Según datos de la Policía de Formosa, las precipitaciones fueron mayores en el centro y este provincial, donde el sistema debió conducir el agua, lo que indica que el colapso no se debió solo al volumen de lluvia sino a deficiencias estructurales.
Durante días se atribuyeron las inundaciones a las intensas lluvias, pero los registros oficiales de la Policía de Formosa muestran otra realidad. Mientras en el oeste cayeron entre 40 y 50 milímetros, en el centro-este las precipitaciones alcanzaron entre 150 y 245 milímetros, zonas donde el sistema hídrico debía estar preparado para conducir el agua.
El recorrido del agua desde el Bañado La Estrella hacia el Riacho Monte Lindo es conocido desde hace décadas, por lo que no se trata de un fenómeno imprevisible. Los datos indican que el sistema no colapsó exclusivamente por el exceso de agua, sino porque no estaba en condiciones de responder adecuadamente.
La provincia tiene la responsabilidad primaria sobre el sistema hídrico, pero se suma un problema estructural: los municipios quedan excluidos de las decisiones clave, y cuando el agua llega, carecen de herramientas para actuar. Detrás de cada milímetro de lluvia hay consecuencias humanas, y los registros oficiales evidencian que el abandono del sistema es un factor determinante en las recurrentes inundaciones.
