Los vecinos de Barrio La Alborada están atravesando una situación de creciente inseguridad que los tiene al borde del hartazgo. Muchos de ellos viven rodeados de rejas, alarmas y con la constante sensación de estar atrapados en sus propias casas, sin poder disfrutar de la tranquilidad que deberían tener en su hogar.
Desde hace algún tiempo, la presencia de personas circulando durante la noche y la madrugada por las calles del barrio se ha convertido en algo habitual. Los ruidos de los portones siendo pateados a altas horas, a veces sin un motivo claro, generan una constante alerta entre los habitantes. No está claro si los ataques a los portones son solo una molestia o si en realidad son intentos de ingreso al domicilio. Sin embargo, la sensación de vulnerabilidad crece con cada incidente. «Nos sentimos inseguros, y no es para menos. Cada noche, estamos pendientes de lo que pueda pasar. Se hace cada vez más difícil vivir así», expresó una de las vecinas afectadas.
La situación es aún más desesperante cuando, a pesar de que la Comisaría Sexta está a solo unas cuadras de distancia, los vecinos aseguran que la respuesta policial nunca llega a tiempo. «Cuando llamamos, nos dicen que no pueden patrullar todo el tiempo o que hay que esperar a ver algo raro», indicaron.
El contacto con la policía parece limitado a las horas de la tarde, cuando algunos efectivos salen a hacer “seguridad ciudadana” y a hablar con los vecinos. Sin embargo, los hechos ocurren principalmente durante la noche y la madrugada, y cuando se realiza una llamada de alerta, la respuesta es tardía o, en ocasiones, inexistente.
A este panorama se suma el estado de los terrenos baldíos que abundan en el barrio, muchos de los cuales se encuentran sucios y desordenados. Estos espacios, además de ser un refugio para personas ajenas al barrio, incrementan el riesgo de robos y otros actos delictivos. «Es muy difícil sentirse seguro cuando tienes tantos terrenos vacíos, sucios, y muchas veces abandonados. Se presta para que ocurra cualquier cosa», comentó otro vecino, preocupado por la falta de mantenimiento de estos espacios.
Los habitantes de La Alborada piden una respuesta más efectiva por parte de las autoridades. La situación ha llegado a un punto crítico donde el miedo se ha instalado en cada hogar, y los vecinos sienten que su derecho a la seguridad está siendo ignorado. «No podemos seguir así, encerrados entre rejas, con miedo cada vez que cae la noche. Es urgente que se tomen cartas en el asunto», afirmaron con firmeza.
El reclamo es claro: más presencia policial, un plan de seguridad que contemple la problemática nocturna y el mantenimiento de los espacios baldíos que, según los propios vecinos, contribuyen directamente al aumento de la inseguridad.
El temor de no poder dormir tranquilos, la incertidumbre de lo que pueda pasar cuando cae la noche, y la frustración de no contar con una respuesta efectiva por parte de la policía son solo algunas de las caras visibles de un barrio que hoy pide a gritos una solución.
