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El auge de la economía china es un fenómeno local

Tendencia. El crecimiento de China es producto esencialmente de la dinámica de su mercado interno. El desafío de una población que crece con un alto nivel tecnológico.

Por

Jorge Castro

Analista Internacional

La tasa de crecimiento potencial (pleno despliegue de sus recursos de capital y trabajo, con un carácter sostenido y de largo plazo) de la República Popular asciende entre 5% y 5,5% anual. Esto significa que el alza del producto en 2022 y 2023 debe ser de 5% por año aproximadamente, en la estimación del Comité de Asuntos Económicos de la Conferencia Consultiva del Pueblo Chino.

No obstante ello, el auge del PBI ha estado este año por debajo de la pauta establecida por la tasa de incremento potencial, con un aumento de sólo 3% en los primeros tres trimestres de 2022.

El ciclo económico chino tuvo este año las siguientes características: la economía se expandió 4,8% en el primer trimestre, y sólo 0,4% en el segundo, lo que constituyó el nivel más bajo de los últimos 10 años, ocasionado por la reaparición en gran escala de un brote de Covid-19, que obligó al cierre forzoso de toda la Región de Shanghai, que abarcó a más de 200 millones de personas, cuyo ingreso per cápita es casi el doble del promedio del país (US$20.000 anuales), mientras que se recuperó notablemente en el tercer trimestre con un alza de 3,4% anual. Se estima que en los últimos 3 meses del año el PBI tendría una expansión de 4,5%, similar a los del primer trimestre.

El resultado es que el nivel de crecimiento de 2022 estaría nuevamente por debajo del alza potencial de largo plazo; y sería de esta manera el tercer año consecutivo en que experimenta esa condición, forzada por el efecto del Covid-19 en 2020 y 2021.

Todo indica que el alza del PBI en 2023 sería de 5% anual, o más, lo que ocurriría una vez completado el control de los últimos brotes de Covid-19, lo que podría ocurrir en el segundo trimestre del próximo año.

China enfrenta en el periodo 2022/2023 el proceso de elevación de un país de ingresos medios con US$10.000 anuales a una economía de altos niveles de ingreso con un PBI per cápita de US$13.200 por año.

El objetivo del gobierno chino es que el producto por habitante se duplique en los próximos 10 años, y alcance a un nivel de US$30.000/35.000 en 2035, equivalente a la franja de abajo o inicial de la Unión Europea (Grecia/Portugal/España/Italia).

El PBI nominal no es suficientemente revelador de la situación de la segunda economía del mundo (US$18,6 billones/19% del PBI global), en la que ya ha ocurrido un proceso completo de digitalización que abarca a 40% del producto, y es un sector que crece 8,1% por año.

A su vez, la industria manufacturera de alta tecnología – expresión de la Cuarta Revolución Industrial (CRI) -, se expandió 8,5% en ese periodo; y todo esto ha ocurrido mientras experimenta un fenomenal proceso de innovación, encabezado por el despliegue de la tecnología de la 5°Generación (5-G), que ya es utilizada por más de 540 millones de usuarios, sustentados en estaciones emisoras y de control 5-G que representan más de 40% del total mundial.

Hay que agregar que las provincias del Centro y del Oeste han crecido por encima del PBI nacional en los primeros tres trimestres del año, con un alza del producto de 5,5% anual en ese periodo, apta para trepar a 6% o más en los últimos 3 meses de 2022.

Estas provincias son las relativamente más “atrasadas” de la República Popular, pero precisamente por ello su tasa de inversión en alta tecnología es superior incluso a la de las 6 provincias principales, encabezadas por Guangdong/Shenzhen, que representan 45% del PBI. Es un efecto “compensación”, y uno de los beneficios del “atraso relativo” en el proceso de desarrollo y acumulación.

En el Centro y el Oeste, la inversión en manufactura “high tech”, bio-medicina, y equipos de capital de alta tecnología se expandió 37% en 2022; y en estas regiones de la República Popular el alza mayor del producto, está vinculado no sólo a una tasa superior de inversión, sino también al uso intensivo de los recursos naturales, como el carbón, el mineral de hierro, y el zinc. Por eso estas regiones, “relativamente atrasadas”, encabezan el ciclo de recuperación después del auge sub-óptimo de los últimos 3 años.

Lo notable de la economía china, una muestra de su excepcional originalidad, es que esta recuperación del producto ocurre con un nivel de inflación de 2,1% anual en octubre, en tanto que el precio de los productos al salir de las fábricas se encuentran en territorio negativo en ese mismo periodo; y la tasa “core” (sin alimentos ni energía) aumentó sólo 0,6% el mes pasado.

No se trata, por cierto, de un fenómeno deflacionario, sino del hecho de que el cambio tecnológico que lleva a cabo la economía digital es de tal envergadura que disminuye estructuralmente y en forma sistemática los costos de producción, y por su intermedio el nivel general de precios (inflación).

La experiencia china no es sólo una manifestación de vanguardia del capitalismo avanzado, sino, y principalmente, un camino original, de honda raigambre nacional, que es el producto acabado de la combinación entre su sistema político centrado en el carácter dominante del PCCh y sus 5.000 años de historia, cuya particularidad es su asombrosa contemporaneidad, el hecho de que es una historia que vive en el presente y no en el pasado.

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