lunes, 9 marzo, 2026
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El Encuentro en el Pozo: Una Invitación a la Conversión y la Misión

En la quietud de la mañana formoseña, durante la misa de las 8:00 hs, la Catedral se convirtió en el escenario de una profunda reflexión teológica y social. Monseñor José Vicente Conejero Gallego presidió la celebración del tercer domingo de Cuaresma, un tiempo litúrgico que definió como una oportunidad única de renovación espiritual. En un mundo fragmentado, el obispo desglosó el pasaje de la Samaritana no solo como un hecho histórico, sino como un mapa vigente para la reconstrucción del tejido humano y divino.

El Diálogo con la Samaritana: Pedagogía del Encuentro

El prelado comenzó desgranando la importancia de la relación personal con la divinidad. Según sus palabras, el pasaje evangélico es la prueba máxima de cómo la apertura al otro puede cambiar el destino de una comunidad entera. Monseñor destacó que «el encuentro de Jesús con esta mujer, la samaritana, pone de manifiesto que el encuentro y el diálogo profundo con el Señor, nosotros ahora por medio de la oración, hace o fortalece ser discípulos, misioneros, amigos y testigos de Jesús».

Para el obispo, Jesús no actúa como un juez, sino como un maestro de la escucha. Esta actitud es la que permite que la mujer, inicialmente distante, logre una conversión auténtica. «Jesús, como buen maestro y pedagogo, dialoga respetuosamente con esta mujer samaritana y en este diálogo respetuoso llega hasta el corazón, hasta lo más profundo del ser de esta mujer», explicó el prelado, subrayando que esta es la base de toda misión: el respeto absoluto por la dignidad del otro.

La Misión que Nace de la Experiencia Personal

La nota periodística resaltó un punto clave de la homilía: la transformación de la mujer en la primera misionera de su pueblo. Tras el encuentro en el pozo, ella no guarda el secreto para sí, sino que se convierte en puente. «Se hace misionera porque va al pueblo a anunciar a sus vecinos y hermanos que se ha encontrado con el Mesías, con el Señor», relató el obispo, añadiendo que la fe de los samaritanos se consolidó gracias a que «Jesús permaneció durante dos días allí en Sicar, en esta población y seguramente que muchos samaritanos dialogaron y hablaron con Él».

Esta permanencia de Jesús en el territorio es, para Conejero Gallego, el modelo que la Iglesia debe seguir hoy: estar presente, permanecer en el diálogo y fortalecer los lazos comunitarios. La oración no es un acto aislado, sino el motor que impulsa la acción en el mundo. «Por medio de la oración hace o fortalece ser discípulos, misioneros, amigos y testigos de Jesús», reiteró como un eje central de su mensaje.

Un Contraste Doloroso: El Poder frente al Espíritu

En un análisis crudo de la realidad contemporánea, Monseñor no evitó confrontar los vicios de la sociedad actual. Lamentó que las estructuras de poder hoy prefieran la imposición sobre el consenso. Su diagnóstico fue contundente: «Mientras que las relaciones humanas actuales, a nivel local, a nivel global y universal, son de confrontación, de insultos incluso, nada de respeto hay, haciendo valer la fuerza que provoca la violencia o el poderío, la jactancia, bueno, y esto es lo que provoca también las guerras en las que nos vemos envueltos».

Frente a esta cultura del descarte y la agresión, el obispo propuso la «paz interior» como un acto de resistencia cristiana. Explicó que el verdadero discípulo se diferencia de aquel que busca el éxito material porque «no bebe del agua de las cosas de este mundo, que son la fuerza, el poder, la ambición, sino que es el Espíritu de Dios». Es este «agua pura» la que permite sostenerse en tiempos de crisis sin caer en la desesperanza o la violencia.

El Agua Viva y la Dignidad Humana

Retomando las palabras de Jesús en el pozo de Jacob, el obispo recordó la promesa de una satisfacción que no se agota. «Si conocieras el don de Dios, dice Jesús a la samaritana, tú misma le pedirías a Él el agua viva, que es Jesús mismo y es su Espíritu Santo, el Espíritu que brota hasta la vida eterna, el agua pura», citó con fervor. Para la Iglesia de Formosa, este mensaje se traduce en una ética de vida muy concreta: «Porque ser discípulos, misioneros de Jesús, es abrazar la paz, la verdad, la dignidad, y servir y entregarse al servicio de los demás».

La Presencia de Mama Antula en Suelo Formoseño

La homilía tomó un tinte de alegría regional al mencionar la visita de las reliquias de María Antonia de San José, conocida cariñosamente como Mama Antula. La primera santa argentina está recorriendo la diócesis, uniendo los rincones más lejanos de la provincia en una misma fe. Monseñor detalló con precisión este recorrido federal: «ya ha estado en el oeste formoseño, en la parroquia de Ingeniero Juárez, Las Lomitas, Pozo del Tigre, incluso por la ruta 86 ha ido hasta Río Muerto, Posta Salazar, y tantos lugares, recorriendo Pirané, Montelindo, previamente en Estanislao del Campo, en Comandante Fontana».

El obispo celebró que el Papa Francisco la haya nombrado patrona de los misioneros argentinos, viendo en ella el ejemplo perfecto de quien sale al encuentro. Relató cómo el paso de la santa ha bendecido momentos clave, como en Laguna Blanca, donde «un joven de esa localidad, Carlos Torres, recibió el rito de admisión a las órdenes sagradas, con muy buen recibimiento».

Exhortación Final: Un Camino hacia la Pascua

Concluyendo su extensa alocución, Monseñor Conejero Gallego llamó a la acción práctica. Recordó que la Cuaresma es un tiempo de purificación que requiere gestos concretos. Citando el lema de Mama Antula, «andar y llegar allí, hasta donde Dios no es conocido, para que sea conocido, amado y servido», invitó a los fieles a no ser espectadores de su fe.

El mensaje final fue una hoja de ruta para las próximas semanas: «Aprovechemos este tiempo que nos queda, de cuaresma, para intensificar la oración, el ayuno, la limosna, que es propio de este tiempo cuaresmal, para que se borren nuestros pecados, y así, de esta manera, podamos ser más y mejores discípulos, misioneros, testigos de Jesús». Con la bendición de la primera Santa Argentina, la comunidad fue enviada a ser, en medio de la confrontación del mundo, portadora de esa agua viva que no conoce fronteras.

Misa completa:

Llegamos al tercer domingo de Cuaresma, de este tiempo de oportunidad para encontrarnos con Jesús o reforzar nuestra relación con Él. Bien, el encuentro de Jesús con esta mujer, la samaritana, pone de manifiesto que el encuentro y el diálogo profundo con el Señor, nosotros ahora por medio de la oración, hace o fortalece ser discípulos, misioneros, amigos y testigos de Jesús. Jesús, como buen maestro y pedagogo, dialoga respetuosamente con esta mujer samaritana y en este diálogo respetuoso llega hasta el corazón, hasta lo más profundo del ser de esta mujer, la cual después reconoce que Jesús es el Señor, el Mesías, y a la vez se hace misionera porque va al pueblo a anunciar a sus vecinos y hermanos que se ha encontrado con el Mesías, con el Señor, quienes después ellos a su vez lo reconocen, no solamente por el testimonio de la mujer, sino porque Jesús permaneció durante dos días allí en Sicar, en esta población y seguramente que muchos samaritanos dialogaron y hablaron con Él.

Llegamos al tercer domingo de Cuaresma, de este tiempo de oportunidad para encontrarnos con Jesús o reforzar nuestra relación con Él. Bien, el encuentro de Jesús con esta mujer, la samaritana, pone de manifiesto que el encuentro y el diálogo profundo con el Señor, nosotros ahora por medio de la oración, hace o fortalece ser discípulos, misioneros, amigos y testigos de Jesús. Jesús, como buen maestro y pedagogo, dialoga respetuosamente con esta mujer samaritana y en este diálogo respetuoso llega hasta el corazón, hasta lo más profundo del ser de esta mujer, la cual después reconoce que Jesús es el Señor, el Mesías, y a la vez se hace misionera porque va al pueblo a anunciar a sus vecinos y hermanos que se ha encontrado con el Mesías, con el Señor, quienes después ellos a su vez lo reconocen, no solamente por el testimonio de la mujer, sino porque Jesús permaneció durante dos días allí en Sicar, en esta población y seguramente que muchos samaritanos dialogaron y hablaron con Él.

Por medio de la oración hace o fortalece ser discípulos, misioneros, amigos y testigos de Jesús.

Mientras que las relaciones humanas actuales, a nivel local, a nivel global y universal, son de confrontación, de insultos incluso, nada de respeto hay, haciendo valer la fuerza que provoca la violencia o el poderío, la jactancia, bueno, y esto es lo que provoca también las guerras en las que nos vemos envueltos. Sin embargo, aquel que quiere ser verdaderamente discípulo, misionero de Jesús, tiene una paz interior en su corazón. ¿Por qué? Porque no bebe del agua de las cosas de este mundo, que son la fuerza, el poder, la ambición, sino que es el Espíritu de Dios.

Si conocieras el don de Dios, dice Jesús a la samaritana, tú misma le pedirías a Él el agua viva, que es Jesús mismo y es su Espíritu Santo, el Espíritu que brota hasta la vida eterna, el agua pura. Porque ser discípulos, misioneros de Jesús, es abrazar la paz, la verdad, la dignidad, y servir y entregarse al servicio de los demás.

Pues bien, hermanos, que estas reliquias de mamá Antula, así cariñosamente llamada, a Santa María de San José, que es María Antonia de San José, su nombre, de Paz y Figueroa, Primera Santa Argentina, y así también ha querido el Papa, Francisco, que sea la patrona de todos los misioneros y misioneras argentinos, nos visita, como bien nos explicaban en esa introducción, haciendo una reseña de su vida, y bueno, pues es una alegría, la verdad que está recorriendo toda la diócesis, ya ha estado en el oeste formoseño, en la parroquia de Ingeniero Juárez, Las Lomitas, Pozo del Tigre, incluso por la ruta 86 ha ido hasta Río Muerto, Posta Salazar, y tantos lugares, recorriendo Pirané, Montelindo, previamente en Estanislao del Campo, en Comandante Fontana.

Ayer, precisamente, estuvieron las reliquias en Laguna Blanca, donde un joven de esa localidad, Carlos Torres, recibió el rito de admisión a las órdenes sagradas, con muy buen recibimiento, previamente, estuvo también en la Eucaristía presente, y la Legión de María, rezó el Rosario previamente, a la Santa Misa, en fin, creo que su paso entre nosotros está suscitando, y así quiera Dios que lo sea, un llamado a la santidad de vida, y a la vez, un fervoroso celo por la misión.

Su lema era andar y llegar allí, hasta donde Dios no es conocido, para que sea conocido, amado y servido. Pues bien, hermanos, aprovechemos este tiempo que nos queda, de cuaresma, para intensificar la oración, el ayuno, la limosna, que es propio de este tiempo cuaresmal, para que se borren nuestros pecados, y así, de esta manera, podamos ser más y mejores discípulos, misioneros, testigos de Jesús, por la intercesión también, de esta primera Santa Argentina, que justamente en el día de ayer, se celebraba su fiesta litúrgica, que así sea.

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