El Obispo de Formosa celebró la Eucaristía del Domingo de Resurrección, con una homilía centrada en el mensaje de esperanza y renovación para la comunidad.
La comunidad formoseña se congregó en la Iglesia Catedral Nuestra Señora del Carmen para la Misa de las 8:00 hs del Domingo de Pascua. La celebración fue presidida por Monseñor José Vicente Conejero Gallego, quien en su homilía abordó los fundamentos de la festividad y su significado para la vida cotidiana.
El Obispo inició la homilía con un mensaje de gratitud, vinculando el canto litúrgico con la identidad local y recordando que la Pascua es un reconocimiento de la bondad divina. «Demos gracias al Señor porque es bueno, porque su misericordia es eterna», expresó, citando el Salmo 117.
Refiriéndose a la Gran Vigilia Pascual celebrada la noche anterior, Monseñor Conejero Gallego describió el tránsito simbólico de la oscuridad a la luz. Destacó que la historia cobra sentido a la luz del Cirio Pascual y de la Resurrección de Cristo, a la que presentó como un hecho presente que impacta en la lucha contra «los enemigos del hombre».
En su discurso, el prelado subrayó la centralidad de la figura de Jesús, citando los Hechos de los Apóstoles y el testimonio de Pedro sobre Aquel que «pasó haciendo el bien». Este pasaje funcionó como un recordatorio del compromiso misionero de la Iglesia.
Uno de los momentos destacados fue cuando el Obispo reflexionó sobre la brevedad de la vida, utilizando el concepto guaraní «amóntema» (todo pasa) para conectar con la cultura local. Instó a los fieles a buscar «las cosas del cielo» y a no perder el rumbo por preocupaciones materiales pasajeras, enfatizando la esperanza en la vida eterna.
Finalmente, Monseñor Conejero Gallego hizo referencia al relato evangélico de la visita al sepulcro, destacando el papel de las mujeres y el amor como motores que conducen a la verdad de la Resurrección.
