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¿Cómo convenzo a mis jefes para que sigan clavando plata en la Argentina?”

El conflicto del neumático puso en alerta al sector empresario. Hay impacto productivo, pero no temen un efecto contagio. Críticas al rol del Gobierno.

28/09/2022 20:49

Actualizado al 28/09/2022 20:49

Cuentan los industriales aceiteros que, cuando el Partido Obrero tomó las riendas del sindicato, se encontraron con otro tipo de dirigente sindical: en vez de reclamar favores personales o donaciones al gremio, como demasiados referentes de los sindicatos tradicionales, sólo se remiten a una asamblea desde donde salen todos los reclamos.

Si se arranca con posiciones duras se echa todo a perder desde el comienzo. Las negociaciones son siempre tensas, pero este año nos anticipamos y ante fletes que estaban por las nubes pactamos sueldos que le ganaron a la inflación por varios puntos. Fue ante la certeza de un líder sindical que podría llegar a retener varios meses los barcos en el puerto”, deslizaron en una exportadora.

Alejandro Crespo, que dirige el sindicato del neumático, pertenece a esa cofradía.

Un empresario cercano a ese sector hizo ayer un mea culpa. “Con tal de desplazar a la anterior conducción, las compañías reforzaron el rol de las comisiones internas y le dieron poder a Crespo y los suyos”.

El industrial recordó al Fausto de Goethe. Y citó: “Se crean monstruos que después no se pueden controlar”.

Lo cierto es que en este prolongado conflicto hay varios aspectos fuera de control.

Desde el propio Gobierno echan la culpa a la justicia de la provincia de Buenos Aires.

Aseguran que las empresas bloqueadas realizaron las denuncias correspondientes y que los jueces no actúan.

Del lado judicial replican que en la Argentina no existe una norma anti bloqueo como la que rige en Uruguay y que en el país se consideran los bloqueos como una acción gremial no delictiva. A su vez, miran hacia el ministerio de Trabajo y señalan que podría aplicar fuertes multas al gremio para desalentar esa acción.

Las propias fábricas aseguran que “los obreros quieren trabajar, pero temen enfrentarse a los del sindicato”, al tiempo que reiteran que en el año paritario los aumentos a este gremio fueron de 68% ante una inflación de 63,8% y que en el primer semestre del año les habían otorgado 38%.

En la poderosa Asociación Empresaria Argentina observan un impacto que trasciende a la industria y alcanza a los servicios. También, una negociación que llegó a una situación límite y, sin embargo, no concluye. “Afecta el clima de inversión”, sintetiza Jaime Campos a Clarín.

Para el presidente de la UIA, Daniel Funes de Rioja, “perturba la línea de producción y se trata de una puja de carácter político- gremial ante activistas muy intransigentes. Se puede comparar con lo que suele pasar en el sector público. Pero se trata de un gremio aislado, no hay un efecto contagio al menos en el circuito tradicional del sindicalismo”, aseguró a este diario. En la misma línea, José Urtubey, de Celulosa, cree que es acotado a ese gremio radicalizado.

Otros empresarios, que pidieron no ser identificados, sumaron una preocupación. Se trata de aquellos sectores en los que se trabaja los siete días a la semana y tienen francos rotativos como en el caso de los neumáticos. Son muchos, desde supermercados, cadenas de farmacias, el sector de la salud, la minería, petroleros y siderúrgicas por citar algunos. Temen que en estos tiempos de salarios flacos se cuele en las paritarias el reclamo por una remuneración mayor a las horas extras.

“Qué quiere que le diga, hay un desánimo generalizado. La inoperancia del Gobierno es notable. No discutimos la necesidad de ajustes salariales. Pero todo se está complicando”, contó el CEO de una cadena de supermercados. Y añadió: “¿Cómo convenzo a mis jefes para que sigan clavando plata en la Argentina?

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