En una mañana cargada de simbolismo espiritual, la Iglesia Catedral se convirtió en el epicentro de una profunda catequesis impartida por el Obispo de Formosa, Monseñor José Vicente Conejero Gallego. Durante la celebración de la Santa Misa correspondiente al Cuarto Domingo del Tiempo Ordinario, el prelado desglosó con maestría y cercanía pastoral las lecturas del día, ofreciendo a la feligresía una brújula moral en tiempos de incertidumbre y materialismo.
El Desafío de la Humildad en un Mundo de Grandeza
La homilía inició con un análisis sobre la disposición del corazón necesaria para encontrarse con lo divino. Monseñor fue enfático al señalar que la fe no es un accesorio estético, sino un compromiso con la sencillez.
«La PALABRA de Dios en este Cuarto Domingo del tiempo Ordinario, nos invita a reflexionar sobre la Humildad En la oración colecta pedíamos al Señor amarle a él y también amar con un corazón sincero a nuestros hermanos», recordó el prelado, estableciendo el vínculo indisoluble entre el amor a Dios y el prójimo.
Al profundizar en la profecía de Sofonías, Monseñor describió la humildad no como una debilidad, sino como la máxima fortaleza del creyente: «La primera lectura de la profecía de Sofonías es una invitación a buscar a Dios, donde se encuentra la verdadera felicidad, el sentido de la vida. Busquen a Dios con oración, con ayuno, porque Dios quiere a su pueblo humilde, pobre de espíritu y sencillo, que confíe plenamente en el Señor».
El Espejismo de la Prosperidad Material
Con una mirada crítica sobre la sociedad de consumo, el Obispo advirtió sobre la vacuidad de buscar la plenitud en bienes efímeros. «Nosotros a veces tenemos deseos de grandeza, de riqueza, de prosperidad, pero sabemos que estas riquezas humanas no sacian plenamente el corazón del hombre, ni dan la verdadera felicidad», sentenció ante una Catedral colmada.
Para reforzar esta idea, recurrió a la tradición mística de la Iglesia, citando a doctores y santos que hallaron la paz en la renuncia: «Solo Dios basta. el único que sacia como han reconocido los santos San Agustín Santa Teresa de Jesús solo Dios basta solo Dios sacia». Según Conejero, la verdadera sabiduría no se encuentra en los títulos ni en el poder, sino en la elección que Dios hace de aquello que el mundo ignora.
La Sabiduría de lo Débil: La Elección de Dios
Monseñor se detuvo en la Primera Carta a los Corintios para explicar la lógica de la gracia divina, que suele ser inversa a la lógica humana. «San Pablo por su parte en la primera carta a los corintios reconoce que entre los miembros de la comunidad cristiana no es que haya mucha gente poderosa ni noble ni rica en bienes materiales se refiere sino que pareciera que Dios ha elegido a lo que el mundo desprecia o no considera».
Esta paradoja, lejos de ser desalentadora, es motivo de gozo para el creyente: «que sorprendente verdaderamente es Dios elige lo pequeño lo débil para confundir la sabiduría de los entendidos y ha querido constituir a su Hijo Jesús para nosotros en la verdadera sabiduría, justicia, santificación y redención. Y esto verdaderamente alegra el corazón».
Las Bienaventuranzas: La «Carta Magna» del Reino
El clímax de la reflexión llegó con la proclamación del Evangelio de Mateo y el inicio del Sermón de la Montaña. Monseñor definió este pasaje como el eje central del cristianismo.
«En el Evangelio se proclaman las bienaventuranzas según el Evangelio de San Mateo en este ciclo A en que nos encontramos litúrgicamente y es la carta magna, así es conocida, ¿verdad? el inicio de la predicación del sermón de la montaña por parte de Jesús que proclama abiertamente a la multitud que se acercaban a él para escucharle como maestro».
En un mundo que suele confundir el éxito con la dicha, el mensaje de Jesús resulta disruptivo: «Jesús traza aquí las actitudes y las acciones para alcanzar la verdadera felicidad. frecuentemente andamos confundidos los hombres porque a veces creemos que el que es todopoderoso humanamente hablando, ¿verdad? que tiene mucho dinero, que tiene éxito, que tiene poder, es feliz y no, Jesús propone que son los pobres de espíritu quienes van a alcanzar el reino de los cielos».
Un Rostro Dibujado en Ocho Sentencias
Monseñor desglosó el significado de ser «bienaventurado», término que equiparó directamente con la felicidad plena. Enumeró los pilares de esta vida nueva:
- Los pobres de espíritu y los mansos.
- Los que lloran y tienen hambre de justicia.
- Los misericordiosos y los artesanos de la paz.
Hizo especial hincapié en la pureza de intención: «aquellos que son limpios de corazón que no tienen doble intencionalidad porque a veces uno puede fingir y aparentar y tiene una doble intencionalidad No, aquellos que verdaderamente son limpios de corazón. Esos son felices, dichosos, bienaventurados, porque verán a Dios, que es la felicidad plena y total».
El Ejemplo Vivo de Cristo y la Virgen
Para el Obispo, las Bienaventuranzas no son solo palabras, sino una descripción de la personalidad de Cristo. «Estas bienaventuranzas, dice el catecismo de la Iglesia Católica, que tiene un comentario muy hermoso, dibujan el rostro de Jesús. Si Jesús proclamó estas bienaventuranzas, Es porque Él las vivió. Él es pobre de espíritu porque hace la voluntad del Padre Dios. Él es manso, soporta las injurias, las persecuciones. No es impaciente. Él es limpio de corazón».
Extendió este modelo a la Virgen María y a los santos, advirtiendo que, aunque el camino es arduo, la recompensa es eterna: «tanto él como la Virgen María y también los santos dibujan de alguna manera este programa de vida que nosotros como discípulos del Señor hemos de procurar poner en práctica y vivir por supuesto que no es nada fácil».
La Respuesta ante la Injusticia y el Odio
Hacia el cierre, Monseñor Conejero abordó la dificultad de amar al enemigo, una de las pruebas más duras para el cristiano. «instintivamente nos brota cuando somos perseguidos o injuriados no sé si odiar pero si por lo menos no simpatizar con los que nos persiguen Jesús más adelante dirá recen incluso por quienes les persiguen y por aquellos que les hacen el mal recen también por ellos sean compasivos y misericordiosos».
Concluyó con un llamado a la esperanza activa, recordando que el dolor, cuando se une al de Cristo, tiene un sentido redentor: «Obviamente que mientras peregrinamos en este mundo, no puede estar ausente la cruz, el sufrimiento y el dolor como lo vivió Él. pero todo ello vivido con esperanza sabiendo que descansaremos en el Señor plenamente cuando alcancemos en plenitud esta felicidad».
Finalmente, instó a la comunidad a prepararse para la próxima Cuaresma con estas actitudes grabadas en el alma, pidiendo al Espíritu Santo la gracia de «ser pobres de espíritus, ser mansos, afligidos pero aguardando el consuelo del Señor, teniendo hambre y sed de verdad, de justicia… antes de dar inicio próximamente al tiempo santo de la cuaresma, tiempo de conversión».
Homilía completa:
La PALABRA de Dios en este Cuarto Domingo del tiempo Ordinario, nos invita a reflexionar sobre la Humildad En la oración colecta pedíamos al Señor amarle a él y también amar con un corazón sincero a nuestros hermanos.
La primera lectura de la profecía de Sofonías es una invitación a buscar a Dios, donde se encuentra la verdadera felicidad, el sentido de la vida. Busquen a Dios con oración, con ayuno, porque Dios quiere a su pueblo humilde, pobre de espíritu y sencillo, que confíe plenamente en el Señor.
Nosotros a veces tenemos deseos de grandeza, de riqueza, de prosperidad, pero sabemos que estas riquezas humanas no sacian plenamente el corazón del hombre, ni dan la verdadera felicidad.
Solo Dios basta. el único que sacia como han reconocido los santos San Agustín Santa Teresa de Jesús solo Dios basta solo Dios sacia San Pablo por su parte en la primera carta a los corintios reconoce que entre los miembros de la comunidad cristiana no es que haya mucha gente poderosa ni noble ni rica en bienes materiales se refiere sino que pareciera que Dios ha elegido a lo que el mundo desprecia o no considera que sorprendente verdaderamente es Dios elige lo pequeño lo débil para confundir la sabiduría de los entendidos y ha querido constituir a su Hijo Jesús para nosotros en la verdadera sabiduría, justicia, santificación y redención.
Y esto verdaderamente alegra el corazón. Ojal que nosotros tengamos este corazón de pobre que anhelemos la verdadera riqueza y sabiduría la gracia la felicidad que proceden de Dios en el Evangelio se proclaman las bienaventuranzas según el Evangelio de San Mateo en este ciclo A en que nos encontramos litúrgicamente y es la carta magna, así es conocida, ¿verdad? el inicio de la predicación del sermón de la montaña por parte de Jesús que proclama abiertamente a la multitud que se acercaban a él para escucharle como maestro.
Y Jesús traza aquí las actitudes y las acciones para alcanzar la verdadera felicidad. frecuentemente andamos confundidos los hombres porque a veces creemos que el que es todopoderoso humanamente hablando, ¿verdad? que tiene mucho dinero, que tiene éxito, que tiene poder, es feliz y no, Jesús propone que son los pobres de espíritu quienes van a alcanzar el reino de los cielos porque la bienaventuranza o la felicidad que Dios nos propone aquí, mientras vivimos como peregrinos en la tierra y un día en plenitud en el reino de los cielos Y es bueno considerar estas ocho bienaventuranzas, que se puede traducir también como felicidad.
Estas son pobres de espíritu Los que son mansos Los que lloran y están afligidos Los que tienen hambre y sed de justicia Los que son misericordiosos para con los demás aquellos que son limpios de coraz que no tienen doble intencionalidad porque a veces uno puede fingir y aparentar y tiene una doble intencionalidad No, aquellos que verdaderamente son limpios de corazón.
Esos son felices, dichosos, bienaventurados, porque verán a Dios, que es la felicidad plena y total. Felices también los que trabajan y son artesanos de la paz, buscan la paz. Felices los que son perseguidos a causa de la justicia y del bien A ellos les pertenece el reino de los cielos Cuando a causa del nombre de Jesús sean injuriados, perseguidos porque ellos tendrán una gran recompensa en el cielo.
Estas bienaventuranzas, dice el catecismo de la Iglesia Católica, que tiene un comentario muy hermoso, dibujan el rostro de Jesús. Si Jesús proclamó estas bienaventuranzas, Es porque Él las vivió. Él es pobre de espíritu porque hace la voluntad del Padre Dios. Él es manso, soporta las injurias, las persecuciones. No es impaciente.
Él es limpio de corazón. tanto él como la Virgen María y también los santos dibujan de alguna manera este programa de vida que nosotros como discípulos del Señor hemos de procurar poner en práctica y vivir por supuesto que no es nada fácil porque instintivamente nos brota cuando somos perseguidos o injuriados no sé si odiar pero si por lo menos no simpatizar con los que nos persiguen Jesús más adelante dirá recen incluso por quienes les persiguen y por aquellos que les hacen el mal recen también por ellos sean compasivos y misericordiosos.
Realmente hermanos, es muy hermoso y consolador escuchar en este cuarto domingo que celebramos la Eucaristía, la carta magna de la vida del cristiano. que hemos de procurar profundizar y vivir estas actitudes y acciones de las bienaventuranzas. Vamos a pedir al Señor que nos conceda la gracia del Espíritu Santo para comprender dónde se encuentra la verdadera felicidad. porque Jesús, Maestro y que tanto nos ama, quiere realmente que seamos felices.
Obviamente que mientras peregrinamos en este mundo, no puede estar ausente la cruz, el sufrimiento y el dolor como lo vivió Él. pero todo ello vivido con esperanza sabiendo que descansaremos en el Señor plenamente cuando alcancemos en plenitud esta felicidad y ahora aquí mientras peregrinamos en este mundo si adoptamos estas actitudes seremos de alguna manera felices.
No olvidemos ser pobres de espíritus, ser mansos, afligidos pero aguardando el consuelo del Señor, teniendo hambre y sed de verdad, de justicia. siendo misericordiosos, limpios de corazón sin dobles intenciones trabajar por la paz y aceptar la persecución unidos a la pasión de Cristo para la redención del mundo que el Señor nos conceda esta gracia antes de dar inicio próximamente al tiempo santo de la cuaresma, tiempo de conversión.
