sábado, 5 abril, 2025
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La contradicción de Luisa González sobre meritocracia y afinidad política

POLÍTICA

La candidata quiso hablar de inclusión técnica, pero su relato de cayó ante su historial y entorno político.

Luisa González, candidata de la Revolución Ciudadana, afirmó que designaría funcionarios por su capacidad y no por afinidades políticas. Sin embargo, su discurso contradice el historial del correísmo, donde la lealtad al movimiento fue criterio clave en la designación de altos cargos.

Durante su entrevista en radio La Otra, González aseguró que gobernaría con personas “capacitadas y comprometidas con la patria”, incluso si provienen de corrientes ideológicas distintas. No obstante, la práctica del correísmo ha sido caracterizada por la concentración del poder y el sectarismo, dejando de lado a técnicos independientes en favor de militantes fieles.

La candidata también mencionó que organizaciones de izquierda y derecha respaldan su propuesta, pero no lo hacen público por temor a la “persecución”. Esta declaración intenta proyectar un falso consenso que no se refleja en el panorama político actual. La Revolución Ciudadana sigue siendo percibida como un proyecto excluyente, marcado por el pasado autoritario de Rafael Correa.

Mientras tanto, el presidente Daniel Noboa ha tomado una ruta distinta. Su gobierno ha promovido la incorporación de perfiles técnicos sin importar la afiliación política, destacando la necesidad de eficiencia y profesionalismo en la administración pública. Noboa ha buscado dejar atrás el modelo de gobernanza clientelar y construir un Estado funcional y transparente.

| La Derecha Diario

Las declaraciones de González sobre reestructurar el Estado y garantizar buenos servicios públicos no se alinean con las prácticas de gobiernos anteriores de su misma línea. Durante el correísmo, se cooptaron instituciones, se persiguió a opositores y se premiaron las lealtades políticas por encima de la preparación profesional.

Incluso al mencionar a figuras como Jan Topic como posibles miembros de su gabinete, González parece querer suavizar su imagen, pero evita reconocer las fracturas profundas que su movimiento ha causado en la democracia ecuatoriana. Sus llamados al respeto y al fin del odio contrastan con la narrativa divisiva que ha caracterizado al correísmo por más de una década.

Mientras tanto, el actual gobierno continúa con medidas que priorizan la estabilidad, la seguridad y la eficiencia. Daniel Noboa ha impulsado una agenda que busca el desarrollo económico, el orden institucional y la colaboración entre sectores. Estas acciones marcan una diferencia clara con las promesas vagas de unidad que esgrime González.

La propuesta de Luisa González de priorizar la capacidad sobre la afinidad política se contradice con el legado político que representa. Frente a esto, la gestión de Daniel Noboa ofrece un enfoque más realista y técnico, alejado de los excesos del pasado.

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