martes, 27 enero, 2026
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Frontera Asfixiada: El Crudo Relato de Oscar Reniero sobre el Ocaso Comercial De Clorinda

En el corazón de una de las zonas fronterizas más dinámicas del Cono Sur, el silencio de las persianas bajas y los pasillos vacíos de los mayoristas comienza a contar una historia diferente. Lo que antes era un hervidero de compradores paraguayos buscando productos argentinos, hoy se ha transformado en un escenario de resistencia y desolación. En una entrevista exclusiva concedida a «Página: Rubén Valentín Godoy», el veterano comerciante Oscar Reniero desglosó con una crudeza necesaria la realidad de una ciudad que, según sus palabras, está «trabajando para repartir la miseria».

La caída de un gigante comercial: Dos años de decadencia sostenida

Para quienes conocen el pulso de Clorinda, el testimonio de Reniero no es solo una queja, es un diagnóstico técnico del sector privado. Según el comerciante, el declive no es una sensación térmica, sino un proceso acumulativo que se profundizó de manera drástica recientemente.

«Es de conocimiento público que Clorinda entra en decadencia después del cambio de gobierno», afirmó Reniero, marcando un hito temporal que resuena en los balances contables de la zona. Para el entrevistado, la esperanza de una mejora a corto plazo se ha convertido en un espejismo que el sistema político utiliza para calmar los ánimos, pero que choca de frente con la realidad del mostrador: «Cada vez se agrava más, eso es lo triste, porque muchas veces la gente te dice, ‘No, aguanta que el mes que viene o el otro que viene esto va a cambiar.’ Mentira. Y sigue tan cruel como antes».

Esta «crueldad» económica ha llevado a que las inversiones de toda una vida —locales, depósitos y viviendas— pasen de ser activos de progreso a pesadas cargas financieras. «Hoy estamos con una estructura y muchas veces las estructuras son las que después te golpean», reflexionó, aludiendo a los costos fijos imposibles de sostener sin el flujo histórico de clientes.

El «fuego amigo» del Estado

Uno de los tramos más intensos de la charla con Valentín Godoy se centró en la presión que ejercen los entes estatales sobre un comercio que ya no respira. Reniero apuntó directamente contra la prestadora de energía eléctrica y la administración municipal, acusándolas de falta de empatía con la situación local.

«Hay dos factores muy fuertes que golpean al comercio. Primero es Refsa, que es de conocimiento público. Pobre aquel tipo que tiene una cámara o que tiene que usar energía todos los días. O en cualquier casa, incluso tiene que pagar 200 000 pesos para arriba por mes», denunció. El costo de mantener la cadena de frío o simplemente iluminar un local se ha vuelto una sentencia de muerte para los pequeños emprendedores.

Por otro lado, la crítica hacia la gestión local fue tajante al señalar un desfasaje entre la recaudación y la capacidad de pago de los vecinos: «Los impuestos municipales de esta gente desgraciadamente viven en otra galaxia. Ellos se quedaron con los impuestos de cuando Clorinda había trabajo. Y hoy Clorinda no da para tributar eso». Para Reniero, el resultado es evidente en las oficinas públicas: «Hay muchísima gente que no puede pagar los impuestos. Eso ya es un problema grave».

Mercosur y Desigualdad Tributaria: La batalla perdida contra el Paraguay

Al analizar por qué Clorinda dejó de ser el destino predilecto del comprador paraguayo, Reniero ofreció una lección de economía comparada. La asimetría impositiva entre las dos orillas del río Pilcomayo ha vuelto «imposible» la competencia. Mientras Paraguay ha logrado una estabilidad tributaria atractiva para el mayorista, Argentina sigue asfixiando al vendedor local con cargas salariales y aranceles.

«El Mercosur es una realidad. ¿Qué tributa el mayorista de aquel lado? Tributa el 10% de IVA, más un pequeño arancel que le cobra el despachante. Suma eso, tiene más o menos un 12, un 13%. Mientras que acá tiene un impuesto fijo salarial del 38%», explicó detalladamente. Esta brecha del 25% destruye cualquier posibilidad de precio competitivo: «Es imposible que yo pueda competir. El tipo viene acá a la costa o el de acá se va y compra aquel lado y va a comprar mucho más barato de lo que yo estoy recibiendo acá para la venta al público».

El avance del gigante brasileño y el fin de la era industrial argentina

La crisis no solo es de precios, sino de pérdida de mercados ante otros actores regionales. Reniero puso como ejemplo el sector de la harina y los productos de limpieza, donde Brasil ha irrumpido con una fuerza devastadora.

«Limpieza terminó. No entraron los brasileros, yo tengo acá mercadería hace 2 años atrás que la estoy liquidando a precio de 2 años atrás porque qué pasa: entraron los brasileros a mitad de precio y nos reventaron», confesó con amargura. La misma situación se repite en el rubro alimenticio: «Harina, cero. No te olvides que hoy Paraguay tiene varios molinos harineros con la misma calidad que la nuestra o mejor. Y también le entran de Brasil».

Incluso el mercado automotor sirve como espejo de lo que Reniero vaticina para la industria nacional si no hay un cambio de rumbo: «Hoy tenés auto de U$S 17 000 acá en Argentina, con garantía de 7 años de plazo. Y anda a conseguir un auto acá en la Argentina por U$S 17 000, no existe. Acá el automotor prácticamente tiene un 50% de gravado. La industria Argentina de seguir así se van a fundir».

Lo que queda del intercambio: Aceite mezcla y supervivencia

Ante la pregunta de qué es lo que todavía cruza la frontera, la respuesta fue minimalista. Ya no se trata de grandes compras de stock variado, sino de productos específicos de bajo costo y necesidad industrial.

«Hay dos renglones que medianamente se mueven. Nadie se pelea por nada, que es el aceite comestible mezcla por el bajo costo. El mercado interno acá no le vende mezcla a nadie por el paladar, pero Paraguay es un producto que desde que lo encontraron lo están llevando», señaló. A esto se le suma el azúcar en bolsa industrial y el combustible, aunque este último de forma muy limitada.

Resistir en el local propio

El cierre de la entrevista dejó un sabor agridulce. Si bien Clorinda no se rinde, el margen de maniobra se agota. Aquellos que no son dueños de sus espacios ya han sido expulsados por la crisis: «Hoy una persona que tenga que alquilar un local para trabajar o una casa para vivir, directamente tiene que salir del mercado».

Para los antiguos comerciantes como Reniero, la permanencia es una mezcla de gratitud por lo logrado y cansancio por el presente: «Nosotros que gracias a Dios hasta el día de hoy tenemos un local, una casa donde vivir que es nuestra, nos pesa un montón». La realidad de Clorinda, según este referente, es una advertencia para todo el país: un polo comercial que supo ser pujante hoy sobrevive «hasta donde se pueda», esperando que alguien, alguna vez, aterrice de nuevo en la galaxia donde viven sus ciudadanos.

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