En un escenario donde el viento blanco y la historia se entrelazan, las tropas de montaña del Ejército Argentino y del Ejército de la República de Chile dieron inicio formal a una de las misiones de andinismo más significativas de la última década. El Refugio Militar “Cristo Redentor”, un sitio que respira el valor histórico y simbólico de la Cordillera de los Andes, fue el punto de encuentro para la formación de inicio de la “Expedición Andinística Combinada Argentino–Chilena al cerro Aconcagua 2026”.
Un aniversario con peso histórico
Esta actividad no es un despliegue más; se desarrolla bajo el programa de adiestramiento estival de la Brigada de Montaña VIII y tiene un carácter conmemorativo fundamental. Se cumplen “25 años de la última ascensión binacional al Aconcagua, realizada por tropas de montaña de ambos ejércitos”.
La ceremonia logró reunir a los efectivos que conforman la cordada combinada, la cual ha sido bautizada con el nombre de “Ejército de los Andes”. Este apelativo no es casual: busca rendir un “homenaje a la gesta sanmartiniana y a la histórica hermandad entre ambas naciones”, recordando que, hace más de dos siglos, la libertad del continente se forjó en estos mismos senderos de piedra y hielo.
La montaña como escuela de liderazgo
Durante el acto, el discurso oficial de las autoridades militares de ambos países se centró en la visión de la Cordillera de los Andes no como una barrera, sino como un “espacio de encuentro y cooperación, y una escuela de liderazgo, disciplina y trabajo en equipo”. En un entorno tan hostil como la alta montaña, se enfatizó que el “planeamiento, el método y la confianza mutua resultan determinantes para el cumplimiento de la misión”.
Los comandantes evocaron con fervor el legado de los generales José de San Martín y Bernardo O’Higgins. El significado del “Cruce de los Andes como ejemplo vigente de conducción, sacrificio y visión estratégica” fue el eje inspiracional para los soldados actuales, quienes se ven a sí mismos como continuadores de una tradición guiada por la “cooperación, responsabilidad y vocación de servicio”.
Interoperabilidad y seguridad extrema
Más allá de la mística, la expedición se define como una “empresa profesional conjunta, orientada a fortalecer la interoperabilidad, el intercambio de experiencias y la confianza mutua”. Las autoridades fueron enfáticas al señalar que el “factor humano como eje central del éxito” es la prioridad absoluta, entendiendo que el éxito no solo radica en alcanzar la cumbre de 6.962 metros, sino en el “retorno seguro de todo el personal”.
Símbolos de unidad en la cumbre
La jornada estuvo marcada por una profunda emotividad protocolar que incluyó:
- El izamiento de los dos pabellones nacionales bajo el cielo andino.
- La interpretación de los himnos de Argentina y Chile.
- Una invocación religiosa para la protección de los andinistas.
- La entrega de distintivos con el escudo de la expedición y los “testimonios de cumbre”, objetos que son “símbolos que acompañarán a los integrantes de la cordada durante el desarrollo de la ascensión”.
Logística y protocolos de vanguardia
Para enfrentar al «Centinela de Piedra», la misión cuenta con un “planeamiento integral, respaldado por un esquema logístico específico y por protocolos sanitarios y de seguridad de extrema exigencia”. El despliegue incluye:
- Controles médicos permanentes para monitorear el desgaste físico.
- Procesos de aclimatación progresiva para evitar el mal de altura.
- Disponibilidad de patrullas de rescate y apoyo de medios aéreos.
- Seguimiento constante de las “condiciones meteorológicas y del terreno”.
Con la orden de marcha ya impartida, la cordada binacional comienza su ascenso, llevando consigo no solo sus mochilas, sino el peso de una historia compartida que busca reafirmarse en lo más alto de América.
