En el extremo oeste de la provincia de Formosa, donde el termómetro desafía la resistencia humana y el viento norte levanta nubes de polvo que nublan el horizonte, el derecho básico al agua potable se ha convertido en un lujo inalcanzable. Mientras el Gobierno Provincial publicita récords de producción primaria y avances tecnológicos, los pobladores de El Potrillo enfrentan un escenario desolador: una planta potabilizadora fuera de servicio por salinización y un sistema de distribución que depende de la voluntad política.
En una extensa entrevista concedida al programa “Exprés En Radio” por FM VLU 88.5 (Grupo de Medios TVO), la Dra. Emilia Maciel, diputada provincial por Libertad, Trabajo y Progreso, desnudó las carencias de una zona que, a pesar de ser rica en hidrocarburos, vive sumergida en la indigencia hídrica.
El colapso del sistema y la salinización del recurso
La crisis actual tiene un origen técnico pero un trasfondo de falta de inversión. Según explicó la legisladora, la fuente de agua que abastecía a la zona sufrió un proceso de salinización irreversible, dejando la planta de producción totalmente inoperante. “No hay abastecimiento para los pobladores y lo que hoy están teniendo son acarreos con tanques de agua donde le traen de diferentes pozos de agua, aljibe, la gente la mayoría tiene como un reservorio en su domicilio”, detalló Maciel.
Esta situación ha forzado a los habitantes a una “subsistencia en comunidad”, donde compartir el agua del aljibe de un vecino es la única forma de no perecer ante las altas temperaturas de enero. Sin embargo, la diputada denunció que este acarreo de agua no es equitativo ni universal, sino que se utiliza como una herramienta de control social.
“En una provincia feudal como Formosa todo está atado a la cuestión política, es decir, pueden no llevarte agua porque vos no profesás la política de Gildo Insfrán, cuando es obligación del gobierno asegurarle el agua potable”, sentenció con dureza.
La paradoja del oeste: Riqueza extractiva y pobreza estructural
Uno de los puntos más impactantes de la nota periodística es la contradicción económica que vive el departamento Ramón Lista. Mientras las comunidades carecen de agua para beber o higienizarse, el suelo formoseño entrega sus riquezas a diario. La Dra. Maciel relató haber sido testigo del constante flujo de camiones cisterna cargados de petróleo crudo saliendo de la zona.
“El Gobierno está más preocupado por las perforaciones petroleras de Venezuela y en el oeste que tenemos petróleo no tenemos agua potable para la población. Si se van a Masalote, Lote 8, toda esa zona, van a ver el despliegue de la cantidad de camiones y camiones que sale de crudo”, afirmó, señalando que en un solo día llegó a contar 36 vehículos transportando el recurso.
La pregunta que resuena en el oeste es el destino de las regalías. Para la diputada, el contraste es obsceno: “Yo me imagino que las camionetas 4×4, las mansiones que tienen los funcionarios de Gildo Insfrán, porque en la zona no se nota. Ellos hablan que van a defender los techos azules. Vayan a decirle ahora al de Potrillo que no tiene agua: come techo azul, toma techo azul”.
Impacto sanitario: Una generación marcada por el agua salada
La falta de agua dulce no es solo una incomodidad logística, es una crisis de salud pública. La Dra. Maciel, conocedora de la vida de campo, utiliza habitualmente instrumental para medir la conductividad y salinidad del agua, arrojando resultados alarmantes en El Potrillo y zonas como Pozo de Maza o El Chorro.
“La mayoría de la población tiene problemas de riñón, por ejemplo, problema de dientes y eso viene atado al tema del agua. Yo he ido, he abierto la canilla cuando tenían el agua, ya el agua era salada. Los funcionarios consumen agua que compran, llevan su propia agua potable, no toman el agua de Potrillo”, denunció la legisladora, remarcando que para los niños de la zona, consumir este líquido es «inhumano».
La burocracia estatal como barrera al progreso
Durante la entrevista, se reveló que existen proyectos alternativos para mitigar la crisis, pero que chocan contra la pared del organismo regulador provincial. Maciel recordó que durante la gestión nacional anterior intentaron avanzar con perforaciones estratégicas, pero el SPAP (Servicio Provincial de Agua Potable) bloqueó las iniciativas alegando que «no eran necesarias».
“El manejo de las aguas subterráneas es de la provincia. El SPAP te dice que no, entonces vos venís con algún proyecto y te dicen que no y la gente se queda esperando”, explicó. Mientras tanto, el Estado autoriza canales de desvío de aguas del Bañado La Estrella solo para «amigos del poder», dejando a los pequeños productores y criollos a merced de la sequía.
Vivir en el desierto: El heroísmo de los pobladores
Para cerrar la entrevista, la diputada hizo un llamado a la empatía de aquellos que viven en la ciudad capital y que, a veces, minimizan la falta del servicio. En El Potrillo, la gente debe decidir si el agua recolectada se usa para beber, para higienizarse o para que los animales no mueran.
“Llega pleno enero, pleno febrero donde las temperaturas son altas, el viento norte fuerte, la tierra que se levanta vivo y sin agua. Es inhumano, es el desierto. Hay que reconocer al maestro que hace patria ahí, el médico que se va, el policía que se va. Ir a vivir a esos lugares es de patriotas, es amor a la patria”, concluyó la Dra. Maciel.
La radiografía de El Potrillo es la muestra de una Formosa de dos velocidades: una que exporta crudo y otra que espera, bajo el sol ardiente, que un camión oficial decida dejarle unos litros de agua para sobrevivir un día más.
