martes, 3 marzo, 2026
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Apertura del Ciclo Lectivo 2026: El Seminario Interdiocesano La Encarnación inicia un camino de formación y santidad

En un marco de profunda espiritualidad y con el acompañamiento de las comunidades cristianas de la región, el Seminario Interdiocesano «La Encarnación» dio inicio formal a sus actividades académicas y formativas correspondientes al Ciclo Lectivo 2026. La jornada no fue solo un acto administrativo o académico, sino una verdadera fiesta de la fe que congregó a familiares, amigos y fieles que se acercaron para rodear con su afecto y oración a los jóvenes que, con valentía, han decidido dar un paso adelante en su respuesta al llamado vocacional.

La celebración de la Eucaristía, centro neurálgico del encuentro, fue presidida por el arzobispo de Resistencia, Monseñor Ramón Dus, y contó con una presencia episcopal de relieve regional, reflejando la unidad de las diócesis del noreste argentino. Concelebraron los obispos de Goya, Monseñor Adolfo Canecín; de Santo Tomé, Monseñor Gustavo Montini; de Reconquista, Monseñor Ángel José Macín; y el obispo de Formosa, Monseñor José Vicente Conejero Gallego, quien tuvo a su cargo la tarea de desglosar la Palabra de Dios en una homilía que resonó como un testamento espiritual.

La Diócesis de Formosa, bajo la guía de su comunidad espiritual, continúa consolidando su presencia en este trayecto formativo, reafirmando que la semilla de la vocación sigue dando frutos en el noreste argentino.


El Mapa de las Vocaciones Formoseñas

La realidad actual de la formación presbiteral para Formosa es alentadora y muestra un proceso de acompañamiento constante. Según las últimas actualizaciones del ámbito eclesiástico, “actualmente Formosa tiene 7 (siete) Seminaristas en La Encarnación”, quienes se encuentran cursando las etapas de Filosofía y Teología en la sede central ubicada en Resistencia.

Además de estos siete jóvenes en formación académica, la provincia cuenta con un apoyo fundamental en el terreno: hay “uno en Formosa, realizando un año Pastoral”. Este año de inserción comunitaria es clave para que el futuro sacerdote tome contacto directo con la realidad de las parroquias, las misiones y las necesidades sociales de su propia tierra antes de recibir las órdenes sagradas.


Un Inicio con Esperanza: El Ingreso de Bruno Riveros

El movimiento en el seminario fue intenso durante las últimas horas. En una jornada marcada por la emoción de las familias y las autoridades religiosas, se dio la bienvenida a la nueva cohorte de estudiantes. “Ayer ingresaron 12, de las 6 Diócesis que integramos el Seminario Interdiocesano de La Encarnación con sede en Resistencia (Chaco)”, detallaron las fuentes oficiales.

Entre este grupo de doce aspirantes que han decidido entregar su vida al servicio del Evangelio, se destaca la presencia de un joven que representará a la provincia en el inicio de su trayectoria formal. “El seminarista que ingresó ayer al Curso Introductorio de la Diócesis Formosa, es Bruno Riveros”.


El Seminario “La Encarnación” funciona como el corazón formativo del NEA, uniendo los esfuerzos de seis diócesis para brindar una educación integral que abarca lo espiritual, lo humano, lo intelectual y lo pastoral. El ingreso de Riveros al “Curso Introductorio” representa el primer peldaño de un largo camino de discernimiento que suele durar entre siete y ocho años.

Este aumento en el interés por la vida consagrada es visto por la Iglesia local como una respuesta a los desafíos de los tiempos actuales, donde la figura del sacerdote se vuelve un puente necesario para la contención social y el acompañamiento espiritual de las familias formoseñas.

La Formación del Corazón: El Objetivo Central del Seminarista

El mensaje de Monseñor Conejero fue directo y cargado de una mística pastoral que buscó interpelar el alma de los ingresantes y de quienes ya transitan los años de formación. Con voz firme pero paternal, el obispo de Formosa sentenció: «USTEDES, VIENEN AL SEMINARIO PARA FORMAR EL CORAZÓN. A IMAGEN DE JESÚS EL BUEN PASTOR».

Esta premisa se convirtió en el eje de su discurso, explicando que el seminario no es meramente un centro de estudios teológicos, sino un taller donde el Espíritu Santo moldea la humanidad del futuro sacerdote. En este sentido, instó a los jóvenes a sumergirse en la cualidad más excelsa de Dios: Su capacidad de amar sin medida. «Sean misericordiosos como el Padre Dios es misericordioso. En los salmos es muy frecuente reconocer a Dios con esta cualidad que quizás sea la más significativa. Ser compasivo y misericordioso se repite continuamente», enfatizó el prelado.

La Grandeza del Perdón en la Liturgia y la Vida

Haciendo un recorrido por la riqueza de los salmos y la liturgia, Conejero recordó que el poder de Dios no se mide por la fuerza, sino por la redención. «Lo hemos escuchado también en la lectura y en el salmo, el perdón y la misericordia de Dios. ¡Dios mío qué grande eres!», exclamó. Citó el Salmo 89 para recordar que la fidelidad divina atraviesa todas las generaciones y se detuvo especialmente en la oración colecta del domingo 26 del Tiempo Ordinario.

Según el obispo, es fundamental comprender que, aunque Dios es el Creador de la inmensidad del cosmos y de la persona humana, su poder «se manifiesta sobre todo y ante todo en el perdón y la misericordia, algo que Jesús puso en práctica». Esta visión redefine la autoridad del futuro pastor, quien debe ser, ante todo, un heraldo del perdón en un mundo herido.

El Paralelismo con la Cuaresma: De la Cruz a la Transfiguración

Monseñor Conejero destacó la «gracia» de que el ciclo lectivo comience en plena Cuaresma, estableciendo una sintonía espiritual entre el camino del seminarista y el camino de Jesús hacia la Pascua. Tras haber celebrado el segundo domingo de Cuaresma —la Transfiguración—, recordó que no hay gloria sin sacrificio.

«Para alcanzar la gloria y la resurrección inevitablemente hay que pasar por la cruz y la pasión», advirtió con realismo evangélico. Explicó que el discípulo misionero debe estar dispuesto a negarse a sí mismo y cargar con su cruz, siguiendo el ejemplo de Jesús en el Huerto de los Olivos, donde, a pesar de la resistencia humana y el dolor, primó la obediencia al Padre: «que no se haga mi voluntad sino la tuya».

En este contexto, definió al seminario como un ecosistema de perfección: «Silencio, formación, estudio, oración, convivencia… todo eso con vistas a ir conformando el corazón del futuro pastor para el pueblo de Dios, de la iglesia, a ejemplo de Jesús, que es el pastor bueno, que da la vida».

Un Programa para el Siglo XXI: Conocer, Amar e Imitar

Con la humildad de quien lleva décadas al servicio de la Iglesia y reconociendo su proximidad al retiro —pues el próximo 5 de abril presentará su dimisión al cumplir 75 años—, Conejero recurrió al magisterio de San Juan Pablo II para proponer una hoja de ruta. Citando la carta Novo Millennio Ineunte, subrayó que el programa de la Iglesia sigue siendo el mismo: «consiste en esto, en conocer, amar e imitar a Jesús, para entrar en comunión con Él y por medio de Él, con el Padre y el Espíritu Santo».

Este mandato cobra especial relevancia en los «tiempos tristes» actuales, marcados por ataques, confrontaciones ideológicas, políticas y económicas que atentan contra la fraternidad universal. Ante esto, el seminario debe ser el lugar donde se aprenda a colaborar para «hacer presente el reino de Dios lo mejor posible en este mundo en que vivimos», formando pastores que den la vida libre y voluntariamente.

Los Cinco Medios para la Santidad Universal

El obispo no quiso despedirse sin recordar que la santidad es una vocación universal que involucra a laicos, consagrados y ministros. Citando el número 42 de la Lumen Gentium, enumeró los cinco medios ordinarios para alcanzar la perfección en el amor:

  1. La Palabra de Dios: No solo como objeto de estudio, sino como algo que debe ser meditado y puesto en práctica.
  2. La vida sacramental: Especialmente la Eucaristía y la Reconciliación. «No confesarse cada muerte de obispo… sino frecuentemente», bromeó, mientras pedía a los presbíteros disponibilidad total para este misterio.
  3. La oración: Entendida como una cuestión de amistad profunda con el Señor.
  4. La abnegación de sí mismo: Llevar una vida sobria, sencilla y humilde.
  5. La caridad y el servicio: Especialmente la opción preferencial por los pobres, los enfermos, encarcelados y aquellos en situación de descarte. «Una Iglesia para los pobres, aunque a veces puedan faltar recursos, hay que creer en la providencia», afirmó con convicción.

El Legado de Santa Teresa y el Fervor de Mama Antula

Para cerrar su alocución, Monseñor Conejero evocó la sabiduría de Santa Teresa de Jesús, recordando que «no está la cosa en pensar mucho… sino en amar mucho». Detalló las cuatro sendas del amor teresiano: «agradar a Dios», «procurar no ofenderle», «que vaya siempre por delante la gloria y la honra de Jesucristo» y el trabajo por el «crecimiento de la iglesia católica».

El broche de oro fue la mención a Mama Antula, la primera santa argentina, cuyas reliquias recorren actualmente la región. El obispo pidió que su celo misionero y su anhelo de santidad contagien a todo el seminario y a la feligresía presente. «Que el celo, ese anhelo de santidad de la primera santa… Mama Tula nos contagia a nosotros la santidad y el celo misionero evangelizador», concluyó.


Colaboración: “La Voz del Santuario Nuestra Señora del Carmen” – programa radial de la pastoral de la Comunicación de la Parroquia Nuestra Señora del Carmen (Iglesia Catedral de Formosa).

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