La situación en el oeste de la provincia de Formosa se ha tornado crítica en las últimas horas. El tradicional ciclo del río Pilcomayo ha sufrido una alteración sin precedentes, obligando a los productores ganaderos a adelantar sus esquemas de evacuación casi 45 días antes de lo previsto. En diálogo con el programa “Exprés En Radio” por FM VLU 88.5, Saturnino Juárez, integrante del Sistema de Monitoreo y Alerta Temprana, brindó un panorama detallado sobre la emergencia hídrica.
Una crecida que desafía las previsiones temporales
Históricamente, el movimiento de la hacienda hacia zonas altas se producía a finales de febrero. Sin embargo, este año el agua no ha dado tregua. Según explicó Juárez, «ya sinceramente no se puede dimensionar de tal magnitud porque ya entorpece todo al escurrirse, al ampliarse las crecidas en los campos ya se dificulta controlar un poco».
Esta inestabilidad ha provocado que, ya desde antes de la Navidad, muchas familias tuvieran que abandonar sus puestos. «Hay gente que ha pasado las fiestas trasladando sus animalitos porque no puede quedarse, un animal que se pierde es mucho para el productor, todo un trabajo de años», destacó el referente, subrayando que no existe una explicación técnica sencilla para este adelanto de casi un mes y medio en los volúmenes de agua.
Zonas críticas y poblaciones afectadas
El avance de las aguas golpea con fuerza a diversas comunidades que dependen de la producción en las zonas bajas del Bañado la Estrella. Al ser consultado sobre los puntos más comprometidos, Juárez enumeró: «Prácticamente gente de Rinconada, de la zona de Chiriguanos, la Represa Linderos, Tres Luces, El Cañón, El Quemado, Fortín La Soledad y El Churcal».
Estas poblaciones, ubicadas en las cercanías de la costa del Pilcomayo, enfrentan el desafío de relocalizar a sus animales en zonas de altura, lugares que son limitados y que habitualmente solo se utilizan por periodos cortos de dos o tres meses.
El cambio en el comportamiento del río: Sedimento y «lomadas»
Uno de los puntos más alarmantes de la entrevista fue el análisis sobre cómo ha cambiado la fisonomía del río en el último lustro. La acumulación de sedimentos está modificando las rutas naturales del agua, generando desbordes en lugares antes considerados seguros.
Juárez explicó que «hace prácticamente 5 años que está cambiando en forma muy rápida lo que es el sistema del Río Pilcomayo. La mayor parte del centro de las correderas están teniendo problemas porque se han formado lomadas, bordes de sedimento de la cual dificulta almacenarse el agua en el centro». Este fenómeno provoca que el agua «choque en las lomadas y dispare para donde agarra», sorprendiendo incluso a los pobladores con más experiencia en la zona.
La importancia estratégica del monitoreo temprano
A pesar de la gravedad del escenario, la tecnología y la comunicación organizada han evitado tragedias mayores. El sistema de alertas por WhatsApp y la coordinación con las autoridades permiten que el productor reciba la información antes de que el agua llegue a sus corrales.
«Hacer llegar al lugareño la información es tan necesaria… años anteriores víctimas de personas por trasladar su ganado, hacer sus trabajos… esperamos que Dios permita que este año sean menores las pérdidas», reflexionó Juárez, quien también advirtió que lo peor podría no haber pasado aún.
Panorama para las próximas semanas
El alivio es parcial. Si bien el reparto de caudales con Paraguay a través del «Proyecto Pantalón» ayuda a atenuar la llegada de las ondas de crecida, los niveles en el vertedero de la Ruta Provincial 28 siguen siendo extremadamente altos para mediados de enero.
Hacia el final de la charla, el integrante del sistema de monitoreo lanzó una advertencia para la semana entrante: «Seguramente vamos a tener novedades en estos días porque recién se está alertando desde las altas cuencas los fenómenos climáticos que se vienen durante 7 días. Cuando allí hay lluvia enorme, eso causa un impacto en nuestra zona».
La comunidad rural del Bañado la Estrella permanece en vigilia, con la mayoría de su hacienda ya evacuada, pero con la mirada puesta en el cielo y en los informes que llegan desde la cuenca alta, esperando que el impacto de la naturaleza sea lo más leve posible.
