el único sentido que tiene la popularidad es si uno sabe para dónde llevarla“.

Martha Argerich y su ex marido, el director Charles Dutoit, en una foto de archivo. Estarán juntos en el Festival Argerich. Foto EFE

-Acercaste un clásico como Hamlet a un público muy amplio, tal vez ahora le toque a Stravinski.

Furriel: Sí, lo pensamos con Rubén para que nadie se quede afuera. Con que el sábado y el domingo haya un puñadito del público que se atreva a venir porque nos conoce de otro contexto, y con eso descubren a Martha Argerich, a un director como al maestro Dutoit, al maestro Szchumacher y a la orquesta, es lo mejor que puede pasar y ya me emociona.

Szchumacher: Hay algo que es muy importante y es la cantidad de trabajo que han puesto, no es simplemente el pavoneo del famoso, sino que es el trabajo del responsable. Nosotros como artistas, que es algo tan inútil, tenemos la responsabilidad de hacer las cosas muy bien, porque lo que hacemos podría no existir. Es como un gesto político por parte de personas que podrían descansar en la fama y en la zona de confort pero precisamente lo que no hay acá es zona de confort.

Cronograma

Martha Argerich en el Teatro Colón

Concierto 1 Viernes 12 de agosto, a las 20.

Orquesta Filarmónica de Buenos Aires Director: Charles Dutoit Solista: Martha Argerich, piano Repertorio: Maurice Ravel Concierto en Sol Mayor, Hector Berlioz Sinfonía Fantástica Op.14

Conciertos 2 y 3 Sábado 13 de agosto, a las 20; y domingo 14 de agosto, a las 17.

Repertorio: Bach / Stravinsky Johann Sebastian Bach Partita N°2 en do menor, WV 826 Solista: Martha Argerich, piano Igor Stravinsky

La Historia del Soldado (Igor Stravinsky) Director Musical: Charles Dutoit Dirección Escénica y Dramaturgia: Rubén Szuchmacher Con: Annie Dutoit / Joaquín Furriel/ Peter Lanzani / Cumelen Sanz Traducción: Gabriela Massuh Ambientación: Jorge Ferrari Iluminación: Gonzalo Córdova

Concierto 4 Domingo 14 de agosto, a las 20.30.

Intérprete: Sergei Babayan, piano Repertorio: Johann Sebastian Bach/ Ferruccio Busoni Chaconne de la Partita para violín solo N°2 en re menor BWV 1004; Andrius Zlabys Echoes of light (2019) Estreno en la Argentina; Franz Schubert/ Franz Liszt Der Müller und der Bach de Die schöne Müllerin D. 795, Gretchen am Spinnrade de Die schöne Müllerin D. 795, Ständchen D. 889, Aufenthalt de Schwanengesang D. 957, Auf dem Wasser zu singen D. 774, Sergei Rachmaninoff Étude-Tableau en mi bemol menor, Op. 39, N°5 De los Six moments musicaux Op. 16, N° 2 en mi bemol menor N° 6 en Do Mayor; Franz Liszt Ballade N° 2, Robert Schumann Kreisleriana Op. 16.

Concierto 5 Martes 16 de agosto, a las 20.

Intérpretes: Martha Argerich y Sergei Babayan Recital a dos pianos Repertorio: Sergei Prokofiev Romeo & Julieta Op.64 (12 movimientos) Transcripción de Sergei Babayan; W. A. Mozart Sonata para dos pianos en Re Mayor, K. 448; Sergei Prokofiev Incidental Music To Hamlet, Op. 7 Transcripción de Sergei Babayan; The Ghost Of Hamlet’s Father Incidental Music to Eugen Onegin, Op. 71 Transcripción de Sergei Babayan; Mazurka, Polka The Queen Of Spades, Op. 70 Arreglo de Sergei Babayan; Polonaise Pushkin Waltzes, Op. 120 Arreglo de Sergei Babayan; Pushkin Waltz In C Sharp Minor War And Peace, Op. 91 Arreglo de Sergei Babayan; Natasha’s and Andrei’s Valse The Queen Of Spades, Op. 70 Arreglo de Sergei Babayan Idée fixe.

Concierto 6 Miércoles 17 de agosto, a las 20.

Intérprete: Dong Hyek Lim, piano Repertorio: Franz Schubert Sonata para piano Nº 20 en la mayor D. 959, Sonata para piano Nº 21 en si bemol mayor D. 960.

Concierto 7 Jueves 18 de agosto, a las 20.

Orquesta Filarmónica de Buenos Aires Director: Enrique Arturo Diemecke Solista: Dong Hyek Lim, piano Repertorio: Piotr Ilich Tchaikowsky Concierto N°1 en si bemol menor, Op. 23 ; A. Dvorak Sinfonía N°8 sol mayor, op. 88.

Concierto 8 Sábado 20 de agosto, a las 20.

Orquesta Estable del Teatro Colón Director: Luis Gorelik Solistas: Martha Argerich y Dong Hyek Lim, pianos Narradora: Annie Dutoit Repertorio: S. Prokofiev Concierto para piano N°3 en Do Mayor, Op. 26; Obra a determinar (orquestal) C. Saint Saéns, El Carnaval de los Animales.

WD

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