En el marco del 60º aniversario de los medios de comunicación social, la comunidad diocesana se reunió en la casa de Papa Francisco para analizar los desafíos actuales de los comunicadores. El obispo de Formosa, monseñor José Vicente Conejero, compartió sus reflexiones sobre inteligencia artificial, dignidad humana y la Trinidad como modelo de comunicación.
La comunidad diocesana se congregó en la casa de Papa Francisco para la culminación de la jornada por el 60º aniversario de los medios de comunicación social. El encuentro sirvió para analizar los desafíos que enfrentan los comunicadores en la actualidad.
El obispo de la Diócesis de Formosa, monseñor José Vicente Conejero, compartió sus visiones sobre el impacto de las nuevas tecnologías y el rol de la Iglesia en la era digital. El prelado destacó la relevancia de la temática elegida para este año.
Los desafíos de la inteligencia artificial y la dignidad humana
Uno de los puntos centrales fue el análisis del mensaje papal respecto a los avances tecnológicos y la irrupción de la inteligencia artificial. Monseñor Conejero remarcó que las comunicaciones representan «una realidad y un desafío fundamental siempre, pero más en este tiempo y además teniendo en cuenta las nuevas tecnologías».
El obispo hizo referencia al documento pontificio titulado Custodiar rostros y voces. Sobre este escrito, precisó que «nos exhorta en este mensaje que es un poquito largo, pero muy profundo, siempre en orden a la dignidad de la persona humana hermana y hace una exhortación invitándonos a todos, cada uno según su propia vocación y misión y tarea que tiene en el mundo a la responsabilidad, a la cooperación y a la educación».
Monseñor Conejero enfatizó la necesidad de desarrollar un criterio firme frente a los contenidos digitales: «Nos invita ser responsables teniendo un sentido crítico y no tragar todo ni ser manipulados, verdad? Por lo que a veces puedan decir las redes, porque si son utilizadas para bien, son medios extraordinarios, pero también se pueden utilizar para agraviar, insultar o, en fin, incordiar a otro, verdad? Hay que ser responsable en el uso de los medios de comunicación».
La Trinidad como modelo perfecto de comunicación
Al proyectar expectativas para el futuro de los medios, el obispo ofreció una perspectiva teológica. «Dios es comunicación. El padre, el hijo y el Espíritu Santo. El misterio de la Trinidad es el misterio más grande de nuestra fe y las tres personas que viven íntimamente unidas son distintas. Bueno, pues la comunicación así también debería de ser. Todos somos hermanos, todos tenemos que vivir en la unidad, en la paz, en el amor, eh? Y somos distintos y nos tenemos que afectar unos a otros», reflexionó.
Expresó que su mayor anhelo es «utilizar estos medios para el servicio de la evangelización y hacer presente en este mundo el reino de Dios, hasta que un día lleguemos al cielo para alabar y bendecir a Dios por toda la eternidad».
Casi tres décadas de misión pastoral en Formosa
Monseñor José Vicente Conejero lleva 29 años de ministerio episcopal en la Diócesis de Formosa, desde su ordenación en 1997. Al ser consultado sobre su mayor satisfacción, manifestó: «Lo más grande de todo creo que es el amor de Dios, es decir, Jesús, eh? Eh, bueno, como decías, el misterio más grande es la Santísima Trinidad, entonces el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Esa es mi satisfacción, la iglesia y luego los hermanos, los que el Señor me ha dado, no? Yo Esa es mi satisfacción, poder desarrollar la vocación misionera que el Señor me concedió aquí en el nordeste argentino, cercano al Paraguay, verdad? Este país hermano que tenemos al lado».
Mencionó a la Virgen de Caacupé, a la Virgen del Carmen, a la Virgen de Luján y a Nuestra Señora de Guadalupe.
Hacia una Iglesia sinodal y la bendición final
Monseñor Conejero vinculó la labor de los comunicadores con el proceso de renovación de la Iglesia universal: «La Santísima Virgen María nos ayude a vivir una iglesia sinodal, comunión, participación y misión. Ese es el camino. Y luego después cuando el Señor nos llame vivir en el cielo glorificándole por toda la eternidad».
Finalmente, extendió su bendición: «Que El Señor le bendiga a todos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Felicidades».
