El fútbol como rehén: Cuando El ARCA cierra el Arco y la pelota deja de picar por razones que nada tienen que ver con el deporte
La fecha 9 del Torneo Apertura 2026 no se va a jugar. No la suspendió la lluvia, ni la violencia en las tribunas, ni un calendario mal armado. La suspendió la dirigencia del fútbol argentino en bloque, por unanimidad. Entre el 5 y e ni rodar la pelota en ninguna categoría profesional del país. Y como siempre que el poder se disputa en Argentina, los que pagan el costo son los que menos tienen que ver con la pelea: los hinchas, los futbolistas, los trabajadores de los estadios, los que viven del día de partido.
Qué pasó
ARCA —la ex AFIP— presentó una denuncia penal contra la AFA por presunta retención indebida de aportes previsionales y omisión en el pago de tributos. El monto: más de 19.300 millones de pesos. El período investigado: marzo de 2024 a septiembre de 2025. El juez en lo penal económico Diego Amarante citó a indagatoria al presidente de la AFA, Claudio Tapia, al tesorero Pablo Toviggino y a otros dirigentes. Les prohibió salir del país. La AFA sacó un comunicado negando toda deuda exigible, asegurando que los pagos se hicieron antes de los vencimientos, y denunciando lo que considera una persecución política.
La reacción fue inmediata: el Comité Ejecutivo de la Liga Profesional votó por unanimidad la suspensión de toda la actividad. Cuatro días sin fútbol. La medida más drástica que haya tomado la dirigencia deportiva argentina en décadas.
Lo que la ley dice y lo que el sentido común pregunta
Acá es donde la cosa se pone interesante. Porque para entender este conflicto no alcanza con leer los comunicados de las partes. Hay que ir a la legislación.
La Ley Penal Tributaria es clara: el empleador que no deposita los aportes retenidos a sus dependientes dentro de los 30 días corridos del vencimiento (antes eran 10 días hábiles) enfrenta prisión de 2 a 6 años. El sistema previsional argentino tiene mecanismos de detección prácticamente automáticos: declaraciones juradas mensuales, cruces informáticos, alertas por mora. A los 10 días del vencimiento ya empiezan a correr las sanciones. Cualquier pyme, cualquier comercio, cualquier empleador con un solo trabajador registrado lo sabe: si no depositás los aportes, el fisco te cae encima en semanas. No en meses. En semanas.
Entonces la pregunta cae sola: ¿cómo puede ser que una presunta retención de 19.300 millones de pesos, acumulada durante 18 meses consecutivos, haya pasado inadvertida para el organismo recaudador del Estado?
No es una pregunta retórica. Es una pregunta técnica, legal, y profundamente política.
Veinte años de desfinanciamiento consentido
Para responderla hay que remontarse a 2003. El Decreto 1212, firmado por Duhalde en plena salida de la crisis, creó un régimen especial para el fútbol: en vez de pagar aportes proporcionales a los sueldos como cualquier empleador, los clubes destinarían un porcentaje de la recaudación por entradas, pases y televisación. La AFA quedó como agente de retención. La alícuota inicial fue del 2%.
El problema es que ese 2% nunca alcanzó para cubrir las obligaciones previsionales. Nunca. La alícuota fue subiendo: 6,5% en 2005, 6,75% en 2019, 7,5% en 2023. Y aun así el sistema siguió siendo deficitario. El propio Sturzenegger reconoció que solo entre noviembre de 2023 y abril de 2024 el agujero fue de 7.000 millones de pesos. ¿Quién absorbía la diferencia? El sistema jubilatorio. Es decir: los jubilados.
Esto no es un dato nuevo. Lo sabían Duhalde, Kirchner, Cristina, Macri y Alberto Fernández. Todos lo toleraron, lo corrigieron a medias o directamente miraron para otro lado. Lo que cambió no es la situación contable de la AFA. Lo que cambió es la voluntad política de usar esa situación como palanca.
O sabían y no actuaron, o no sabían y es peor
Acá hay dos posibilidades, y ninguna le queda cómoda al gobierno.
Si ARCA sabía que la AFA no estaba depositando los aportes desde marzo de 2024 y durante 18 meses no intimó, no notificó, no abrió un expediente administrativo —como hace todos los días con miles de empleadores en todo el país—, entonces incumplió su propio deber de fiscalización. Y la denuncia tardía tiene más de operación política que de actuación de oficio.
Si ARCA no sabía, entonces el sistema de control fiscal sobre una entidad que maneja miles de millones de pesos tiene un agujero del tamaño de un estadio. Y esa negligencia debería investigarse con la misma energía que se le pone a la causa contra Tapia.
En los dos casos, el salto directo a la vía penal sin agotar las instancias administrativas previas genera ruido. La doctrina tributaria es bastante clara en esto: un retraso en el depósito de aportes retenidos debería canalizarse primero como infracción administrativa, con intimación, ejecución fiscal y multas, a través de la Ley 11.683. Ir derecho al fuero penal económico, sin pasar por esas etapas, no es una consecuencia automática del sistema. Es una decisión. Y las decisiones tienen contexto.
El contexto: una ofensiva que viene de lejos
La denuncia de ARCA no cayó del cielo. Es el último capítulo de una secuencia que empezó mucho antes: el impulso a las Sociedades Anónimas Deportivas (rechazadas por la AFA y por los clubes), la derogación del Decreto 1212, la suspensión de asambleas por parte de la Inspección General de Justicia, el cuestionamiento de balances pendientes desde 2017, la suba compulsiva de la alícuota previsional al 13,06% más un adicional del 5,56%, y —en las últimas horas— el avance con la designación de veedores sobre la entidad.
Cada una de esas medidas puede tener su justificación técnica individual. Pero cuando se las mira juntas, en secuencia, apuntando todas al mismo blanco y en el marco de una pelea explícita por el modelo de gestión del fútbol, la lectura puramente fiscalista se queda corta.
El paro: legítimo en sus razones, discutible en su forma
Dicho todo eso, la respuesta de la AFA tampoco se banca un análisis sin concesiones. La suspensión del fútbol fue presentada como una decisión colectiva, unánime, de los clubes. Pero no la votaron los jugadores, ni los técnicos, ni los hinchas, ni los empleados de los estadios. La votó la dirigencia. Algunos la llamaron huelga; otros, con más precisión, la calificaron de lockout: un paro patronal, no obrero.
Usar la paralización del espectáculo más masivo del país como herramienta de presión política supone tratar al fútbol como moneda de cambio en una negociación que se dirime entre despachos. La cohesión dirigencial es evidente. Pero nadie le preguntó al tipo que ya tenía la entrada comprada, al vendedor ambulante que vive del domingo de cancha, al cámara de televisión que cobra por jornada, ni al futbolista que necesita ritmo de competencia a meses del Mundial.
Un peligro que nadie parece calcular
Hay un riesgo latente que ambas partes parecen subestimar. La FIFA prohíbe la injerencia estatal en las asociaciones afiliadas. Si esto escala a una intervención directa del gobierno sobre la AFA, las sanciones internacionales podrían dejar a la Selección y a los clubes argentinos fuera de toda competencia, justo antes de un Mundial. A la inversa, si la AFA instala la práctica de frenar el fútbol cada vez que la Justicia o el fisco avancen sobre su gestión, convierte al espectáculo deportivo en un chaleco antibalas corporativo. Las dos cosas son dañinas. Y las dos están más cerca de lo que parece.
En definitiva
Cuando uno mira la legislación vigente, los plazos de detección de mora, los mecanismos automáticos que el fisco aplica a diario contra cualquier empleador del país, y los compara con los 18 meses que ARCA dejó pasar antes de actuar contra la AFA, la narrativa de la «fiscalización de rutina» no cierra. Algo no cuadra. Y lo que no cuadra se llama oportunidad política.
Pero cuando uno mira la respuesta —paralizar el fútbol de un país entero como escudo ante una investigación judicial—, la narrativa de la «defensa institucional» tampoco cierra del todo. Porque los que se quedan sin fútbol no son los que firmaron el comunicado.
En el medio, como siempre en Argentina, queda la misma gente de siempre. Los que no manejan la AFA ni deciden la política tributaria del gobierno, pero el fin de semana que viene no van a poder ir a la cancha. Diego (el 10 supremo) dijo una vez que .» la pelota no se mancha. Tenía razón. El problema es que los que la agarran .o «la pretenden jugar » sin pisar siquiera una cancha, con las manos no siempre la devuelven limpia, y mas bien bien la preteden utilizar causando efectos rebotandolas salpicadas y contaminadas, al extremo de generar daños y quebrar la ilusion que emerge del universo deportivo.
En la Argentina, donde el deporte es una pasion nacional y el Futbol, su principal emblema popular, una instancia sin precedente en la historia nacional, puede llegar a constituirse en una señal que ilumine un camino hacia un futuro con mas protagonismo de los aficcionados y, juntos con la dirigencia responsable, tiendan un puente mas alla de la tribuna y logren articular una defensa solida capaz de resitencia y consolidar una forma de gestion que atienda, entienda, comprenda y representen los intereses genuinos de la aficcion deportiva
nacional. » Muchachos …». estan en la «feria» y privantizando hasta el descanso y la salud del trabajador,no dejemos que desde los despachos con cristales ahuamados nos roben la ilusion. Con fuerza,unidad y solidaridad demos todos juntos un puntapie que resulte un PELOTAZO EN CONTRA de quienes impulsan tales acciones.
Lic. Faustino C. Duarte
Socio/Secretario fundador CLUB SAN AGUSTIN (LFF).
