En una atmósfera de profundo recogimiento y reflexión, la Iglesia Catedral de Formosa fue testigo este domingo de una homilía que no solo buscó alimentar el espíritu de los fieles en el segundo domingo de Navidad, sino también arrojar luz sobre la convulsionada realidad que atraviesa el mundo en este inicio de año. Monseñor José Vicente Conejero Gallego, obispo de la Diócesis, presidió la celebración eucarística de las 8:00 hs, centrando su mensaje en la trascendencia de la Encarnación y el compromiso cristiano ante el sufrimiento humano.
A continuación, presentamos un análisis detallado de los ejes centrales de su discurso, donde la fe y la actualidad se entrelazaron en un llamado a la acción y la gratitud.
El Misterio de la Encarnación: Dios en nuestra Fragilidad
La homilía se cimentó sobre la piedra angular del cristianismo: el Verbo que se hace hombre. Monseñor comenzó recordando que la Navidad no es un evento del pasado, sino una realidad presente que transforma la condición humana.
“La palabra se hizo carne y habito entre nosotros”, proclamó el Obispo, subrayando que esta frase no es una mera fórmula teológica. “Esta expresión, queridos hermanos, resume y concentra el misterio que estamos celebrando en este tiempo de Navidad. Dios, el Emmanuel, se hace tan cercano a nosotros que quiere asumir nuestra frágil condición humana”. Con estas palabras, Conejero Gallego destacó la humildad de la divinidad que elige la «fragilidad» para redimir al mundo, un concepto que cobra especial relevancia en tiempos de incertidumbre.
Un Mundo en Crisis: El Deber de la No Indiferencia
Al transitar los primeros días del dos mil veintiséis, el Obispo no pasó por alto la complejidad del escenario internacional. Su mensaje fue una denuncia contra la apatía y un llamado a la solidaridad global, mencionando eventos específicos que han marcado el inicio del año nuevo.
“Un poquito convulso con todos los acontecimientos que suceden en este tiempo en que vivimos, ya desde el incendio en Suiza, donde han muerto y han salido heridos el día de Año Nuevo, como también la situación de Venezuela. Bueno, son hechos a los cuales no podemos permanecer indiferentes, ya que todos formamos una sola familia, la familia de los hijos de Dios”, enfatizó. Para Monseñor, la fraternidad cristiana no conoce fronteras, y el dolor de una nación debe resonar en el corazón de la comunidad formoseña, entendiendo que la paz y la justicia son tareas compartidas.
La Sabiduría Divina frente a la Ignorancia y el Rechazo
Basándose en las lecturas del Libro del Eclesiástico y las cartas de San Pablo, el prelado hizo una distinción clara entre la sabiduría del mundo —muchas veces ciega— y la sabiduría de Dios personificada en Jesucristo. Explicó que la humanidad suele caminar en la «tiniebla de la ignorancia» cuando decide dar la espalda al plan divino.
“Vino a los suyos y los suyos no lo reconocieron. Cuando nosotros nos empeñamos en cerrar la mente y el corazón ante la bondad, la generosidad de Dios que viene a salvarnos, a iluminarnos, a llenarnos de vida plena por medio de su Hijo Jesús, entonces es que rechazamos el plan y el designio de Dios cuando deberíamos estar sumamente agradecidos por esta benevolencia, bondad, misericordia de Dios para con nosotros”, reflexionó con preocupación.
El Obispo advirtió que, frecuentemente, el ser humano elige la ingratitud: “Pero eso es lo que sucede, frecuentemente somos ingratos o cerramos los ojos y no queremos ver y reconocer la verdad. La verdad que nos hace auténticamente libres”.
La Supremacía de la Fe sobre las Ideologías y Sistemas
Uno de los momentos más contundentes de la homilía fue cuando Monseñor abordó la validez de los sistemas humanos —políticos, económicos y sociales— a la luz de la fe. En un mundo saturado de promesas ideológicas, el Obispo recordó que solo lo eterno prevalece.
“Nosotros anunciamos y predicamos a Cristo fuerza y sabiduría de Dios. Las realidades humanas, las ideologías, los sistemas sociopolíticos, económicos, que se presentan en el mundo son siempre parciales y son válidos en tanto en cuanto se aproximan y se acercan a la enseñanza de Jesús y a la enseñanza de la Iglesia”, sentenció. De esta manera, colocó la ética del Evangelio como el filtro necesario para juzgar cualquier estructura social, recordando que “todo lo demás es efímero y pasajero”.
Hacia la Epifanía: Una Misión Universal
Con el calendario litúrgico marcando la cercanía del 6 de enero, la Iglesia se prepara para celebrar la Epifanía del Señor, la manifestación de Dios a todos los pueblos. Monseñor Conejero Gallego instó a los fieles a no guardar la fe para sí mismos, sino a ser agentes activos de evangelización.
“Nosotros que tenemos la dicha y la alegría de creer y de conocer al Señor, vamos también a cooperar, a colaborar con Dios para que sea conocido Jesucristo, amado, aceptado como Rey y Salvador y Redentor del mundo, el único, no nos cansaremos de repetirlo, el único, Redentor y Salvador”, exhortó.
La conclusión de su mensaje fue un acto de reafirmación dogmática y espiritual, sellando el compromiso de la Iglesia local con la figura de Cristo: “Nosotros nos gloriamos de profesar la fe de la Iglesia y nada ni nadie va a apartarnos nunca de reconocer que sólo, sólo en Jesucristo se halla la salvación, que así sea”.
Agradecimientos y Colaboración
Esta cobertura especial de la homilía dominical ha sido posible gracias a la labor de comunicación de la comunidad diocesana, que trabaja incansablemente por difundir el mensaje del Evangelio a través de los medios modernos.
Colaboración: “La Voz del Santuario Nuestra Señora del Carmen” programa radial de la pastoral de la Comunicación de la Parroquia Nuestra Señora del Carmen –Iglesia Catedral– de Formosa.
Misa completa:
“La palabra se hizo carne y habito entre nosotros”
Esta expresión, queridos hermanos, resume y concentra el misterio que estamos celebrando en este tiempo de Navidad. Dios, el Emmanuel, se hace tan cercano a nosotros que quiere asumir nuestra frágil condición humana.“La palabra se hizo carne y habito entre nosotros”
Esta expresión, queridos hermanos, resume y concentra el misterio que estamos celebrando en este tiempo de Navidad. Dios, el Emmanuel, se hace tan cercano a nosotros que quiere asumir nuestra frágil condición humana.
Y así, como hemos escuchado estos días, al llegar la plenitud de los tiempos, Dios nos envió a su hijo, nacido de una mujer, la Virgen María, cuya maternidad virginal hemos celebrado el primer día de este año, dos mil veintiséis, que estamos estrenando. Un poquito convulso con todos los acontecimientos que suceden en este tiempo en que vivimos, ya desde el incendio en Suiza, donde han muerto y han salido heridos el día de Año Nuevo, como también la situación de Venezuela. Bueno, son hechos a los cuales no podemos permanecer indiferentes, ya que todos formamos una sola familia, la familia de los hijos de Dios.
Este segundo domingo de Navidad, la Palabra de Dios vuelve a subrayar este misterio en el que creemos que es la encarnación de Dios, que se hace hombre y viene para salvarnos en la persona de Jesús. Ya en la primera lectura del Libro del Eclesiástico, escuchamos como una profecía que la sabiduría de Dios se haría presente en medio de la humanidad. Y nosotros desde una lectura cristiana, pues comprendemos que esa sabiduría es Jesucristo el Señor.
El apóstol San Pablo, de hecho en la Carta a los Corintios también, va a expresar que la sabiduría, la redención, la justicia, se manifiestan en Cristo Jesús. Él es la fuerza y la sabiduría de Dios. San Pablo al inicio de la Carta a los Efesios, en este cántico, que recitamos frecuentemente quienes rezamos la liturgia de las horas, describe el plan y el designio de Dios desde antes de la creación del mundo y reconoce que hemos sido pensados y después creados por Dios para ser santos a imagen de Jesucristo, su Hijo unigénito, para la gloria y alabanza de la gloria de Dios.
Por eso, al final de este pasaje que hemos proclamado, el apóstol invita a que el Espíritu Santo nos dé ese conocimiento, esa sabiduría para poder comprender la herencia a la que hemos sido llamados, la de ser hijos adoptivos de Dios y ya lo somos por medio del bautismo. Es un cántico de alabanza, de bendición a Dios que nos bendice y nosotros le alabamos y le glorificamos como respuesta a ese designio amoroso de Dios para con nosotros ser hijos en el Hijo unigénito. Volvemos a escuchar nuevamente y nunca nos cansaremos de escuchar el prólogo, el inicio del Evangelio según San Juan.
Al principio existía la palabra, por él fueron creadas todas las cosas. Esa palabra es Jesucristo, el Señor. Llegando al versículo que hemos cantado respondiendo al Salmo, y el verbo se hizo carne y habitó entre nosotros.
Así se nos presenta a Cristo como la luz, la gracia, la vida, la salvación para los hombres que vivimos en medio de las tinieblas de la ignorancia también tantas veces y de rechazo a Dios cuando no aceptamos su voluntad. Lo dice también este prólogo, vino a los suyos y los suyos no lo reconocieron. Cuando nosotros nos empeñamos en cerrar la mente y el corazón ante la bondad, la generosidad de Dios que viene a salvarnos, a iluminarnos, a llenarnos de vida plena por medio de su Hijo Jesús, entonces es que rechazamos el plan y el designio de Dios cuando deberíamos estar sumamente agradecidos por esta benevolencia, bondad, misericordia de Dios para con nosotros.
Pero eso es lo que sucede, frecuentemente somos ingratos o cerramos los ojos y no queremos ver y reconocer la verdad. La verdad que nos hace auténticamente libres. Bien hermanos, procuremos entonces seguir celebrando con mucha alegría este tiempo de la Navidad a pesar de las dificultades y adversidades que podamos tener, siempre recibiendo con alegría la salvación que nos viene de Dios y que se manifiesta en la persona de Jesucristo, que volvemos a repetir, es la luz, es la gracia, es la vida, es la salvación de los hombres.
Por eso nuestro corazón está sumamente agradecido. Ahora vamos a celebrar también este próximo día 6, pasado mañana, la Epifanía del Señor, su manifestación a todas las naciones. Primero Dios tuvo a bien rebelarse a un pueblo, el pueblo de Israel, el pueblo judío, donde Jesús, María, nacieron, ¿verdad?, y vivieron y existieron, y permanece para siempre.
Pues bien, entonces digo que vamos a celebrar esa manifestación para todos los pueblos, todas las naciones y todas las culturas. Nosotros que tenemos la dicha y la alegría de creer y de conocer al Señor, vamos también a cooperar, a colaborar con Dios para que sea conocido Jesucristo, amado, aceptado como Rey y Salvador y Redentor del mundo, el único, no nos cansaremos de repetirlo, el único, Redentor y Salvador. Todo lo demás es efímero y pasajero, por más que se quieran empeñar, nosotros anunciamos y predicamos a Cristo fuerza y sabiduría de Dios.
Las realidades humanas, las ideologías, los sistemas sociopolíticos, económicos, que se presentan en el mundo son siempre parciales y son válidos en tanto en cuanto se aproximan y se acercan a la enseñanza de Jesús y a la enseñanza de la Iglesia. Nosotros nos gloriamos de profesar la fe de la Iglesia y nada ni nadie va a apartarnos nunca de reconocer que sólo, sólo en Jesucristo se halla la salvación, que así sea.
