La Iglesia Catedral de Formosa se convirtió una vez más en el epicentro de la reflexión espiritual de la provincia. Durante la Santa Misa de las 8:00 hs, Monseñor José Vicente Conejero Gallego pronunció una homilía extensa y cargada de contenido social y doctrinal, preparando a la comunidad para el inicio de la Cuaresma y analizando con dureza la realidad política y ética de la actualidad.
El anuncio de la Cuaresma: Un llamado a la sobriedad frente al «ruido» de los carnavales
Con la mirada puesta en el calendario litúrgico, el Obispo recordó que el próximo 18 de febrero, con el Miércoles de Ceniza, la Iglesia Católica inicia un ciclo de cuarenta días de purificación. Monseñor Conejero enfatizó que este es el «tiempo oportuno para la conversión profunda», un concepto que contrapuso a la distracción que impera en la sociedad actual.
Haciendo referencia al mensaje del Papa León XIV, el prelado instó a los fieles a una introspección radical. «Ya el Papa León XIV ha escrito su mensaje que reflexionaremos el próximo miércoles con una llamada, como no puede ser de otra manera, a escuchar la palabra del Señor, a ayunar y privarnos para llevar una vida sobria y sencilla, ahora que hay tantos festivales y carnavales», señaló con firmeza. Para el Obispo, la verdadera transformación del corazón no es compatible con el exceso: «En fin, hay que hacer penitencia, un poquito, y sobriedad, si queremos convertirnos. Y luego compartir generosamente lo poco o mucho que tengamos con los más pobres».
Una Iglesia en movimiento: El balance de las misiones y retiros de verano
A pesar de las altas temperaturas de febrero, el Obispo destacó que la actividad pastoral en Formosa no ha dado tregua. Con un tono de gratitud, repasó la labor de los jóvenes y catequistas en diversos puntos de la diócesis, mencionando específicamente las acampadas de la Renovación Carismática y los encuentros de la Catequesis Especial en la Parroquia de San Luis Rey, donde niños con discapacidad, padres y servidores compartieron jornadas de fe.
«Muchas actividades, retiros, jornadas, yo también he podido participar con alegría, en el retiro espiritual en el Paraguay, Itaguá, con los sacerdotes responsables del Seminario Mayor del Paraguay», relató Conejero, subrayando que estos espacios son vitales para «vivir más en comunión con el Señor» incluso en tiempo de vacaciones. Destacó también el tercer aniversario de la Casa Padre Miguel Pesuto, en el Barrio Inmaculado Corazón de María, un espacio de esperanza para los jóvenes que luchan en los «Hogares de Cristo».
La libertad humana y la «trampa» de las ideologías políticas
Al abordar las lecturas del libro del Eclesiástico (el Sirácida), el Obispo profundizó en la antropología cristiana de la libertad. Afirmó que la felicidad no es un azar, sino una elección consciente. «Dios nos ha creado libres, y cada uno de nosotros tiene la facultad de elegir el bien, o bien ser caprichoso y elegir el mal. El que elige el bien es feliz, y vive con alegría en el Señor», sentenció.
Sin embargo, el punto más álgido de su alocución llegó al comentar las cartas de San Pablo y la desconfianza del apóstol hacia la «sabiduría humana» cuando esta se pone al servicio del egoísmo. Conejero no dudó en aplicar este concepto a la política contemporánea:
«Eso lo vemos en las ideologías políticas, sean tanto liberales como socialistas, y establecen al Estado como norma, y colocan pretextos para enriquecerse millonariamente los que son funcionarios y tienen a la gente bastante esclavizada».
El prelado criticó la falta de coherencia de quienes detentan el poder, señalando que muchas veces «ni se lo creen ellos mismos los fundamentos que proponen, porque tienen otros intereses». Frente a esto, propuso la sabiduría del Espíritu Santo, que es «Cristo Jesús y Cristo crucificado», como la única guía capaz de traer redención y santificación genuina.
La radicalidad del Evangelio: Contra el insulto en redes sociales y la ambigüedad
Hacia el final de su homilía, basándose en el Sermón de la Montaña de San Mateo, Monseñor Conejero llamó a los formoseños a superar la «rutina» y las «tradiciones vacías» para buscar la perfección en el amor. Fue especialmente crítico con la violencia verbal que impera en la comunicación moderna.
«No basta solamente con no atentar contra la vida física de uno, sino que hay que amar, perdonar, no ser rencorosos, y no herir a los demás. Esto es muy cotidiano, ven ustedes que se agravian y hoy día por las redes se insultan las personas, no debe de ser así entre nosotros», advirtió. Recordó las palabras de Pablo a los Romanos: para vencer el mal, hay que hacerlo a fuerza de bien, evitando responder «con la misma moneda» ante los agravios.
Finalmente, el Obispo cerró su mensaje con una exhortación a la transparencia total, pidiendo a los laicos que abandonen las posturas ambiguas y las «lindas palabras» que esconden corazones oscuros. Su conclusión fue un eco del mandato evangélico: «Que tu sí sea sí, y que tu no sea no. No andar con ambigüedades. Sí a todo lo que Dios quiere, y a él le agrada. Y no al mal y al pecado, que proviene del maligno».
«Al pan, pan, y al vino, vino», sentenció, dejando a la feligresía con la tarea de prepararse para una Pascua que exige, ante todo, honestidad ante Dios y ante los hombres.
Colaboración: “La Voz del Santuario Nuestra Señora del Carmen”, programa radial de la pastoral de la Comunicación de la Parroquia Nuestra Señora del Carmen –Iglesia Catedral– de Formosa.
