En las principales cumbres internacionales donde participa la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, una figura discreta pero esencial se encuentra a su lado: Lilia Rubio, su intérprete oficial. La mujer que hoy traduce las palabras de la mandataria ante figuras como Joe Biden o Justin Trudeau forjó su camino desde una realidad muy distinta, comenzando como empleada en un restaurante familiar en Utah, Estados Unidos.
Los inicios en Estados Unidos
Nacida en 1952 en Jalisco, en el seno de una familia humilde, Rubio vivió una infancia itinerante. A los 10 años, tras un paso por Tijuana, su familia, que se había convertido al mormonismo, emigró legalmente a Provo, Utah, en una época con políticas migratorias diferentes a las actuales. Su primer contacto con el inglés fue durante el viaje en autobús, cuando su madre la enviaba a preguntar en las estaciones si alguien hablaba español.
En Utah, la familia trabajó en un restaurante de comida mexicana que se popularizó entre la comunidad universitaria. Allí, siendo aún una adolescente, Lilia comenzó lavando platos, observando la disciplina y el esfuerzo de sus padres. Este entorno laboral temprano fue su primera escuela de vida.
El regreso a México y el descubrimiento de su vocación
A los 20 años, tras liderar una obra en su comunidad religiosa, Rubio decidió volver a México para estudiar arte dramático en la Ciudad de México. Para costear sus estudios, se empleó como profesora de inglés. Su involucramiento en grupos teatrales de contenido social, como CLETA, tras los eventos de 1968 y 1971, marcó su formación política y artística.
Su vida dio un giro decisivo cuando un amigo le comentó que la interpretación era una carrera que se estudiaba formalmente. Fue entonces cuando tomó conciencia de que, desde niña, había actuado como intérprete informal al ayudar a sus padres a comunicarse en Estados Unidos. Con esa revelación, se inscribió en el Instituto de Intérpretes y Traductores, financiando su formación con su salario como docente.
Una carrera junto al poder
Con más de cinco décadas de profesión, Lilia Rubio ha recorrido el mundo, visitando más de 30 países por trabajo. Ha prestado su voz a siete presidentes mexicanos, siendo testigo de primera mano de momentos históricos, como la derrota del PRI en las elecciones del año 2000, cuando trabajaba para el candidato Francisco Labastida.
Actualmente, oficia como intérprete para la presidenta Sheinbaum, a quien describe como una «mujer pensante» a la que observa, escucha y respeta profundamente. Para Rubio, quien colaboró con movimientos feministas, es un «gran disfrute» ver a una mujer al frente de la presidencia mexicana. Su contrato no es directo con la presidencia, sino que presta servicios a través de la empresa CM Idiomas.
La mente del intérprete
Rubio explica que, durante su trabajo, su cerebro se enfoca completamente en la traducción sintáctica y gramatical, convirtiéndose en un «vehículo de la voz» del orador, independientemente de sus convicciones personales. De cara al futuro, continuará brindando sus servicios en eventos cruciales de la actual administración, como la próxima revisión del acuerdo comercial T-MEC.
La historia de Lilia Rubio es un testimonio de resiliencia, donde las habilidades lingüísticas cultivadas desde la infancia y la formación constante la llevaron de los fogones de un restaurante a las salas de reuniones donde se discute el futuro internacional.
