Vecinos de Mariano Boedo denuncian el deterioro del único camino de ingreso al pueblo, que se vuelve intransitable tras cada lluvia, afectando la circulación, la salud y el abastecimiento.
La situación que atraviesan los vecinos de Mariano Boedo se torna cada vez más crítica. Desde hace años, el único camino de acceso al pueblo presenta un estado de abandono que hoy lo vuelve prácticamente intransitable. El reclamo, reiterado en múltiples ocasiones, está dirigido a la Dirección de Vialidad Provincial, a la que exigen una intervención urgente y definitiva.
El panorama es desolador: más de 15 kilómetros de camino cubiertos de lodo, huellas profundas y sectores completamente deteriorados que impiden la circulación. Ni siquiera las camionetas, habitualmente utilizadas en zonas rurales, logran atravesar el trayecto cuando las condiciones empeoran. Y eso ocurre con frecuencia: cada lluvia agrava el problema y profundiza el aislamiento.
“Es lodo, lodo y más lodo”, describen los pobladores, quienes aseguran sentirse cada vez más incomunicados. La imposibilidad de entrar o salir del pueblo no solo afecta cuestiones cotidianas como el trabajo o el abastecimiento, sino que también tiene un fuerte impacto en áreas sensibles como la salud.
En este sentido, los vecinos advierten que el aislamiento les impide incluso recibir a profesionales de la salud. Médicos, enfermeros y otros trabajadores no pueden ingresar debido al estado del camino, dejando a la comunidad sin atención adecuada. A esto se suma la dificultad para trasladar a pacientes en casos de urgencia, una situación que genera una profunda preocupación.
Además, denuncian la falta de acceso a insumos básicos como repelentes, fundamentales ante la proliferación de mosquitos en la zona. Este problema se agrava aún más en un contexto donde abundan los casos de alergias y cuadros gripales, afectando especialmente a niños y adultos mayores.
Los habitantes remarcan que no existen caminos alternativos: se trata de la única vía para ingresar y salir de Mariano Boedo. Por eso, insisten en la necesidad de una solución estructural que garantice la transitabilidad durante todo el año.
Mientras tanto, la comunidad continúa enfrentando un escenario cada vez más complejo, en el que el barro no solo dificulta el tránsito, sino que también profundiza el aislamiento y pone en riesgo la salud y el bienestar de todos sus habitantes.
