En el ecosistema cultural de Córdoba, la distancia entre la gestión estatal y la sostenibilidad de los espacios suele acortarse gracias a un actor clave: la sociedad civil organizada.
Bajo esa premisa, el 2026 arranca con una novedad institucional que busca equilibrar la balanza de la zona norte de la ciudad. El Centro de Arte Contemporáneo (CAC) Antonio Seguí, ubicado en avenida Cárcano s/n, se encuentra en pleno proceso de gestación de su propia Asociación de Amigos.
Hasta hoy, de los cuatro museos provinciales más relevantes —Emilio Caraffa (MEC), el Palacio Dionisi, el Museo Evita-Palacio Ferreyra y el propio CAC—, solo el Caraffa contaba con una estructura de apoyo civil consolidada.
Un polo en la zona norte
La iniciativa en el CAC surge de un grupo heterogéneo que incluye a nombres como Nicolás Jabbas, Pablo Carrera, Carlos Gontero, Mariano Castañeda, Dolores Ibarra, Paula Martos y María Antonia de la Torre. Esta última, integrante también de la Asociación del Caraffa, explica la génesis del proyecto: “La idea surgió de un grupo de gente que se sintió motivada por la importancia que tiene el Chateau Antonio Seguí en la zona norte, por la calidad de sus muestras y de las actividades que desarrolla”.
El objetivo es claro: profesionalizar el apoyo a ese centro de arte. “Estamos muy comprometidos en fomentar, ayudar, apoyar, organizar eventos, promover todas las actividades que el Centro de Arte organice y también generar actividades que generen ingresos para tener medios para apoyar las actividades que se desarrollan allí”, señala De la Torre.
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Para los impulsores, no se trata solo de fondos, sino de descentralización. “Hay mucha gente que vive por la zona norte de la ciudad, abarcando Villa Allende, Unquillo o La Calera, y realmente le cuesta mucho ir al centro. Generar este polo cultural tiene una gran importancia”, agrega.
La flamante estructura incluirá la figura de “embajadores”, socios con un compromiso específico según la actividad. Actualmente, el grupo avanza en la personería jurídica para comenzar a operar formalmente tras el receso de verano.
El modelo del Caraffa: 40 años de trayectoria
El espejo donde se miran el resto de las instituciones es la Asociación de Amigos del Museo Emilio Caraffa (Aamec). Con cuatro décadas de historia —su personería jurídica data del 17 de septiembre de 1985—, es el brazo ejecutor de gran parte de la dinámica del museo.
Susana Verde, integrante histórica de la Aamec, recuerda: “El 1 de agosto de 1985 se redactó el primer estatuto, pero la fecha de nacimiento es la del reconocimiento de la personería jurídica. Hace unos meses cumplimos 40 años y ni nos dimos cuenta”.
Hoy, la asociación sostiene su estructura con cuotas de $60.000 para socios activos y $30.000 para la rama joven (Jamec), además de aportes de distintos benefactores.
Cóctel anual. El evento, organizado cada año por la Asociación de Amigos del MEC, reúne a distintas personalidades a la vez que recauda fondos.
Por su parte, el arquitecto y coleccionista José Lorenzo, actual presidente de la Asociación del Caraffa, destaca el rol de estas entidades en la adquisición de equipamiento y fomento artístico. “El 2025 fue un año muy bueno; realizamos visitas a talleres, presentaciones de libros y nuestro concierto anual. Gracias al beneficio económico del cóctel anual, vamos a poder dotar al museo de un equipamiento específico que se nos pide desde la dirección y también para el área de restauración”, detalla.
Un viaje a las raíces de la humanidad
Recientemente, la agenda del MEC sumó una nueva edición del Premio de Fotografía y una política agresiva de captación de socios, entendiendo que 220 miembros es un número escaso para la escala de Córdoba.
Contrastes en la media legua de oro
A pocas cuadras del Caraffa, la realidad institucional de los otros colosos de la cultura provincial muestra matices distintos.
En el Palacio Dionisi, el museo dedicado exclusivamente a la fotografía, la intención de replicar estos esquemas de participación civil existe, aunque todavía no logra materializarse en los papeles. Lucía Álvarez Pérez, directora de la institución, reconoce que el deseo de conformar una asociación de amigos está presente, pero aclara que por el momento no hay nada oficial debido a que el reciente cambio de autoridades (el nombramiento de Marcelo Rodio como nuevo presidente de la Agencia Córdoba Cultura) ha ralentizado el proceso administrativo.
En una situación de mayor quietud se encuentra el Museo Evita – Palacio Ferreyra. Pese a ser uno de los puntos neurálgicos del turismo cultural y albergar colecciones de gran valor patrimonial, el espacio de la avenida Hipólito Yrigoyen no cuenta actualmente con una asociación de amigos que lo respalde.
Esta ausencia marca un contraste directo con la efervescencia que hoy vive el CAC en la zona norte, donde el compromiso de los privados busca llenar los vacíos que la gestión pública, por sí sola, no siempre logra cubrir.
En un contexto donde los presupuestos suelen ser magros para las necesidades de conservación y montaje, estas entidades dejan de ser meros grupos de entusiastas para convertirse en engranajes vitales de la economía cultural cordobesa.
