sábado, 24 febrero, 2024
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Diabetes, Alzheimer, depresión… Secuelas del COVID-19 dos años después de la infección

Parece que la crisis sanitaria de la COVID-19 sucedió hace tiempo. Tres años y medio desde que este síndrome respiratorio agudo grave (SARS-CoV-2) cruzó las fronteras de la ciudad china de Wuhan y se extendió por el mundo, dejando millones de muertos y afectados.

Sin embargo, aunque sí hayan desaparecido sus restricciones, la COVID-19 nunca lo ha hecho. Y mucho menos sus constantes mutaciones.

Actualmente las Comunidades Autónomas españolas estan viviendo de nuevo un repunte de casos, tras las festividades y vacaciones propias del verano. En algunas de ellas, como es el caso de Galicia, han llegado a hospitalizaciones en Unidades de Cuidados Intensivos (UCI).

De hecho, a nivel mundial se han reportado —del 17 de julio al 13 de agosto de 2023— más de 1,4 millones de casos nuevos y más de 2.300 muertes, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Si lo paso, ¿qué impacto tendrá sobre mi salud a largo plazo?

A pesar de todo este tiempo, todavía se sabe muy poco del virus y de las secuelas que puede llegar a dejar a largo plazo.

Por ello, se ha publicado en la revista Nature Medicine los resultados del estudio ‘Postacute sequelae of COVID-19 at 2 years‘, encabezado por Ziyad Al-Aly, epidemiólogo clínico de la Universidad de Washington en St. Louis y del Sistema de Atención Médica de VA Saint Louis.

En él, se ha determinado un riesgo dramáticamente mayor de sufrir docenas de afecciones, incluidas insuficiencia cardíaca y fatiga, después de la fase aguda de la infección. A veces, incluso, años después:

Secuelas en los sistemas pulmonares. Trastornos cardiovasculares. Trastornos neurológicos y de salud mental. Trastornos metabólicos (diabetes y dislipidemia). Trastornos renales. Trastornos gastrointestinales.  Estudios anteriores, elaborados por los mismos investigadores, ya identificaron un riesgo elevado de ataque cardiaco y trastornos de salud mental hasta un año después de la infección.

El estudio, además, ha estimado que el impacto de el COVID-19 en la Salud Pública es más de un 50% mayor que el que tiene el cáncer o las enfermedades cardíacas.

Eso sí, por el momento se trata de una enfermedad que puede no provocar directamente estas afecciones, pero sí exacerbarlas o acelerar su aparición.

Archivo – Un hombre mayor con mascarilla (Covid-19) mira por la ventana. VLADA_MAESTRO – Archivo

Analizadas 80 afecciones

Esta vez, el equipo analizó 80 problemas de salud (desde fatiga, y otros síntomas comúnmente asociados con el COVID persistente, hasta enfermedades neurodegenerativas).

En esta misma línea, el estudio también se centró en cuantificar el riesgo general de muerte u hospitalización, hasta 2 años después de la infección.

Se incluyeron datos de aproximadamente 139.000 personas que dieron positivo por SARS-CoV-2 en 2020 y cerca de 6 millones de personas sin registro de infección ese año.

Durante el estudio se observó que, tres meses después de contraer la infección, los participantes que habían tenido COVID-19 presentaron tasas más altas de muerte y diversas afecciones de salud, como insuficiencia cardíaca, diabetes, enfermedad de Alzheimer y depresión.

La investigación concluyó que, incluso las personas que no fueron hospitalizadas, mantenían un riesgo elevado (31%) de padecer aproximadamente un tercio de los 80 problemas de salud estudiados, dos años después de haber contraído el virus.

Por ejemplo, estos infectados presentaron casi un 13% más de riesgo de diabetes en comparación con el grupo sin infección.

En cuanto a los que tuvieron que ser hospitalizados por COVID-19, las cifras presentadas han sido más crudas.

Dos años después de la infección, este grupo mostró un riesgo más elevado, en el que tenían un 50% más de posibilidades de sufrir insuficiencia cardíaca y más del doble de probabilidades de recibir un diagnóstico de Alzheimer.

Dos años después de la infección, los riesgos permanecieron elevados en el 65% de las secuelas, dentro de los hospitalizados por COVID-19

La infección por COVID-19 ha deteriorado la calidad de vida de miles de personas. Freepik

Pérdida de años de vida

El equipo de Al-Aly también midió la pérdida de años de vida de estas personas por discapacidad, enfermedad o muerte prematura (AVAD) que les produjo el COVID-19.

Es decir, midieron los años que estas personas podrían haber vivido si no hubiesen contraído la COVID-19 y, mucho menos, sus secuelas.

Se calculó que la infección por SARS-CoV-2 provocó más de 80 AVAD por cada 1.000 personas que no estuvieron hospitalizadas, y más de 640 AVAD por cada 1.000 personas que lo estuvieron.

Si bien la mayoría de los AVAD provinieron del primer año después de la infección, una proporción considerable (25,3% en los no hospitalizados y 21,3% en los hospitalizados) fue del segundo año. 

No extrapolable a la población general

A pesar de que los resultados tienen respaldo científico, algunos expertos del gremio advierten de que este estudio debe tomarse con cautela, puesto que la población estudiada habría contraído antiguas variantes —a diferencia de las que hoy circulan—.

A ello se le suma que se tratan de participantes que no se vacunaron contra el COVID-19 en el momento del estudio.

De los más de 6 millones de participantes, el 90% eran hombres con una edad promedio de más de 60 años

Otro factor que puede afectar a la extrapolación de estos resultados a la población general es que el 90% de los participantes fueron hombres, con una edad promedio superior a 60 años.

Dos características que hacen de ellos una diana perfecta para pasar el SARS-CoV-2 de una manera más grave.

Aun así, esto no afecta a la gravedad de los daños a largo plazo del virus y la importancia de estudiarlos.

El mismo Al-Aly sostiene que estos factores no afectan sustancialmente a los hallazgos del estudio, y agrega que el equipo tuvo en cuenta tantas diferencias como fueron posibles.

De hecho, el autor explica que los elevados riesgos de enfermedad son “muy probablemente el resultado” de la infección por SARS-CoV-2 y que, en todo caso, el trabajo subestimó los efectos del COVID-19.

Ahora, la enfermedad posterior al COVID-19 será el objetivo principal de muchas investigaciones, con el objetivo de lidiar con ella y con sus posibles complicaciones.

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