La historia económica argentina desde la década de 1930 hasta la actualidad ha estado marcada por ciclos recurrentes de endeudamiento externo. Este fenómeno ha sido impulsado, en gran medida, por gobiernos de orientación liberal o de derecha, que han promovido políticas económicas favorables a sectores concentrados de poder económico.
Por otro lado, movimientos como el peronismo han intentado, en distintos momentos, contrarrestar esta tendencia, buscando mayor autonomía económica y reducción de la dependencia financiera externa.
El endeudamiento en la década de 1930 y las familias patricias
La década de 1930, conocida como la «década infame», estuvo caracterizada por la instauración de gobiernos conservadores que promovieron políticas económicas alineadas con los intereses de las élites tradicionales, muchas de ellas vinculadas al sector agroexportador.
Familias patricias, como los Martínez de Hoz, los Anchorena y los Pereyra Iraola, ejercieron una influencia significativa en las decisiones económicas del país.
Durante este período, se profundizó la dependencia de capitales extranjeros, consolidando un modelo económico que favorecía a estos grupos en detrimento del desarrollo industrial nacional.
El Peronismo y la resistencia al endeudamiento externo
Con la llegada de Juan Domingo Perón al poder en 1946, se implementaron políticas orientadas a la industrialización y la justicia social.
Perón buscó reducir la dependencia económica externa y fortalecer el mercado interno.
Una de sus decisiones más destacadas fue la negativa a ingresar al Fondo Monetario Internacional (FMI), argumentando que la adhesión podría comprometer la soberanía económica del país.
Esta postura reflejaba una visión crítica hacia los organismos financieros internacionales y una apuesta por un desarrollo más autónomo.
La dictadura de 1976 y el plan económico de Martínez de Hoz
El 24 de marzo de 1976 se consolidó en Argentina una dictadura cívico-militar que no sólo instauró un régimen represivo y genocida —con más de 30.000 desaparecidos según los organismos de derechos humanos— sino que implementó un programa económico radical orientado a modificar estructuralmente el modelo productivo argentino.
El arquitecto de ese programa fue José Alfredo Martínez de Hoz, ministro de Economía entre 1976 y 1981 y representante de la oligarquía terrateniente.
Su plan apuntaba a desmantelar el Estado de bienestar, liberalizar la economía, financiarizar el sistema económico y abrir irrestrictamente la economía nacional a los capitales internacionales.
A través de la ley de entidades financieras de 1977 (vigente hasta hoy) se establecieron condiciones ideales para la especulación, mientras que con la tablita cambiaria se incentivó el ingreso de capitales de corto plazo, lo que fomentó una verdadera “bicicleta financiera”.
Los resultados fueron catastróficos: la deuda externa pasó de 9.700 millones de dólares en 1976 a 45.000 millones en 1983, en gran parte por estatización de pasivos privados de grupos económicos afines al régimen (Katz y Kosacoff, CEPAL, 1998). A ello se sumó el cierre de 20.000 industrias, la caída del salario real y una inflación reprimida que explotaría con la vuelta a la democracia.
Como señala el historiador Norberto Galasso, “la dictadura no sólo desapareció cuerpos, también desapareció un modelo de país industrialista y con justicia social”.
El modelo Milei como continuidad y profundización
El ascenso de Javier Milei en 2023 trajo consigo una narrativa disruptiva —autodenominado “anarcocapitalista” y enemigo del Estado— pero, en los hechos, su programa económico reproduce con fidelidad los lineamientos del liberalismo extremo de Martínez de Hoz. La similitud no sólo es ideológica, sino estructural:
Desregulación total: A través del DNU 70/2023 y la Ley Ómnibus, Milei intentó desmantelar centenares de normativas laborales, civiles, comerciales y sanitarias.
Reforma financiera y fiscal de shock: Se frenaron transferencias a provincias, se eliminaron subsidios, y se desmanteló la obra pública, provocando una contracción económica sin precedentes.
Gobierno por decreto: Se intenta gobernar mediante DNU, eludiendo al Congreso y debilitando el equilibrio republicano.
Esta práctica remite al poder discrecional de la dictadura y a la lógica de los “gobiernos de excepción”.
Represión de la protesta social: Se criminaliza la movilización social como forma de resistencia al ajuste.
El protocolo “antipiquetes” de Patricia Bullrich recuerda los métodos represivos del Proceso.
Según el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), el programa de Milei coincide en un 68% con el de Martínez de Hoz, y en un 70% con el aplicado por Domingo Cavallo en los años 90.
Es decir, una reedición del neoliberalismo más crudo, que sólo beneficia al capital financiero y a los grandes grupos económicos.
Patrón estructural
El endeudamiento como patrón estructural de los gobiernos de derecha
La historia argentina muestra una regularidad inquietante: cada vez que gobernó la derecha, creció la deuda externa. Esta no fue utilizada para proyectos de desarrollo o inclusión social, sino para financiar fuga de capitales, timba financiera y rescates a los mismos sectores que promovieron el endeudamiento.
Algunos hitos:
Década infame (1930-1943): Vinculación con la banca inglesa y el Pacto Roca-Runciman que garantizó privilegios al imperio británico.
Dictadura (1976-1983): Explosión de la deuda y estatización de pasivos privados.
Gobierno de Menem (1989-1999): Privatizaciones, convertibilidad y nuevo ciclo de endeudamiento que llevó la deuda a más de 140.000 millones de dólares.
Gobierno de Macri (2015-2019): Argentina volvió al FMI tras 15 años, tomó la mayor deuda en la historia del organismo (44.000 millones de dólares), y hubo fuga de capitales por más de 86.000 millones de dólares en cuatro años (Informe BCRA, 2020).
Como afirma el economista Claudio Lozano, “el endeudamiento no es un error técnico: es parte del negocio financiero de los sectores dominantes que lucran con la deuda y transfieren al exterior la riqueza generada en el país”.
El peronismo como respuesta soberana al modelo de deuda
Frente a este patrón histórico, el peronismo ha representado —aunque con contradicciones— el intento más sostenido de romper con la lógica de endeudamiento externo y dependencia estructural. Juan Domingo Perón ya en los años ‘40 se negó a ingresar al Fondo Monetario Internacional, y utilizó el excedente de reservas del IAPI para saldar deuda externa y financiar un modelo de desarrollo industrial con fuerte inclusión social.
Más tarde, Néstor Kirchner canceló la deuda con el FMI en 2006 para recuperar soberanía económica y evitar condicionalidades. Durante los gobiernos kirchneristas (2003-2015), la política de desendeudamiento permitió reducir drásticamente la relación deuda/PBI. Aunque la deuda en dólares creció levemente, se logró canjear deuda en default, reducir tasas y plazos, y evitar nuevos préstamos con el FMI.
Cristina Fernández nacionalizó YPF, recuperó el sistema previsional y resistió las presiones de los fondos buitre.
Como expresó en la ONU en 2014: *“No vamos a volver a endeudarnos para pagar deuda. Ese círculo vicioso nos hizo perder décadas”.
Una continuidad
Estas políticas han generado ciclos de dependencia, fuga de capitales, reprimarización de la economía y debilitamiento del aparato productivo nacional.
La deuda externa no fue utilizada para desarrollar infraestructura ni mejorar las condiciones de vida de la población, sino para financiar déficits provocados por beneficios fiscales a los sectores más ricos y para sostener la valorización financiera de activos, beneficiando a bancos, grandes grupos económicos y fondos de inversión extranjeros.
En palabras del economista Eduardo Basualdo, “la deuda externa no es un fenómeno financiero sino político: expresa la forma en que las clases dominantes transfieren hacia el exterior los recursos generados internamente para sostener su dominio”. (Basualdo, Sistema financiero y endeudamiento externo, 2006).
La concentración económica y la extranjerización de sectores estratégicos fueron parte del mismo paquete, consolidando un modelo extractivo y dependiente.
El experimento de Milei como reedición agravada
Javier Milei —autodenominado “anarcocapitalista”— no sólo retoma ideas de Martínez de Hoz, sino que las lleva a un paroxismo. Entre sus primereras medidas se encuentran:
Un DNU de 366 artículos que reforma por decreto aspectos estructurales del derecho laboral, comercial, civil y penal, eludiendo al Congreso Nacional, en abierta violación del principio republicano de división de poderes.
La suspensión de obras públicas, paralización de transferencias a provincias y congelamiento de jubilaciones y salarios, configurando un ajuste feroz que recae sobre los sectores más vulnerables.
Una política de endeudamiento brutal: a pesar de afirmar lo contrario, ha emitido deuda en pesos a tasas usurarias (Lecaps), convalidando una nueva “bicicleta financiera” que recuerda a los peores momentos del plan de Cavallo.
Represión sistemática a la protesta social, criminalización de la pobreza y uso de fuerzas federales como fuerza de choque del ajuste.
El periodista económico Alfredo Zaiat sostiene que “Milei está haciendo en meses lo que el Consenso de Washington quiso hacer en años, por eso necesita gobernar sin Congreso, sin Justicia y sin protesta. Es un experimento neoliberal de shock con represión”. (Página/12, enero de 2024).
Las “familias patricias” en el poder hasta hoy
Detrás de cada plan de ajuste y endeudamiento, aparecen siempre los mismos apellidos y grupos de poder.
En el siglo XXI, nombres como Elsztain (IRSA), Mindlin (Pampa Energía), Bulgheroni (PAE), Eurnekian (Corporación América) y Caputo (Nicolás, íntimo de Macri y financista del gobierno de Milei), toman la posta de los Martínez de Hoz y Anchorena.
Son los beneficiarios del modelo extractivo y financiero, no productivo, que se reproduce con cada gobierno liberal.
A esto se suma el poder creciente de los fondos de inversión como BlackRock, Vanguard y Templeton, que poseen parte de la deuda externa argentina y presionan para que el país ajuste su gasto y privatice activos.
El peronismo como resistencia histórica al endeudamiento colonial
Desde Perón hasta Néstor Kirchner, pasando por Cámpora y Cristina Fernández, el peronismo ha representado —con sus luces y sombras— el intento más sostenido de construir una Argentina con soberanía económica.
La cancelación de la deuda con el FMI en 2006, la nacionalización de YPF y la recuperación del sistema previsional fueron hitos de esa lucha.
Como afirmaba Perón: “El país que no maneja su economía, no maneja su política ni su destino”.
Epílogo: La deuda como herramienta de dominación
La historia demuestra que la deuda externa no es solo un problema económico: es una estrategia de dominación.
Por eso, como señala Alejandro Olmos Gaona, la verdadera independencia de Argentina pasa por una auditoría pública, social y judicial de la deuda, y por una transformación estructural del sistema político que permita emanciparse de los condicionamientos del capital financiero internacional.
La obsesión de la derecha argentina por endeudar al país responde, en última instancia, a la defensa de los intereses de una minoría, beneficiando a circulos de amigos » gestores ocasionales » con pingues honorarios que nunca se transparentan .
El desafío histórico es construir una economía al servicio de las mayorías, con justicia social, soberanía y memoria histórica.
Lic. Faustino «Yiyo» Duarte