Un profesional de la psicología reflexiona sobre los factores emocionales y sociales que pueden anteceder a episodios de extrema violencia, destacando la necesidad de fortalecer los vínculos y la atención a las problemáticas de salud mental.
El reciente hecho ocurrido en Santa Fe ha generado una profunda conmoción y reflexión en la sociedad. Desde la psicología, se analizan las posibles causas subyacentes a actos de violencia extrema, con un enfoque en la salud mental y el entorno social.
El psicólogo y psicoterapeuta Martín Vendramini señala que sucesos de esta magnitud no ocurren de manera aislada o repentina. «Cuando un joven llega a un acto así, algo muy profundo ya se había roto antes», afirma. Desde su perspectiva, es crucial mirar más allá del hecho concreto e indagar en el dolor acumulado, la soledad o la ira no expresada que la persona puede haber estado cargando.
«En terapia lo vemos muchas veces: personas que no supieron dónde poner lo que sentían. Que aprendieron a callar, a aguantar. Pero el dolor no desaparece porque uno lo ignore. Se acumula. Y cuando no encuentra palabra, busca salida», explica el profesional. Su análisis no busca justificar lo ocurrido, sino evitar una simplificación que impida comprender qué falló en las etapas previas.
El impacto de tales tragedias, destaca Vendramini, se expande más allá del momento, afectando profundamente a las víctimas, sus familias y a toda la comunidad.
El psicólogo plantea preguntas cruciales para la sociedad en su conjunto: «¿Qué lugar le damos hoy a lo que sienten los chicos? ¿Quién los escucha de verdad? ¿Dónde pueden expresarse sin miedo a ser juzgados?». En un contexto donde el ritmo de vida es acelerado y la atención a veces se dispersa, el dolor puede quedar en soledad.
Vendramini sostiene que la respuesta debe venir desde la responsabilidad y no desde el miedo. «La salud mental no empieza en el consultorio. Empieza en los vínculos. En una conversación a tiempo. En un adulto que mira, que pregunta, que se queda un rato más cuando algo no cierra», reflexiona. A veces, no se trata de tener grandes respuestas, sino simplemente de estar presente.
La conclusión es un llamado a la reflexión colectiva: «Ojalá esto nos haga frenar. Mirar. Escuchar un poco más. Porque cuando el dolor no encuentra palabra, puede terminar encontrando formas que después ya no tienen vuelta atrás».
