jueves, 23 mayo, 2024
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Sebastián Méndez, a fondo: «Todo eso que viviste te prepara para la próxima mierda que será tu vida»

Sebastián Méndez estaba hastiado de Buenos Aires. En los primeros días de 2019 agarró una de las dos valijas que siempre tiene armadas (una con ropa de invierno y la otra con ropa de verano) y aunque no tenía idea de dónde quedaba Cúcuta se subió a un avión y se fue en busca de una experiencia que lo enriqueciera. «Nos bañábamos con una manguera detrás del arco. Era lo más parecido a una cooperativa que yo haya visto. Y que no me tilden de bolchevique ni ninguna pelotudez de esas, a mí me gustaba el amateurismo. No pasaba por un pensamiento político, eran solo carencias. Y dentro de esas carencias había un grupo genial. Estuvimos como once fechas primeros con un equipo que recién había ascendido. Y Pusineri (por Lucas, su antecesor como DT de Cúcuta Deportivo) había dejado el germen de que se juntaran todos. Venían las familias, comíamos todos juntos. Nos sentábamos todos y contábamos cosas. A uno le habían matado a los hermanos. Y las problemáticas que hay en todos los países. Y te ponés a pensar, y lo llevás a tu país y decís ‘puta, aquí en América por qué estamos así, por qué estamos tan violentos’. No sé, esos viajes no te dan más plata, no te dan tanta chapa. La realidad es que siempre desde este lugar vas a escuchar el que te dice ‘los tipos que no ganan mucho se quedan con esas cosas’. Puede que sea así. Pero qué se yo. Yo siento que gané un montón de cosas».

El Gallego Méndez es un duro. Fue un jugador de mentalidad y físico muy fuertes aunque advierte que tiene «tres vértebras destrozadas, cuatro operaciones de rodilla, tobillo, pubis y hombro». Como entrenador en Belgrano de Córdoba fue uno de los que aportó algo de su experiencia para el crecimiento y el desarrollo del Cuti Romero. Y aunque no lo admita y afirme que el Cuti es «100 veces más jugador» hay un espejo que comprueba que Méndez está hecho de buena madera. A los 46 años, en un café de Villa del Parque, no tiene vergüenza en sacarse la corteza y mostrar su costado más sensible. Se le empañan los ojos cada vez que habla de Maradona o del Morro Santiago García; o de cómo fue acompañar a su hijo en el tratamiento de una de esas enfermedades que llegan y amenazan con llevarse todo. Pero «cuando pasa el tiempo y mirás para atrás entendés de qué se trató todo».

Pasaron 9 meses desde que tomó la decisión de renunciar a su cargo en Unión de Santa Fe para irse a Vélez. Y tres menos desde que se fue de Liniers con la tranquilidad de haber cumplido con la tarea. Pero en el medio tuvo que enfrentar el enojo y los reproches de los hinchas del Tatengue y el dedo acusatorio del ambiente del fútbol argentino en general. El Gallego Méndez no tiene redes sociales y quedó a la intemperie de los medios.

Sebastián Méndez fue ayudante de campo de Maradona en Gimnasia. (Guillermo Rodríguez Adami)Sebastián Méndez fue ayudante de campo de Maradona en Gimnasia. (Guillermo Rodríguez Adami)

-Te pidieron muchas explicaciones en el último tiempo con tu decisión de dejar Unión para ir a Vélez. Eras el tipo más buscado en ese momento…

-Sí, y el más hijo de puta también. Porque a mí me juzgaron y está bien. Sé en qué mundo estoy. Aparte, nunca me había pasado, porque después viene todo el coletazo que eso conlleva. Porque después te dicen: ‘Vos te fuiste de Gimnasia’. ¡Se murió Maradona!, ¿qué querés? ¿que me quede? O sea, el proyecto era con Diego y Diego nos convocó. Se muere Maradona y querés que yo me quede de entrenador, ¿en serio? Si eso es lo que vos me vas a endilgar, endilgameló tranquilamente. Porque estoy seguro de que lo que hice está bien. Estoy seguro de que lo que hice en Unión está mal. Y yo lo expliqué. Ahora, yo no soy un pederasta; no soy un asesino; no soy un sicario; no le vendo droga a los chicos. Fue una decisión. ¿Está mal? Por supuesto que está mal y yo lo sé. Fue una decisión emocional. Y estaba Vélez en el medio. Después terminó bien, primero porque fue el Kily (González), que es un gran amigo, y después porque se salvaron. Así que cerró todo, fue una manera de sentirme bien. Fue un alivio.

-¿Y por qué te fuiste de Vélez?

-Porque yo creo que cuando cuando empieza una persona o una comisión nueva, vos tenés que darles la posibilidad de que elijan. La urgencia de Vélez no es institucional, es deportiva. Entonces ellos tenían que estar seguros de las decisiones que iban a tomar. También es verdad que pasamos esos seis meses que fueron muy bravos. Pero yo me quedé tranquilo porque conseguimos lo que queríamos. Y no creo que sea momento, creo que nunca es momento, pero hoy menos que nunca es momento de ser negativo. Creo que es el momento de apoyar y apoyar es, desde el lugar que te toca, estar. Estoy agradecido de que me hayan dado la chance. Y me sentí muy presionado. Me sentí muy jodido. No la pasé bien. No fue un momento de disfrute, pero es una sensación de orgullo, de haber hecho el trabajo. Eso es lo que me queda. No creo que haya cosa más importante. Por lo menos para mí.

-¿Hay algo más angustiante que pelear por no descender?

-Yo creo que eso y que tu equipo esté por desaparecer o pase algo así tan jodido. Pero irse al descenso es terrible. A mí me tocó descender de jugador, en el Celta de Vigo, y es una estaca en el pecho. Yo estuve ese tiempo sin salir. Y aparte sos tan tarado que te vas a la B en España y venís a Argentina y no salís de tu casa. Pero la explicación más sensata es que tenés una vergüenza por dentro que te carcome.

-Te tocaron situaciones difíciles de gestionar en el último tiempo.

-Yo creo que es un momento. Creo que la vida son rachas. Te tocó una racha mala. Se murió gente muy cercana. Amigos, amigas, jóvenes; no tiene mucha explicación porque no la tiene. Te va forjando, te va lastimando, te va doliendo y te vas levantando. Y no terminás de recuperarte nunca. Pero te parás otra vez porque no te queda otra. Y muchas veces eso que viviste te prepara para la mierda que viene, con la próxima mierda que será tu vida. Y ahí sí entendés que esto no es lo más importante. Lo más importante está en otro lado. Entonces, vos tenés jugadores que te dicen ‘está pasando esto’. Y no, primero atendé a tu familia y después ponete a jugar al fútbol. Porque no vas a poder jugar. La gente putea y te dice ‘pero con lo que ganan’. Sí, pero mirá que se le murió el padre. ¿Qué le vas a pedir al jugador? ¿Que levante las patas? No puede con la vida.

Es ineludible la mención al Morro Santiago García. El delantero uruguayo que marcó 51 goles con la camiseta de Godoy Cruz y se suicidó el 4 de febrero de 2021 de un disparo en la cabeza. Atravesaba una profunda depresión tras permanecer en cuarentena luego de dar positivo de Covid, lejos de su hija, que vivía en Montevideo, y en conflicto con el club mendocino. Fue encontrado dos días más tarde en su departamento de Mendoza. Méndez fue su último entrenador.

«Lo peor del fútbol son las lesiones. Irse al descenso. ¿Y esto? Cuando estás dentro de Mendoza te dicen que se le resbaló el dedo… Que es peor, porque vos no querés saber más nada. Seas responsable o no, te sentís culpable de un montón de cosas. De decir ‘si yo ya venía hablando, ¿por qué no me acerqué más?’ Yo tuve una charla larguísima con él, apenas llegamos. Pero siempre te queda la sensación de por qué no hice algo, un poco más, un poco más; ¿por qué yo no lo detecté? ¿Y por qué? Y así nos pasó a todos. Porque es una marca que quedó dentro del club. Pero también pasó en la década del 60, del 70, siempre pasó. El jugador de fútbol es una persona. Y yo sé que el laburante piensa: ‘Esta gente gana fortunas’. Muchas veces no gana fortunas. Y se exponen y hacen un montón de cosas. Y es una profesión en la que se está más expuesto. Yo voy a seguir diciendo que es la mejor del mundo, siempre va a ser la mejor decisión, pero lo digo con total convicción. Pero es difícil».

El Gallego Méndez, en las calles de Villa del Parque. (Guillermo Rodríguez Adami)El Gallego Méndez, en las calles de Villa del Parque. (Guillermo Rodríguez Adami)

El Gallego Méndez cree que Argentina y el fútbol están viviendo «una nueva era». Y aunque reconoce que «la política» siempre estuvo involucrada en el ambiente, sobre todo «en las selecciones nacionales», prefiere que se mantengan por carriles separados. Reflexiona: «El fútbol es una manifestación de cómo es la sociedad. Te das cuenta en la cancha, ahí está también el termómetro de cómo están la cosas. La gente, que es la que labura, la que paga la entrada, el hincha genuino. Está caro el plan de ir a la cancha«.

Méndez hilvana pensamientos y recuerda que durante la cuarentena por Covid el fútbol fue una de las primeras actividades que quebró el encierro. «Yo entiendo que esto es algo que hace tiempo que pasa, la gente no está bien. Vos pensá que en la pandemia fuimos unos de los que primero volvimos a la actividad. Yo lo entendí con el tiempo también y no es que a la gente hay que entretenerla. Este es un país futbolero. Y si encima estás encerrado y hay una pandemia; si hay que jugar, hay que jugar. Fue una cagada la pandemia, una locura, es algo de ciencia ficción; entonces dale un poco de realidad».

Se engancha con otra discusión: «Yo he trabajado en clubes de España, Sociedad Anónima Deportiva, porque así se dio en España desde principio de los 90. También lo hice en Colombia, también en Chile. No tuve ningún problema. Y también, la mayoría del tiempo, trabajé en clubes sociales. Me parece que el modelo cuando está bien, está bien todo. Pero yo no veo a Vélez con un dueño; no veo a River o a Boca con un dueño. Me parecería una locura. Creo que por cómo somos nosotros eso no nos cabe. No digo que esté bien o que esté mal. Digo que en Argentina es difícil instaurarlo. Me parece que los clubes son de la gente y eso está bien instalado. Los clubes están como tienen que ser, son clubes sociales. También es verdad que en otras partes del mundo no podés ir a pileta, no podés hacer ajedrez…»

-O hacer un asado…

-O un asado en un quincho. Y también eso del asado parece una tontería, pero eso te da pertenencia. Vos llevás a tu hijo a comer un asado a Vélez y vas a tener muchas chances de que vaya a la cancha con vos. Entonces no creo que eso se contemple para este país. Porque la gente es la dueña de los clubes. Los dueños de los clubes son los hinchas, que son las que pagan su cuota social, los que están siempre y a los que les cuesta un huevo ir a la cancha y pagar para ir con sus hijos.

Sebastián Méndez, en el umbral de una casa de Villa del Parque, su barrio de toda la vida. (Guillermo Rodríguez Adami)Sebastián Méndez, en el umbral de una casa de Villa del Parque, su barrio de toda la vida. (Guillermo Rodríguez Adami)

-¿Tuviste actividad gremial?

-No. Cuando empecé a jugar fueron los más grandes los que me fueron llevando. Y después me tocó ser capitán e ir a representar a mis compañeros. Y fue una época jodida porque fue la época de De la Rúa. Tengo buenas relaciones, conozco el gremio de futbolistas, el de técnicos. Pero no participo. El fútbol es un trabajo. Después está todo lo que vos sientas, porque también es una pasión. Había una frase que decía: ‘El fútbol me encanta y si no me pagaran, lo haría igual’. Pero no se lo vamos a decir a nadie. Pero sí creo que con el tiempo el futbolista ha ganado derechos. Derecho a quedarte libre, antes estabas dos años con el 20%. Pero yo creo que la fuerza más grande la tienen los grandes jugadores. Cuando se manifiestan ellos el ruido es mucho más grande. Pero creo que los jugadores se están involucrando. Lo que pasó en Brasil hace poco con Argentina (NdeR: en el partido por Eliminatorias en el Maracaná) que era una locura antes de empezar el partido, los jugadores fueron y se involucraron. Son manifestaciones que nos vienen perfecto. Lejos de tomarlo como acto de demagogia sino como algo necesario porque vos estás salvando una situación que puede terminar en tragedia. Nosotros somos muy especiales, con esto del folclore. Y estás al borde siempre de la raya. Entonces, es un Brasil-Argentina también, qué querés, que estén todos sentaditos comiendo pochoclos como en el cine.

-En ese sentido, ¿qué lectura hacés de lo que pasó en Boca con las elecciones que ganó Riquelme?

-Parece que se involucró. Yo no soy de Boca. Lo que sí reconozco es que tiró el cinturón de campeón arriba del ring y se subió. Nunca tuve relación con Román; lo conozco y lo respeto. Yo creo que Boca es un club muy popular y es algo normal. Sería más raro ver al presidente del Bayern Múnich arriba de un camión paseando por Múnich. Y no es siempre la comparación europea. Yo creo que Boca es eso. Y también es una estrategia para ganar unas elecciones. Sí creo que los clubes grandes tienen un poder grande, en todo sentido.

-Es como una banda de rock que convoca mucha gente…

-El Indio, el Indio no puede tocar en ningún lado. ¿Qué puede hacer el hombre?

-Pero si él convoca a tanta gente se convierte en un personaje peligroso para la política…

-Yo no sé si peligroso, ¿por qué tenerle tanto miedo? De última es un pensamiento. Esa es la parte que yo no puedo entender. A mí me encantan Los Redondos desde que yo iba al colegio secundario. La época de más auge, tocaban en Cemento. A mí lo que piense el Indio políticamente no me va a variar en que me siga gustando o no. Esté de acuerdo o no esté de acuerdo con él y siempre me ha parecido un tipo íntegro, pero después si no pienso igual me da lo mismo. Entonces esto de juzgar a la gente por lo que piensa políticamente… Ni de un lado, ni de otro. No me parece justo tampoco. Tampoco me interesa que Messi me diga a quién votó. En mi caso, me parece que la mejor manera de juzgar a un artista o a un deportista es por lo que hace.

-En ese sentido, ¿no es favorable que los jugadores tengan redes sociales, para comunicar lo que quieren decir sin intermediarios?

-Te sirve cuando te querés despedir de un club, por ejemplo, porque es masivo. Yo no me pude despedir de Vélez, porque no tengo redes sociales. No me voy a poner en un estado de WhatsApp ‘Muchas gracias, señores», porque es muy freaky, queda muy raro. Creo que desde ese punto sí, pero tampoco podés salir a aclarar todo.

Un baño de actualidad

Méndez trabajó en Chile, Colombia y México como entrenador. (Guillermo Rodriguez Adami)Méndez trabajó en Chile, Colombia y México como entrenador. (Guillermo Rodriguez Adami)

-Se habló mucho de los técnicos que salen de un club y entran rápido en otro. Y que es muy difícil conseguir trabajo sin un representante.

-Yo creo que hay muchos entrenadores nuevos. A mi me han llamado clubes también y no queda nada más en si tengo representante. No creo que un representante obligue a un dirigente a contratar a un entrenador. Me parece que los dirigentes eligen. Yo de jugador no tuve representante hasta los 23 años. En mi caso, es una forma más simple de hacer las cosas. Ordenar todo, tener un contrato, de pelear el dinero y lo que vas a ganar y la duración del contrato. Yo a Christian (por Bragarnik, su representante) lo conozco hace 30 años de la cancha. Son gente que conozco bien y conozco del barrio. Es un trato normal y cordial, y nos conocemos de hace muchos años. Yo no sé si sin representante podés o no podés. No creo que se fijen en eso. Hay que ver qué podés hacer vos también y cuáles son los momentos de los clubes. Hay momentos que son para un entrenador y momentos que son para otros.

-¿En qué momento estás?

-Yo estoy para dirigir. Estoy en un momento de ver fútbol, de repasar cosas. Pero antes de Unión estuve parado mucho tiempo por cuestiones personales y tengo ganas de dirigir. Y estoy esperando algo que me guste desde lo deportivo. Lo demás es un juego. Yo entiendo porque ahí siempre hay una disyuntiva, ¿viste? ¿Por qué se van? Y muchas veces se habla con la plata del otro. Cuando hablaban lo de Gallardo, de por qué va a Arabia. Ponete del lado de él y tomá una decisión, si es tan fácil o lo tienen tan clara. Parece que con la plata del otro y con el trabajo del otro cualquiera puede opinar. Siempre pensás en lo deportivo, porque vos podés ganar mucha plata, pero si no tenés un buen equipo eso es virtual porque te vas a ir muy rápido.

-¿Te seguís sintiendo jugador?

-Hasta el último día.

-¿El entrenador no se lo come?

-Sí, lo matás. Pero me obligo a ponerme la piel del jugador de fútbol. Hasta cuando veo un partido. Algunas veces no lo entiendo, algunas veces digo ‘¿por qué hace esto?’ Y los jugadores muchas veces dicen: ‘¿Y por qué el técnico hace esto?’ Pero sigo hablando con ellos. Y siempre los miedos y los temores; y las cosas buenas y las malas siguen siendo las mismas. Vos tenés que ver a un jugador que te manda un mensaje, y esa es la parte que muchas veces la gente no ve y dice ‘este se va’ y ‘es un ingrato’. Y el tipo te está diciendo ‘voy a jugar en tal cancha’, y claro, parece que todas son frases demagógicas. Pero cuando te están hablando en privado hay cero demagogia. Y yo sigo pensando que el jugador de fútbol es lo mejor que tenemos.

-Entrenar un equipo de fútbol es muchas veces gestionar un montón de emociones.

-Sí, todo eso es una parte muy importante. Es muy difícil tener contento a todo el plantel. Pero tampoco provocar que te odie la mitad. Porque vos necesitás de todos y cuando tenés las mejor versión de todos es que está funcionando todo. Cuando los que no están jugando empujan, yo creo que te obligan a repensar todo. El problema es cuando vos ya tenés decidido el equipo y sabés qué once va a jugar todo el tiempo. Y digo el problema porque quiere decir que los demás no están empujando. Pero es difícil. Porque sí encuentro que hay una frustración inmediata sobre eso, nadie quiere esperar. Y rápido el jugador se quiere ir. No tratar de pelearla un poquito más. Hay veces que se tiene que ir, como entrenador también. Y eso lo sabemos. Yo trato siempre de no llegar a que me echen, de entender en qué momento te tenés que ir, por más complejo que sea. Pero eso lo sentís como jugador también. Sentís cuándo tenés que jugarle la pulseada al entrenador, a la gente y a todos. Muchas veces la gente no te quiere y es una pulseada. Y jugatelá. No podés pretender que todo el mundo te quiera. Ahora cuando ganaste esa pulseada es genial. Porque la satisfacción es otra: ayudaste a tus compañeros a lograr un objetivo y vos ganaste también. Ganaste una que se presentaba jodida. Para mí esas son las victorias que se cuentan y que están buenas.

-La parte más humana…

-Es que yo no dirijo robots, son jugadores de fútbol. Y tienen mil quilombos, porque les pasa lo que nos pasa a nosotros. Porque hay veces que no duermen porque acaban de ser papá, y a veces se separan o tienen un familiar enfermo. La vida es una mierda en ese momento. Y qué les vas a decir. Solamente acompañar ese proceso y tratar de que así también pueda jugar. Porque es la manera de que tu cabeza se escape un poquito. Te pasan cosas que son durísimas y ese sabor de jugar cada partido es genial.

Lo que realmente importa

Sebastián Méndez. (Guillermo Rodriguez Adami)Sebastián Méndez. (Guillermo Rodriguez Adami)

En marzo de 2023 el Gallego Méndez irrumpió en un programa de televisión y reveló que había estado sin dirigir para acompañar a su hijo Santiago en un tratamiento para superar un linfoma. Cuando se enteró, estaba en México, donde se desempeñaba como entrenador del Xolos de Tijuana. Al recibir el llamado de la mamá de su hijo se subió al primer avión que pudo. Contó que buena parte del Mundial lo vieron en el hospital. Después de mucho esfuerzo, amor, paciencia y un trasplante de médula, Santiago se curó y por estos días, con 22 años, comenzó sus estudios en un profesorado de Educación Física

-¿Cuánto te ayudó el fútbol para sobrellevar la situación que vivieron en tu familia con la enfermedad que atravesó tu hijo?

-Mucho. Muchísimo. Siempre. Porque el fútbol de alguna manera te une, más en época de Mundial. Y porque el fútbol da emociones. Vos no llegás a tener esa magnitud, lo que atrae de cada persona que va a la cancha y un montón de historias. Hay algunos que van porque los viejos, los abuelos, los hicieron hinchas. Y hay cada historia. Yo cuando veo una persona no vidente en la cancha digo ¡puta madre, pero qué genial!. Entonces o te lamentás o empujás. Y en ese empujar el fútbol te ayuda, por esto que maneja emoción. Por más que termine el partido y hayas perdido y te enojes. Entonces dentro de lo peor que te puede pasar, el fútbol siempre ayuda.

-¿Por qué decidiste contar que tu hijo había estado enfermo?

-Lo primero que quise hacer fue mandar un mensaje sobre donar sangre y donar médula. Me parece que lo primero es hacerte el análisis para ver si hay compatibilidad. Porque es algo que la gente puede salvar vidas y de verdad puede salvar vidas. Me parece que desde ese lugar uno puede llegar a tener un poco más de voz. Y en ese sentido no me parece que sea utilizarlo, sino que ayuda. Sí entiendo que podemos mandar un mensaje de optimismo, porque en este caso es de optimismo. Y como muchas veces vos abrís el diario y lo único que ves es mierda, noticias feas, alguna vez poder decirle a la gente que hay cosas que pasan y que hay cosas que son terribles, porque no hay nada más terrible que eso. Pero eso pasa. Si no pasa, va a ser lo peor. Pero algunas veces pasa, estos milagros pasan, estas cosas que nos hacen creer que está bien.

«Yo me hice más creyente que nunca. Y no me da vergüenza decirlo en absoluto. Yo lo hablé mucho con mi hijo. Ese es un tema que ya no voy a hablar, pero sí en el momento, porque hablando con su hematóloga yo sabía que había muchos chicos también que entre los 16 años, porque se manifiesta a esa edad, padecían lo mismo y el mensaje es este: ‘Miren, el camino es larguísimo y es duro, pero se llega a un final que está bueno, porque tenés a tu hijo de nuevo con vos’. Es simplemente eso. Desde mi humilde lugar de poder tener una pequeña voz», declamó Méndez.

-¿Qué repercusiones tuviste?

-Geniales. La mejor de todas y la que más me gustó fue de mis ex compañeros, que son mis ídolos. De cuando yo era chico. Yo era el más chico de esa generación. Yo debuté en el 94 con gente más grande. A mí me ayudaron todos de aquel gran equipo de Vélez y esos tipos son superhéroes. Son lo más. Ellos están allá arriba de mi consideración, de respeto, de cariño, de afecto. De admiración. De todo lo bueno que puede llegar a tener, y todo lo que pase. Aunque alguno alguna vez haya dicho algo cuando estaba dirigiendo, me importa tres carajos. Ellos son mis referentes de siempre y yo me manejé después en el fútbol por ellos. Creo haberlo hecho bastante fiel a lo que ellos me enseñaron. Eso me marcó para toda mi vida.

-Es raro que en el fútbol se muestren tanto las emociones.

-Es que a veces te preguntan ‘¿qué era el Diego para vos?’, y qué les vas a contestar, algo como un robot y decir ‘no, fue el mejor jugador del mundo’. Mirá, Diego era Diego, déjense de romper los huevos. Yo no sé cuál es el cassette que te tenés que poner para hablar. Yo nunca lo he tenido. Y sí, voy a la conferencia de prensa y si perdimos tengo una cara de orto, me levanto y me voy. ¿Qué voy a hacer? Nací así, no lo puedo hacer de otra manera. Con errores y con aciertos. Como lo de Unión, y sí, se me cae la cara de vergüenza. Me acuerdo que mis viejos se habían ido del país, estaban paseando. Y yo no les dije nada, se enteraron allá. Y yo sabía que mi viejo algo me iba a decir. También entiendo al que es reservado y no dice nada. Yo soy así y fui así. Y no me gusta tampoco ir a la conferencia y decir ‘no jugamos bien’. Si en el primer tiempo jugaste mal, jugaste mal en el segundo, jugaste mal todo el partido, ¿qué le vas a buscar? ¿qué le vas a decir a la gente? Vas a edulcorar qué cosa, si te cagaron a pelotazos y lo vio todo el mundo. O te tiraste atrás deliberadamente o el equipo fue atrás. Pero vos sos el responsable. Y asumir las consecuencias. A mí no me pesa eso, ni me molesta. Habrá gente que le gusta un poco más o un poco menos. Yo soy esto.

-¿Qué te gusta? ¿Qué estás mirando?

-Me gusta el Inter de Lautaro Martínez. Veo mucho fútbol de todos lados. Me gusta la Premier, el fútbol argentino no tiene nada que ver. A veces parece otro deporte. Es difícil el fútbol argentino. Yo adhiero a los que dicen ‘me gustaría ver a estos técnicos en Argentina’, les sería complicado. A mí siempre me gustó mucho Klopp. Y de acuerdo con lo que dijo Pipo (por Gorosito), que si vas a ver a Andrea Bocelli no vas a cantar como él (NdeR: entrevista con Infobae, en 2019: «Acá uno porque fue a ver a Klopp se cree entrenador; yo fui a ver a Andrea Bocelli y no sé cantar»). Pero sí cuando vas a verlo, vas a ver si lo que estás haciendo vos está tan lejos de lo que hacen ellos o si hay algo de lo que hacen ellos que esté tan bueno como para incorporar.

-¿Y en Argentina?

El fútbol argentino está buenísimo. Tiene una cuota de dramatismo, de suspicacia por los fallos, de los jugadores dificilísimos de dirigir. Y vos ves a los árbitros argentinos dirigiendo en el Mundial y dirigen bárbaro. Y acá es difícil. El jugador simula, con VAR y con todo; y no digo ‘simula’, simulamos nosotros también. Nosotros hacíamos cualquier cosa. Que después cuando llegás a jugar en otro lado te miran y dicen qué le pasa a este loco. O por qué le metes una patada tan, tan violenta a una persona. El fútbol argentino es distinto a todo. Yo creo que el último Mundial Argentina lo gana a la Argentina. Me parece que la última consagración argentina, es bien argentina. Porque jugó bien y porque le puso huevo a todos los partidos.

-Lo que decís es poco técnico…

-Pero se entiende dentro del sentido de juego. Vos hablás de agresividad, de equipo compacto, de presión y de todas las palabras técnicas. Argentina jugó con intención, con ganas. Desde lo futbolístico jugó muy bien. Hubo partidos que no tanto, pero fue creciendo dentro del Mundial. Y el último Mundial lo gana como Argentina, la Copa América la gana como Argentina. La final en el Maracaná se jugó a lo argentino, no se jugó a lo brasileño.

-¿Con la nuestra?

-La nuestra son grandes jugadores de fútbol técnicamente. La nuestra también son centrales y volantes que te matan. Al Cuti Romero no te lo recomiendo. No va con mala leche, no va a lastimar. Va fuerte y es un aviso. Ahora a Messi lo cagan a patadas también. Si juega Julián (por Álvarez) lo van a cagar a patadas también y nosotros tenemos jugadores muy pegables. Pero juegan bien.

-¿Dónde vas a dirigir?

-Donde me hagan una oferta que me guste.

-En Banfield te esperan para el día que haya que buscarle un reemplazo a Falcioni.

-Que siga Julio mucho tiempo. Es una de las personas que más quiero. Vivimos cerca, tengo que ir a verlo. Julio es la simpleza. Cada vez que hablo con él es un placer. Hablamos de cosas de la vida, más allá del fútbol. Fue el técnico que me dejó retirar, que me dio ese lugarcito para poder retirarme del fútbol. Yo lo quiero mucho, es un tipo íntegro.

-Ese encuentro con Maradona quedará para la historia cuando le dijo el «fútbol nos da vida»

-¿A vos te parece que no? Yo no creo que a Carletto Ancelotti lo mueva hoy cobrar un euro más o un euro menos, pero seguro está disfrutando de esos momentos. No creo que ganar la última Champions le cambiara la vida. Pero sí que le dio cinco años más de vida.

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