En una provincia donde “la necesidad de estudiar para que se produzca esa movilidad ascendente que tanto les gusta publicitar algunos sectores es solo una propaganda en mucho caso a la hora de la realidad”, el sacrificio de las familias formoseñas parece chocar contra una estructura diseñada para el lucro antes que para la formación.
El peso de un nombre y las sombras de su gestión
En Formosa, estudiar es imperioso. Cientos de jóvenes optan por instituciones privadas con la esperanza de abrirse camino. Entre ellas, el Instituto “RAMON CARRILLO” merece una especial atención. No solo por el prestigio del nombre que porta, sino por quién estaría detrás de su estructura: el exministro de salud, JOSE LUIS DECIMA.
La crítica hacia la institución no es menor, apuntando directamente a lo que muchos califican como la “bajeza con la que se manejan”. Lo que debería ser un centro de excelencia académica parece haberse convertido en un engranaje de beneficios políticos y económicos.
Irregularidades académicas y convenios cuestionables
Uno de los puntos más críticos reside en la inestabilidad del cuerpo docente. Según denuncian alumnos y allegados, la mayoría de los profesores no terminan el año lectivo y son suplantados hasta tres veces en un mismo ciclo.
“¿Porque? Porque la mayoría viene a dar clase porque trabaja en hospitales públicos y se les arregla el sueldo con GUARDIAS”, aseguran las fuentes, dejando entrever una alarmante falta de vocación pedagógica y una posible malversación de recursos públicos para sostener la actividad privada.
Contratos leoninos y el negocio del uniforme
La presión sobre el alumnado no es solo académica, sino también administrativa y disciplinaria. Se reporta que “se obliga a firmar un contrato leonino a los estudiantes”, quienes además quedan cautivos de consumos obligatorios. Un ejemplo claro es el del vestuario: “se los obliga a comprar el UNIFORME OFICIAL que es mas caro que otros o de lo contario les ponen falta a los alumnos”.
Una inflación propia: El desfasaje de los costos
El golpe más duro se siente en el bolsillo. Mientras que la inflación general se ubicó en un “37 por ciento”, los aranceles del instituto han escalado de forma estrepitosa. La cuota, que inició el 2025 en “60 mil pesos paso a 130 mil”, representando un aumento cuatro veces superior al índice inflacionario.
El esquema de cobros de inicio de año resulta, para muchos, asfixiante:
- Matrícula (Febrero): $130.000
- Derechos de examen: $30.000
- Cuota mensual: $130.000
A pesar de que “las clases no arrancaron aun y empezarían la segunda semana de marzo”, la institución ya ha percibido sumas exorbitantes.
La brecha salarial: Estudiantes pobres, directivos ricos
El análisis financiero de la situación es desolador para el trabajador promedio. “En 35 días le sacaron al alumno casi 550 mil pesos”, una cifra que contrasta violentamente con la realidad económica de la provincia, donde “el aumento de los sueldos a estatales es del 14 por ciento”.
Ante este escenario, la ironía surge como denuncia social: “debería DECIMA ser gremialista entonces el aumento seria mas de 200 por ciento”. Mientras miles de jóvenes formoseños intentan con el sacrificio propio o el de sus padres progresar, se encuentran con un sistema que, en palabras de los afectados, parece manejado por “unos vivos totales”.
