lunes, 5 enero, 2026
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Yorg: Ante nuestros ojos se arruina el orden jurídico internacional y la democracia?

Los acontecimientos bélicos recientes y la aplicación dogmática de políticas públicas neoliberales a escala global obligan a una reflexión profunda sobre el estado actual del orden jurídico internacional y el sentido real de la democracia.
Lo que estamos presenciando no es una crisis pasajera, sino un cambio estructural profundo: el mundo y el orden jurídico internacional han mutado radicalmente. En ese proceso histórico, la democracia, tal como la conocíamos, aparece gravemente arruinada.
El núcleo del problema reside en la expansión de una fuerza contracultural que opera con lógica totalizante: el neoliberalismo. Su pretensión no es únicamente económica, sino civilizatoria. Busca alterar nuestra mentalidad colectiva respecto de la justicia social, la independencia económica y la soberanía política.
Las políticas neoliberales persiguen un objetivo inconfesable pero evidente: la naturalización de una nueva forma de sometimiento. Se intenta que aceptemos de buen grado la esclavitud del siglo XXI. Para ello, se reconfiguran instituciones, se vacían leyes y se resignifican derechos, con el propósito de adaptar las conciencias a un nuevo orden socioeconómico profundamente desigual.
Numerosos pensadores, historiadores y sociólogos coinciden en que los cambios sociales profundos no se imponen solo por la fuerza, sino también mediante la reiteración de prácticas que buscan volverse normales. Sin embargo, ese mismo arraigo cultural puede transformarse en una resistencia pacífica poderosa cuando los pueblos toman conciencia del despojo.
La humanidad está cansada y harta de la opresión. Por eso, la búsqueda de la paz y la prosperidad reaparece con nitidez como la opción más sensata y humana, pero ya no desde el individualismo, sino desde la construcción cooperativa del destino común.
En tiempos de descomposición normativa y violencia legitimada, el dilema es claro: o se profundiza la barbarie del sálvese quien pueda, o se reconstruyen, desde abajo y en comunidad, los valores que hacen posible una democracia real.

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