En una entrevista desgarradora realizada por «Pagina Rubén Valentín Godoy» (Clorinda), se dio a conocer el caso de Laura Elizabeth Verdún, de 44 años, vecina del barrio Porteño Norte. Su relato no solo es un pedido de auxilio por una derivación médica que no llega, sino una radiografía del sistema de salud en Clorinda, al que califica de indolente y negligente.
El dolor como rutina: Un diagnóstico sin solución
La paciente padece de un cuadro de prolapso avanzado y problemas severos en la columna vertebral, una combinación que le produce dolores invalidantes. A pesar de contar con el pedido médico del Dr. Vacarino para realizar una tomografía computarizada y estudios de alta complejidad, el Hospital de Clorinda se niega a gestionar su derivación a Formosa Capital.
«En todo momento cuento mi situación de problemas que estoy teniendo de salud, como problemas en la columna y al igual que tengo que someterme a una cirugía de prolapso. El cual la directora del hospital me hace caso omiso, no quiere hablar conmigo, no me atiende, me manda solamente con la secretaria de asistente social», relata Elizabeth con una voz que mezcla el agotamiento físico con la indignación moral.
La falta de equipamiento en la localidad fronteriza es una realidad conocida, pero la negativa a trasladar a los pacientes a centros de mayor complejidad es lo que genera desesperación. «Ya hace desde octubre que me detectaron esta situación, este problema de salud y ahora ya estamos en febrero. Yo ya no aguanto más el dolor, ya no sé más dónde pedir auxilio», sentencia la mujer, quien asegura que hay días en los que la parte inferior de su cuerpo simplemente no responde.
La desidia institucional y el «pasamanos» burocrático
El relato de Verdún describe un círculo vicioso de derivaciones internas que no conducen a ninguna solución concreta. Según su testimonio, los directivos del hospital delegan la responsabilidad en el área de asistencia social, mientras que desde allí le informan que la firma final para un traslado o un estudio externo depende exclusivamente de la dirección.
«La asistente social me dice que son los directores los que… tienen que hacer los pedidos en otros lugares, ya que si el alta complejidad está descompuesta la maquinaria o no se puede hacer ahí para poder hacer en otros lugares», explica. Mientras los funcionarios se pasan la carga de un escritorio a otro, Elizabeth debe vender sus escasas pertenencias para costear medicamentos que el Estado debería garantizar. «Trato de vender mis cosas, comprar medicamentos, porque los medicamentos tampoco no me dan el hospital. Son costosos… me dicen que por ahí no hay».
Un pasado de tragedia: La denuncia por mala praxis
La desconfianza de Elizabeth hacia la institución no es infundada. Su historia médica está teñida por una tragedia personal que aún busca justicia en los estrados judiciales. Con una crudeza desgarradora, recordó el episodio que cambió su vida para siempre cuando tenía 33 años.
«Yo ya hice una denuncia penal contra el doctor Aquino… Yo estaba embarazada de 9 meses y ingresé a las 12 de la noche. Me esperó hasta las 4:30 de la mañana, explotó todo mi útero, murió mi hijo de 9 meses, me vaciaron todo… de ahí en más yo quedé con muchos problemas de salud». Este antecedente de presunta mala praxis pesa sobre su presente, dándole a su reclamo actual una carga de urgencia vital: ella siente que el hospital ya le quitó un hijo y ahora le está quitando la posibilidad de una vida digna.
El hospital de Clorinda: ¿Un lugar para salvarse o para esperar?
El testimonio de Verdún trasciende su caso particular y se convierte en una denuncia pública sobre el estado general del nosocomio. Describe guardias colapsadas donde los pacientes deben esperar horas sin ser atendidos por un profesional, y asegura haber sido testigo de múltiples fallecimientos por falta de atención rápida.
«Yo presencié muchas muertes. ¿Sabe por qué? Porque vos te vas al hospital, pedís auxilio… pero ellos honestamente te meten en una sala de guardia… tenés que esperar 3 o 4 horas que venga un doctor o mucho más». Según su visión, el hospital solo funciona de manera eficiente cuando se encuentra bajo intervención externa: «Cuando está intervenido el hospital, las 24 horas hay médico, todo momento se opera… pero cuando se van todas las intervenciones, el hospital queda nulo».
La recurrencia a la prensa se ha vuelto, lamentablemente, el único método eficaz para obtener atención en Clorinda. Elizabeth recuerda que años atrás solo logró ser operada de la vesícula tras salir al aire en una radio: «A los minutos que salimos al aire, ya vino la ambulancia… al día siguiente ya me operaron. ¿Por qué jugar con la salud de los enfermos?».
Un clamor por humanidad
Hoy, Elizabeth Verdún espera que alguien «se toque el corazón». Su pedido es simple pero urgente: ser derivada a un centro de salud en Formosa que cuente con la tecnología necesaria para diagnosticarla y operarla.
«Pido la ayuda pero no me están dando… que se toquen un poco más el corazón, que sean más seres humanos ellos… ellos hacen un juramento para salvar vidas».
Para cualquier persona, funcionario o institución que desee colaborar o brindar una solución a este caso de extrema vulnerabilidad, Elizabeth ha facilitado su número de contacto: 3718-454039.
