Una joven madre embarazada de seis meses reveló la red de ilegalidad, amenazas y abandono que rodea a los módulos habitacionales en Formosa. Entre el miedo a perder a sus hijos y la desidia estatal, el caso de Haydee se convierte en un símbolo de la marginalidad urbana.
El desembarco en la incertidumbre: 5 años de espera y una ocupación por necesidad
La historia de Haydee no comenzó con una ocupación intempestiva, sino con una espera administrativa de un lustro. Según relató la mujer en una entrevista en el programa “Exprés En Radio” por FM VLU 88.5, , su inscripción en los registros oficiales data de hace cinco años, tiempo durante el cual las promesas de una vivienda digna se diluyeron en el silencio burocrático. La situación de hacinamiento en la vivienda de su suegra llegó a un punto de no retorno cuando la pequeña pieza que ocupaba le fue reclamada.
«Yo hace 5 años que estoy inscrita y me dijeron que hace 1 año yo recién empecé a hacerme presente allá y todo eso. Y que es como que no vale nada más. No vale los 5 años que yo estuve inscrita, no vale», expresó Haydee, dejando en claro que para el sistema de adjudicación, la antigüedad del reclamo parece ser un dato descartable frente a la urgencia inmediata.
El mercado negro de la vivienda social: 3 millones por un techo ajeno
El relato de la entrevistada destapó una de las prácticas más oscuras en los barrios de reubicación: la venta ilegal de inmuebles otorgados por el Gobierno Provincial. Haydee detalló cómo la adjudicataria original, identificada como Cristina Palacio, intentó venderle el módulo de la Manzana A, Casa 5, por una cifra millonaria, a pesar de que estos inmuebles son, por ley, intransferibles.
«Esta señora, Cristina Palacio… ella quiso venderme el módulo. Yo denuncié que ella quería vender el módulo… me dijo que ella quería vender la casa por 3 millones, que ella me iba a dar que ella quería que yo le de 1.500.000 en ese momento y el resto ella me iba a hacer en cuotas». Ante esta extorsión, Haydee simuló aceptar el trato diciendo: «bueno, yo te voy a dar la plata», solo para poder recolectar pruebas, audios y videos que luego presentó ante los organismos competentes, buscando justicia en lugar de complicidad.
Vivir frente al «Aguantadero»: Un barrio bajo el asedio del delito
Antes de que Haydee ingresara al módulo, el lugar no funcionaba como una vivienda, sino como una base operativa para la delincuencia. Los vecinos del Barrio El Porvenir, testigos mudos del deterioro, denunciaron que el sitio era un centro de acopio de objetos robados y un punto de venta de estupefacientes.
«No sirve de nada las pruebas que yo tengo, los videos donde allanan acá, sacan cosas robadas, se meten vagos drogadictos, venden droga. Es más, la otra vez a una chica casi la mataron acá a patadas los vagos y yo le ayudé a la chica», relató con crudeza. Lo paradójico de la situación es que, mientras el módulo era un foco de peligro público, el Estado no intervino; sin embargo, al ser ocupado por una familia en emergencia, la maquinaria administrativa se activó con celeridad punitiva.
La amenaza del desalojo y el fantasma de Minoridad
La respuesta del Ministerio de la Comunidad no fue la contención, sino la presión. Haydee denunció que las autoridades ahora utilizan la figura de la intervención judicial y la quita de los menores como método de coerción para que abandone el lugar, sin ofrecerle una alternativa habitacional.
«Ahora vino el Ministerio de la Comunidad y me dijeron que si yo no salía ahora que iba a intervenir el juez que ellos me iban a venir a desalojar a mí… que ya va a intervenir minoridad. Yo tengo miedo por mis hijos». Esta declaración pone de relieve la vulnerabilidad extrema de una mujer que, además de lidiar con la pobreza, debe enfrentar el pánico de ser separada de sus niños por no tener un techo bajo el cual protegerlos.
El Estado llega tarde para el orden, pero temprano para el castigo
Tras la entrevista, el análisis periodístico del Grupo de Medios TVO fue contundente. Se cuestionó la lógica con la que operan los organismos de control en los barrios periféricos como El Porvenir, Santa Rosa o Villa Hermosa, donde la reubicación parece haber sido el final del camino para el Estado, pero el inicio del calvario para los vecinos.
«Recién ahora, antes cuando eso estaba lleno de droga. Lleno de vagos. Lleno de delincuentes. Ahí nadie le da bola. Ese es el punto nada más. Después podemos estar de acuerdo o no con qué es lo que hace Haydee… pero digo, siempre el eslabón más delgado de la cadena es al que le prestan atención», fustigó el conductor..
La nota concluye con una observación desoladora sobre el paisaje urbano de Formosa: cientos de viviendas adjudicadas que terminan abandonadas o convertidas en «aguantaderos» mientras la demanda habitacional sigue sin respuesta. «Mientras viviendas terminadas se caen de la humedad, el estado de abandono, cientos y cientos de formoseños no tienen ni un puente bajo el cual cobijarse de la lluvia», sentenció el periodista, subrayando que el caso de Haydee es, en realidad, la piedra en el zapato de una gestión que no logra cerrar la brecha entre el relato oficial y la realidad marginal.
