La ciudad de Clorinda fue escenario de un nuevo capítulo de fricción entre la gestión pública y la ciudadanía. Lo que se proyectaba como una visita institucional de rutina para supervisar tareas de infraestructura en el Barrio ACA, terminó convirtiéndose en una asamblea abierta marcada por el reproche, el malestar vecinal y una respuesta oficial que generó polémica por su tono. El intendente Ariel Caniza, acompañado por su equipo de gobierno, se vio cara a cara con una realidad que los vecinos califican como “abandono histórico”.
El origen del conflicto: Reclamos que no encuentran cauce
Desde tempranas horas, la presencia de las máquinas municipales y la comitiva oficial despertó la atención de los residentes del sector. Lejos de recibir la visita con beneplácito, un grupo de vecinos se acercó al jefe comunal para manifestar su descontento por el estado de las calles, la deficiente iluminación y la falta de servicios básicos que, según denunciaron, vienen solicitando desde hace meses sin obtener soluciones de fondo.
La tensión escaló rápidamente cuando los vecinos señalaron que la infraestructura del barrio se encuentra en un estado crítico, dificultando la circulación en días de lluvia y afectando la seguridad de las familias. “Durante la recorrida, los vecinos expresaron su malestar por la falta de obras, mantenimiento y servicios básicos, señalando que los reclamos vienen desde hace tiempo sin respuestas concretas”, relatan las crónicas de lo sucedido, reflejando un hartazgo que ya no se oculta tras la diplomacia vecinal.
“Hay que ser agradecido”: La frase que detonó la polémica
El punto de inflexión del encuentro ocurrió cuando la discusión se centró en la obligación del municipio de prestar servicios. Ante la vehemencia de los planteos, el intendente Caniza optó por una postura defensiva que fue registrada por las cámaras de los presentes. La autoridad comunal sostuvo que, a pesar de las dificultades económicas y la morosidad en el pago de tributos, el municipio está presente en el territorio.
“Lo que hay que ser es agradecido. Nosotros acá estamos trabajando, estamos haciendo todo esto”, lanzó Caniza, en un intento por reivindicar las tareas que se estaban ejecutando en ese momento. Esta declaración no hizo más que avivar el fuego de la discusión. Para los vecinos, el trabajo del funcionario no es una concesión graciosa, sino un deber inherente a su cargo. Una de las vecinas, visiblemente molesta, le recordó el origen de los recursos con una lógica irrefutable: “Eso sale de los impuestos de alguien que pagó impuestos porque eso sí sale de algún lado, porque no va a salir el bolsillo de él”.
El debate sobre la cultura tributaria y los recursos públicos
Caniza intentó justificar la lentitud de algunas obras vinculándola directamente con la falta de recaudación, sugiriendo que muchos de los que reclaman no cumplen con sus obligaciones impositivas. Sin embargo, los testimonios recogidos en el lugar contrastaron con esta visión. Un empleado municipal presente en la discusión intervino para aclarar su situación personal: “Yo, por ejemplo, soy empleado municipal, pero yo me fui y pagué mis impuestos municipales”, subrayando que el cumplimiento existe y que, por ende, la exigencia de obras es legítima.
La respuesta vecinal fue unánime en un concepto: el Estado se financia con el aporte de la gente. “Pero alguien pagó. Todo se paga”, sentenciaron desde el grupo de manifestantes, invalidando el argumento de la falta de fondos como excusa para la ausencia estatal en el Barrio ACA.
¿Gestión o campaña? La sombra de las elecciones
Otro de los ejes del cruce verbal fue la sospecha vecinal de que las obras solo aparecen cuando los tiempos electorales apremian. Ante esta acusación de oportunismo político, el intendente Caniza fue enfático en asegurar que su administración trabaja de forma continua, independientemente de las urnas.
“Estamos trabajando ahora que no hay elecciones. Estamos haciendo mejores cosas acá en el barrio sin haber elecciones. No tenemos ninguna intención electoral más que ustedes”, afirmó el intendente buscando desmarcarse de las prácticas de la vieja política. Incluso fue más allá, comparando su gestión con periodos anteriores: “Si vos te acordás en épocas anteriores… que laburan dos meses antes. Y ahora, sin embargo, estamos laburando nosotros todo el tiempo”.
A pesar de estas declaraciones, el escepticismo reina en el barrio. Para los ciudadanos, la mejora en la calidad de vida no debe depender de la voluntad política del momento, sino de una planificación urbana seria que contemple a todos los sectores de Clorinda por igual.
Compromiso bajo presión
El episodio cerró con un clima de tensa calma. Si bien el cruce verbal dejó expuestas las profundas diferencias entre la visión del Ejecutivo municipal y las necesidades de los contribuyentes, el intendente ratificó que las cuadrillas permanecerán en el lugar hasta completar las tareas prometidas.
“Quédese tranquila de que vamos a trabajar acá y vamos a hacer todo lo otro. Vamos a trabajar en el mes”, concluyó Caniza, intentando dar un cierre conciliador a una jornada que puso de manifiesto que el pedido de «gratitud» por parte de los funcionarios públicos es una retórica que ya no encuentra eco en una ciudadanía que exige eficiencia y transparencia en el uso de sus impuestos. El video del incidente continúa circulando en redes sociales, sirviendo como testimonio de la creciente presión social que enfrentan las autoridades locales en la provincia.
